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El Observador Luis Fernando Páramo invita al Ministerio de Educación a tener en cuenta los resultadsos de las encuestas mensuales que publica este Observatorio, como un voz calificado de quienes se preocupan por el sistema. Si el MEN se niega reiterativamente a desconocer esta realidad y continúa sacándole el cuerpo a la realidad, Colombia la más educada será un fracaso, dice. |
En la encuesta de Enero de 2016, la “Calidad de la Educación Superior” en la expresión de “Sacar adelante ANC o Agencia Nacional de Calidad”, terminó como la preocupación principal frente a las otras expectativas consideradas, de lo que el MEN debería priorizar en 2016; según los lectores de esta página, que en su inmensa mayoría son académicos universitarios, opinaron de manera concordante con la tendencia expuesta en los resultados de la investigación que la Dra. Mireya Ardila Rodríguez realizó en el 2013, financiada por el mismo Ministerio de educación Nacional; y la que se evidenció que la mayoría de los académicos están de acuerdo con insertar modificaciones significativas al manejo de la definición y manejo de la calidad de la Educación Superior en Colombia y que están de acuerdo que sea a través de la Agencia Nacional de Calidad.
Vale la pena analizar la situación de la calidad de la educación superior, partiendo de la Ley 30 de 1992, de una parte, porque en Título Segundo, Capítulo V, denominado “De los sistemas nacionales de acreditación e información”, se incorpora la Calidad como condición para la Acreditación de Programas e Instituciones, lo cual no existía hasta ese momento. Es decir, las Universidades y demás instituciones de educación superior, si querían ser reconocidas por su calidad, tendrían que demostrarla y se acababa la simple percepción de prestigio, por bien ganado que fuera, y de otra, porque la Ley limitó acertadamente, el poder soberbio del ICFES, que contribuyó a que la misión de fomento a la educación superior, se hubiera desviado en forma selectiva y arbitraria, hacia un control de las Instituciones de Educación Superior, en razón de la politización de muchos de sus funcionarios.
Con el cuento de eliminar las universidades de garaje el ICFES adquirió gran popularidad, sin reconocer que casi todas, las que en ese momento no lo eran, así nacieron, y que años después, la mayoría de las malas universidades e instituciones de educación superior pasaron a ser universidades e instituciones universitarias con garaje, pero sin calidad.
Sé que, con respecto a la ley 30 de 1992, hay opiniones dividas, alinderadas, de una parte, por la falencia de no haber previsto adecuadamente la financiación de las universidades públicas, y por otra, porque el esfuerzo intelectual de organizar la educación superior y especialmente su calidad fue muy importante.
Yo pertenezco al segundo grupo, porque negar las bondades que genera, cualquier mejora en la calidad de la educación superior, es un avance en la dirección correcta, sin embargo, la calidad de la educación superior colombiana no es un problema de Decretos, es un esfuerzo técnico que permita definir la calidad y su medición.
La ley 30 no tiene la culpa que el CNA o CONACES hayan sido ineficientes, la tienen los gobiernos de turno, que prefirieron acomodar consejeros o Comisionados a su acomodo, sin pensar que lo importante en sus hojas de vida, no era su trayectoria académica, sino su trayectoria en sistemas de calidad y en el análisis estadístico y de correlación de variables determinantes de la calidad.
Si el MEN se niega reiterativamente a desconocer esta realidad y continúa sacándole el cuerpo a la realidad, Colombia la más educada será un fracaso.
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