¿Por qué el afán en los procesos de formación?: Christian Andrey Castaño

¿Por qué el afán en los procesos de formación?: Christian Andrey Castaño

Nov/25 Christian Andrey Castaño, docente de de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca de Bogotá, cuestiona la reducción de semestres y los títulos flash, en el escrito titulado “Tempus Fugit: Radiografía de una enfermedad en la educación superior”.

Al abrir las redes sociales, es común ubicar publicidad de supuestos Institutos de Educación Superior que prometen títulos profesionales en 12 y 18 meses sin mayor esfuerzo, solo viviendo sabroso e incluso burlándose del tiempo de preparación actual.

Hace poco atestigüé cómo un Decano, informaba con gran orgullo que habían restado dos semestres del programa profesional, dando dos argumentos, según él factibles: Que era la tendencia en Educación Superior y que cada vez se requiere restar más tiempo de formación; todo esto me hace pensar: ¿Cuál es el afán en la Educación Superior? ¿En verdad lo que pide el contexto es lo que se necesita?

Además de lo anterior, podemos ver que el discurso político pareciera no tener un interés en el sistema educativo, centrando sus principios e intereses simplemente en la cobertura, como si todo fuese un problema únicamente de dinero, pero demostrando década tras década, que no hay cambios sustanciales en el sistema educativo del país.

¿Quién regula la Oferta Educativa del país? ¿Son suficientes los Decretos, como el 1330 y otros, sin una disertación académica sino simplemente material? El Impacto de las mediaciones virtuales han alterado, en buena medida, el desarrollo de procesos formativos llevando a la inserción de nuevas Pedagogías y Didácticas, pero pareciera que, a su vez, corrompió la idea de una formación centrada en el sujeto, la práctica y el conocimiento, para concentrarla exclusivamente en los contenidos, como si descargar guías y subir trabajos a la red, fuera el único ejercicio formativo.

Y mientras el sistema de educación superior se vende al mejor postor y a los ajetreos y vicisitudes técnicas del momento, más se elevarán los escándalos de las Instituciones  de Educación Superior que rifan los títulos, hacen inflar hasta los currículos de un expresidente como estrategia política o incluso, hacen aparecer con varios grados, en un instante, a una aspirante a viceministra, sin haber cumplido los requisitos mínimos como el examen ECAES.

Seamos Sinceros: a ningún gobierno durante décadas parece haberle interesado la educación, creyendo que la principal disertación está en la ampliación de cupos y en llevar a gente a las aulas, sin saber bajo que cualidades y calidades se hace. El panorama se hace más oscuro, cuando se revisa en sistema de educación, y se observa que existen varios organismos que parecieran emular los entes de vigilancia e inspección, sin tener verdaderamente un impacto positivo en el sistema. Peor aún, Instituciones como el CNA (Consejo Nacional de Acreditación) promueven procesos de “Acreditación Voluntaria” con la falsa idea que unas instituciones son de calidad y otras no. ¿No debería ser todas las Instituciones de Calidad? Si una institución no cuenta con el rotulo de calidad y condiciones mínimas ¿No debería prohibírsele abrir y trabajar? ¿Será la “Palabra” calidad un ítem más para aumentar los costos de funcionamiento?

Es pues como los romanos dirían “Tempus Fugit” o “El Tiempo Vuela”, pero en este caso, no como una actividad que nos desancla de un desarrollo temporal, sino como un afán incesante de acelerar todo proceso formativo y disminuir los tiempos de educación.  ¿Se podrá aniquilar la práctica de los procesos de formación? ¿Pasaran las materias que exigen practica y tiempo, como el aprendizaje de un idioma a ser sustituidos por el desarrollo de una guía en Red? ¿Verdaderamente un profesional adquiere competencias en 12 ó 18 meses para ser insertos en el campo laboral? ¿Por qué el afán en los procesos de formación? Entre Títulos Flash y disminución en los procesos de formación, encontramos un sistema decadente, que expide títulos y no conocimientos y que, entre el afán mediático y tecnológico, encuentra un sistema afanado por cumplir metas, números y tiempos y no sujetos integrales. He ahí la radiografía de un sistema educacional enfermo y decadente.

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