Proliferación de rankings satura, poco aporta y sólo favorece a quienes los hacen

Proliferación de rankings satura, poco aporta y sólo favorece a quienes los hacen

Feb 23/24 En el mundo hay más de 100 rankings universitarios y cada día hay más titulares de prensa sobre esto aunque, en la práctica, su impacto es cada vez menor.

Se ha vuelto muy común encontrar varias veces al año en las páginas web de las universidades y en avisos de prensa pagados, o disfrazados como información, noticias sobre el “maravilloso” puesto logrado por algunas IES colombianas en los rankings.

Cualquiera puede confirmarlo. Basta con hacer un recuento de todos los titulares que hablan de “la Universidad X, entre las mejores de…” o visitar las redes sociales y páginas web de las IES para ver cómo ellas se enorgullecen de eso.

Tan común, que son tantos los rankings, las categorías y veces que se publican (incluso algunos lo hacen varias veces al año y hasta anticipan el año siguiente), que esa información poco o nada motiva a una opinión pública que muy difícilmente se mueve para matricularse en un pregrado o posgrado motivada por los rankings.

Y tan paisaje (está ahí, pero poco o nada se le pone atención) se ha vuelto la información sobre los rankings, que ni siquiera los periodistas que reproducen la información analizan las metodologías usadas para evaluar las universidades, ni siquiera confrontar cómo ha sido la evolución de las mismas en los rankings (que poco o nada se mueve en el tiempo) o siquiera por qué no aparecen determinadas universidades.

Y eso que ningún medio masivo hace un análisis a fondo sobre el real aporte social y de calidad que pueden dar estas clasificaciones, que generalmente reproducen una visión interesada y parcializada de lo que, para algunos, debe ser una universidad.

Si, por ejemplo, las universidades Nacional, Antioquia, Valle, UIS, Andes, Javeriana, Rosario o Sabana, entre otras, dejaran de aparecer en dichos rankings, muy seguramente su demanda estudiantil y prestigio alcanzado no se afectaran por este motivo.

En la práctica, la presencia en los rankings (nacionales e internacionales) constituye un asunto más de vanidad y orgullo institucional, y de sus rectores, que de una real utilidad para la universidad. Eso sí, en muchos casos le significa a la institución unas erogaciones económicas no contempladas (contratar “asesores” para que les ayuden aser más visibles en los rankings, pagar a las consultoras que hacen los rankings por “membresías” especiales y pagar la pauta en prensa, entre otros).

En términos de conveniencia institucional, aparecer en los rankings sólo sirve a unas pocas grandes universidades con proyección internacional, alianzas gubernamentales y acuerdos entre países, que son valoradas a la luz de unos pocos rankings, que tienen más reconocimiento mundial, para efectos de recibir recursos, estudiantes extranjeros o hacer acuerdos con el Estado. Por lo demás, pare de contar.

De los muchos rankings, básicamente hay cuatro que son los que más “ruido” hacen en Colombia:

1) El de Shangai, o ARWU -Academic ranking of Universities– que es uno de los pioneros y en el que las universidades Nacional y Los Andes (en cualquier orden) aparecen en el mismo rango mundial (entre los números 901 a 1000), porque se considera el más exigente para las IES al valorar, entre otros, que la universidad haya formado y cuente con premios Nobel en su nómina.

2) El Times Higher Education, o THE, que pondera cerca del 60 % de sus variables en investigación. Este ranking, para capturar IES clientes, creó una versión para América Latina, y aún así las IES colombianas quedan ubicadas después del puesto 800.

3) El QS Top Universities, que también creó una versión para América Latina, y en donde sí se ve un número mayor de IES colombianas porque las pondera a partir de opiniones de sus propios públicos y reduce el peso de la investigación al 20%.

4) En Colombia hay algunos rankings que intentan posicionarse, mas no han prosperado, por mal hechos (como el frustrado Modelo de Indicadores de Desempeño de la Educación MIDE, de Mineducación, en 2016) o porque no tienen una muestra significativa de IES -no todas les caminan o les pagan-.

El que más ha sonado es el de Sapiens Research, que termina siendo una “fábrica” de rankings que se producen varias veces al año, y que reúne informaciones -rankings de colegios, de grupos de investigación, de universidades, de programas, de revistas y de organizaciones.

En el tema de investigación en universidades, Sapiens publica seis rankings al año (que la opinión pública, los periodistas e, incluso, los propios directivos universtarios poco saben diferencias y comprender):

1. ART-Sapiens: Según posicionamiento de artículos científicos

2. ASC-Sapiens: Según Indicadores de Apropiación Social del Conocimiento 

3. DTI-Sapiens: Según Indicadores de Desarrollo Tecnológico e Innovación 

4. GNC-Sapiens: Según Indicadores de Generación de Nuevo Conocimiento

5. FRH-Sapiens: Según Indicadores de Formación de Recurso Humano en CTI 

6. U-Sapiens: Según Indicadores de Investigación

Ningún rector, asociación, Conaces, CNA o el propio Ministerio se han pronunciado al respecto. Lo cierto es que, la mayoría coinciden en que los rankings no reflejan realidades propias de las IES, son un negocio, son interesados y poco ayudan, pero no hay un acuerdo sectorial para enfrentarlos.

Algunos dicen que los rankings tienen larga vida. Otros consideran que la abundancia y descontrol por su funcionamiento, así como las restricciones financieras en las IES, pueden ser una seria amenaza para su subsistencia.

Mientras tanto, debe ser un ejercicio responsable de las propias IES la claridad informativa sobre lo que estos miden y a quiénes sí y a quienes no.

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