Resultados y entornos de las “otras” IES públicas ameritan una mejor asignación de transferencias

Resultados y entornos de las “otras” IES públicas ameritan una mejor asignación de transferencias

Agosto 21/25 Paradójicamente, en las universidades que menos recursos reciben se respira un mejor ambiente de paz y orden. La mayoría de IES públicas del país, a diferencia del imaginario de la opinión pública, son escenarios de convivencia, armonía, limpieza y estética.

El sistema de educación superior colombiano registra 87 IES públicas, pero los medios de comunicación ponen especial atención a lo que sucede en las “más grandes” por tradición, calidad, nombre y, sobre todo presupuesto.

Universidades como la Nacional de Colombia y la de Antioquia son las que más recursos reciben y lamentablemente cobran visibilidad por las protestas, los encapuchados, la violencia y el terrorismo, la falta de estética, el deterioro de muchas de las instalaciones, paredes llenas de grafiti, microtráfico, y hasta fiestas con alcohol y drogas.

No son las únicas. Las condiciones físicas de universidades como la Pedagógica Nacional y la Tecnológica del Chocó también dejan mucho que desear. Y hay otras, como las universidades Distrital Francisco José de Caldas, la del Tolima, la del Atlántico, la UIS y la del Valle, que esporádicamente se ven empañadas por violentas protestas de terceros, estudiantes y encapuchados, con lo que se empaña el imaginario de lo que es la universidad pública.

Si bien algunos defienden que eso sea la universidad pública: Protesta, caos, desorden y crítica, la realidad muestra que se ha venido dando un cambio positivo en las condiciones de infraestructura y ambiente en muchas IES públicas, hoy caracterizadas por una pacífica convivencia, instalaciones estéticamente muy agradables, mínima o nula protesta y buen ambiente institucional, no confrontacional.

Paradójicamente, estas últimas son las que reciben muchos menos recursos del Estado que las primeras.

(Fotos de la derecha) Universidades como la UNAD (con más de 70 centros físicos en todo el país para interactuar con sus más de 300 mil estudiantes), las Unidades Tecnológicas de Santander (hoy con más estudiantes que la propia UIS), la Escuela Nacional del Deporte, la Institución Universitaria de Barranquilla, el Tecnológico de Antioquia, el Instituto Tecnológico Metropolitano, La Guajira, la de Pamplona, la del Magdalena y la Militar, por mencionar algunas, son espacios estéticamente bien diseñados, cuidados por su comunidad, sin confrontaciones violentas y en donde se respira que lo público no es disculpa para acabar con las instalaciones sino, por el contrario, para custodiarlas como patrimonio del país.

“Transformar algunas realidades de la universidad pública”

Así llama Jaime Leal, rector de la UNAD, su columna del diario El Tiempo en el que llama la atención a cómo “las universidades que más recursos reciben, y los estudiantes con mejores condiciones, registran mayores niveles de interrupción académica”.

“Gracias al incremento de recursos (del Estado hacia la educación pública) se ha mejorado la planta física, y si se lograra disminuir los recursos para mantenimiento, recontratación y recuperación de espacios perdidos por las situaciones descritas, el limitado dinero podrían alcanzar un mayor impacto”, advierte el rector.
Por lo mismo, clama Leal, es hora de revisar el modelo de financiamiento del Estado hacia las IES públicas, pues reitera que la Ley 30 de 1992 (artículos 86 y 87) no considera los resultados académicos, número de estudiantes, programas o egresados, entre otros, sino que se seguiría la lógica de asignación que se daba entonces. Así, dice, “las universidades que más recursos recibían, antes y ahora, y los estudiantes que mejores condiciones de operación encuentran son los que registran mayores niveles de interrupción académica. ¡Paradójico!”
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Además de ser rector de la UNAD, Leal preside Acesad (Asociación Colombiana de Educación Superior a Distancia), desde la que también ha convocado a que el sector cuente con un “modelo meritocrático de indicadores cuantitativos y cualitativos que soporten una política transparente de distribución del presupuesto, según méritos y desempeño en impacto formativo, movilidad social, investigación aplicada e innovación”.
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Clic para acceder a la columna de Leal en El Tiempo

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