Retos en educación superior para el nuevo gobierno: Gloria Bernal

Retos en educación superior para el nuevo gobierno: Gloria Bernal

Agosto/26 Bernal, Directora del Laboratorio de Economía de la Educación, muestra cómo Colombia llega al nuevo gobierno con avances en cobertura y financiación, pero con rezagos críticos en trayectorias educativas, calidad e investigación, y que estos tres frentes deben convertirse en prioridades estructurales si el país quiere un sistema de educación superior pertinente, articulado y sostenible. Tomado de la U. Javeriana.

Colombia no parte de cero en educación superior. Con aumentos significativos en el presupuesto público del sector en los últimos años, llega al próximo gobierno con un sistema más amplio en matrícula, con una cobertura del 56,6 % -jalonada especialmente por el aumento en la oferta virtual- y una mayor participación de las instituciones oficiales. En cambio, en cuanto al impulso a las rutas de trayectorias educativas, la calidad y la investigación, hemos estado estancados o ha habido retrocesos. Por tanto, estos justamente son parte de los retos que se dibujan para el siguiente gobierno. 

Las trayectorias

Uno de los retos más importantes del sistema educativo es llevar a los estudiantes por rutas exitosas, acordes con su vocación, y que desemboquen en medios de vida para el futuro. No obstante, el sistema está lleno de caminos atropellados o limitados, empezando por el colegio. De cada 100 estudiantes que comienzan primaria, 44 culminan a tiempo el grado once, siendo el paso de noveno a décimo el más crítico en materia de permanencia. La repitencia y la deserción que se producen en la niñez y la juventud están drenando el talento. Además, el tránsito inmediato hacia la educación superior es del 48% (32% en zonas rurales), y solo cerca de la mitad de quienes ingresan a esta etapa logra graduarse. Más que una trayectoria educativa, la mayoría de los estudiantes parecen recorrer una carrera de obstáculos.

A este panorama se le suma la ausencia de caminos y conexiones claras entre los actuales subsistemas (como la educación para el trabajo y el desarrollo humano), y de estos con el sector empresarial. El avance para interconectar el sistema ya tiene cimientos en la construcción del Marco Nacional de Cualificaciones, que ayuda a construir múltiples trayectorias y una educación más pertinente. Ponerlo en marcha, sin abandonar la misionalidad central de formar ciudadanos, será indispensable para contribuir a la construcción de un mejor sistema de educación superior.

La calidad 

Debemos garantizar que la calidad reine en los procesos educativos. Es la que impulsa el esfuerzo y potencia el logro. De hecho, países como Finlandia y el Reino Unido ya han comenzado —no sin dificultades— a ir en esta dirección. Estos países vinculan parte de la financiación a los resultados, aunque lo hacen de maneras distintas. Finlandia asigna una proporción de los recursos de docencia según cuántos estudiantes se gradúan, el tiempo que tardan en hacerlo y, en alguna medida, la inserción laboral de los egresados; el Reino Unido distribuye parte de los recursos de investigación según la calidad de los aportes y el impacto social de las instituciones. Aunque no se pueden copiar y pegar estas medidas esperando que funcionen en Colombia, lo cierto es que nuestra mirada debe superar el simple conteo de cupos. No basta con tener más estudiantes sentados en las aulas: hay que mirar también cuántos pudieron acceder a un empleo o emprender, cuidando de no castigar a las instituciones que atienden poblaciones y territorios con mayores dificultades. Pasar del conteo de cupos al reconocimiento del impacto generado le daría un mayor peso no solo a la calidad sino también a la pertinencia.

La investigación

La investigación, la innovación y el desarrollo necesitan un nuevo aire. Al país le sobran problemas por resolver y no le faltan capacidades para hacerlo: el Estado cuenta con recursos, el sector productivo demanda innovación y está abierto a construir alianzas, y las instituciones de educación superior tienen el talento, la autonomía y el conocimiento necesarios. A esto se suman estudiantes ávidos de experiencias que conecten su formación con desafíos reales. La tarea es poner todas esas capacidades a trabajar juntas. Para ello, Minciencias debe ponerse a la altura de los retos del país y asumir un papel más activo en la convocatoria, articulación y orientación de proyectos, mientras las instituciones los desarrollan desde su vocación y conocimiento.

No se puede desconocer que alcanzar estos objetivos es más fácil con mayores recursos. Pero tampoco es cierto que ninguna transformación pueda comenzar sin ellos. Hay que evitar que los retos de la educación superior queden reducidos al debate financiero. Por ejemplo, la reforma aprobada a la Ley 30 —la norma que desde 1992 organiza la educación superior del país— modificó solo dos de sus 144 artículos. Fue concebida para un sistema muy distinto del actual: cuando internet apenas comenzaba a desarrollarse y no era posible anticipar transformaciones como las que hoy trae la inteligencia artificial. Sin embargo, la reforma aprobada en 2026 se concentró en los artículos 86 y 87, que, para sorpresa de nadie, se refieren a la financiación. Los demás asuntos quedaron por fuera: entre ellos, la calidad, la investigación y las rutas que puede recorrer un estudiante dentro del sistema. La financiación importa, pero no puede seguir monopolizando la discusión sobre el sistema de educación superior que el país realmente necesita.

Colombia no parte de cero: parte de un sistema que creció en tamaño y le quedó pendiente crecer en resultados.

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