Se buscan rectores de U. públicas que asuman directamente el problema de violencia

Se buscan rectores de U. públicas que asuman directamente el problema de violencia

Feb 27/20 Alcaldes de Bogotá y Medellín se juegan su imagen al enfrentar la violencia en protestas universitarias, mientras rectores siguen con discursos insulsos que poco aportan al debate.

Tanto Claudia López, alcaldesa de Bogotá, como Daniel Quintero, alcalde de Medellín, fueron elegidos con propuestas cercanas a posiciones políticas de centro izquierda y a favor de las expresiones sociales de protesta como un termómetro del estado de inconformidad de la población. Una vez posesionados han debido actuar, con apoyo de la fuera pública, y el Esmad, para combatir la violencia presentada en las manifestaciones de universitarios, y nacidas por vándalos encapuchados (no se sabe si son o no estudiantes), que salen de los campus de IES como la U. de Antioquia, la Nacional (Bogotá y Medellín), la Distrital, la Pedagógica, el ITM y el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, especialmente.

Quintero ha sido más radical en decir que las veces que sea necesario ingresará a los campus. Ya lo hizo la semana pasada en la UdeA, y pese a las críticas, el rechazo de estudiantes, profesores y el propio rector, John Jairo Arboleda, insiste que lo seguirá haciendo. También acogió la tesis del gobernador de Antioquia para que se retiren las mallas de la U. de Antioquia y la Nacional, en Medellín, y hasta sugirió que esto debería hacerse con las privadas.

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Por su parte, Claudia López, ha insistido que el Esmad no entrará a las universidades, salvo que se lo pidan los rectores, pero ha sido muy crítica con la violencia derivada de éstas y ha autorizado, en desarrollo de un nuevo protocolo para el sector  que los uniformados actúen si no se logra previamente una pacificación de la protesta.

En su última intervención, como presidenta del Consejo Superior de la Universidad Distrital, cuestionó duramente (como tal vez pocas veces lo ha hecho un alcalde), al representante estudiantil Julián Báez, por defender una referencia del Comité de Derechos Humanos, que criticó el actuar del Esmad en la protesta del viernes 21 de febrero en esa Universidad y cuestionó al Estado. López, en una intervención documentada con videos de la protesta cuestionó el silencio de los estudiantes frente a los encapuchados y sus actos de terrorismo.

Ver el video del enfrentamiento entre la alcaldesa y el estudiante.

Los alcaldes tendrán o no razón, pero por lo menos están tratando de buscar salidas a un problema que está desesperando al país, por la barbarie, por la no movilidad de las principales ciudades del país y su impacto en la productividad y, sobre todo, porque ya nadie entiende por qué protestan, pues no se identifican claras causas ni ideológicas de fondo.

Mientras tanto, las asociaciones de profesores, los movimientos estudiantiles y los rectores guardan silencio cómplice frente a estas situaciones, y se amparan en una maltratada y malinterpretada autonomía universitaria. Si la sociedad no puede moverse libremente y tiene miedo de la universidad, ¿tiene sentido la autonomía universitaria tal y como se está interpretando?.

Más allá de comunicados sin fondo de parte de los consejos académicos y superiores en donde siempre lamentan la violencia y llaman al diálogo (parecen tener una plantilla en la que solo cambian la fecha de las protestas), de parte de la dirección universitaria no se ve la autoridad y valor civil para enfrentar la situación.

Sencillamente, los rectores están paralizados de miedo frente a las presiones internas de sus comunidades, en donde unos pocos intimidan a la mayoría. No se atreven a condenar y buscar acciones de autoridad y radicales a ver si, finalmente, en un mundo globalizado, con tecnología, internet y moderno, desaparecen protestas que, por sus formas, son de antaño. La mayoría cuida su “puesto” como profesor de tiempo completo al que regresarán cuando terminen su periodo y no quieren ganarse enemigos.

Algunos rectores lo han intentado, pero se han quedado solos porque sus equipos de trabajo no le caminan. Es un tema de cultura universitaria.

Y mientras tanto, los vándalos ganan terreno, y cada día son más comunes las protestas, los universitarios pierden más días de clase y el sistema se va paralizando.

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