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El columnista de El Espectador y nuevo rector de la Universidad del Rosario, José Manuel Restrepo Abondano, afirma que es necesario construir a partir de la política pública un sistema de calidad respetuoso de la diversidad institucional y de los roles particulares y prioritarios que juega cada institución en docencia, investigación o extensión. |
De un lado, el ya muy reconocido “Ranquin académico de universidades”, que publica la Universidad Jiao Tong de Shanghái, y más recientemente el sistema de referenciación de la publicación británica Times Higher Education. Aparte de lo anterior, aparece una larga lista de otras alternativas de referenciación en lo que para muchos es una muestra de “inflación de ránquines”, sin que los analistas estudien en detalle los énfasis y variables claves de unos y otros. Para otros, tanto sistema de referenciación, si bien indica, muchas veces desorienta u homogeniza, rompiendo con un principio central del mundo de la educación superior: que debe existir calidad pero haciendo énfasis en la diversidad del propio sistema y los roles distintos que juegan las instituciones de educación superior.
En cualquier caso, es común encontrar instituciones como Harvard, Oxford, Stanford, Cambridge y Princeton, y de naciones distintas a las anglosajonas aparecen el Instituto Suizo Federal de Tecnología (ETH), la Universidad Nacional de Singapur, la Universidad de Tokio, la Universidad de Toronto y la Universidad de Hong Kong.
En todas ellas aparecen elementos comunes a los que sabiamente describe Jamil Salmi como características de las universidades de talla mundial. De un lado, un talento reconocido en estudiantes, administrativos y profesores, así como sobresalientes recursos físicos, tecnológicos y financieros y un adecuado sistema de gobierno institucional.
Quisiera especialmente destacar asuntos en los que las universidades colombianas debiesen profundizar y que son comunes a estos análisis. Me refiero especialmente al compromiso que tienen las universidades de fortalecer programas ofrecidos en inglés, acompañados por la vinculación de los mejores talentos posibles no sólo del país de origen de las universidades, sino del mundo entero (al punto que, en promedio, en las universidades ubicadas en los primeros lugares dichos profesores pueden representar más del 50% del talento humano disponible), y los esfuerzos conscientes por atraer también estudiantes de alto nivel de otras naciones, lo que además propicia esfuerzos de intercambio cultural.
A estos criterios bien vale la pena agregar los que han recomendado académicos del MIT y Stanford en las denominadas flagship universities, que incluyen valoraciones sobre el real impacto en entornos locales, nacionales o regionales; un mayor compromiso y responsabilidad institucional con el aprendizaje; avances sustantivos en la forma de enseñanza y el uso activo de nuevas tecnologías de información y comunicación en el proceso de enseñanza-aprendizaje; la incorporación de nuevas estrategias didácticas y pedagógicas en la educación impartida; el compromiso con la reducción de tasas de deserción y con mayor retención estudiantil, y, finalmente, la construcción de mejores experiencias estudiantiles que fortalezcan su compromiso y participación.
La verdad es que en este asunto no puede predicarse sobre un solo modelo de calidad en el que todas las instituciones traten de parecerse unas a otras, sino que es indispensable identificar el rol particular que juega cada institución en su contexto, su proyecto académico y en especial los compromisos que se adquieren en relación con la construcción de conocimiento, el aprendizaje, la formación integral y la responsabilidad social. Es necesario construir a partir de la política pública un sistema de calidad respetuoso de la diversidad institucional y de los roles particulares y prioritarios que juega cada institución en docencia, investigación o extensión.
Estos análisis son una oportunidad para destacar las becas del Gobierno Nacional a estudiantes universitarios, las cuales les permiten a muchos jóvenes acceder al sistema y les ofrecen además la opción de escoger distintas alternativas de formación a las que tradicionalmente tenían, y hacerlo con la tranquilidad de que al finalizar su carrera no habrá un sentimiento de frustración, como tristemente sucedía en casos anteriores en los que los recursos se destinaban a cualquier institución, sin considerar la calidad de la misma.
El acceso a la diversidad de la educación superior de calidad (sea oficial o privada) al mejor talento del país será siempre destacable como una estrategia de mejoramiento de ingresos futuros y de acceso a nuevas oportunidades para dicho talento, pero además propicia mayor calidad en las propias instituciones al atraer talento de excelencia.
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