Superintendencia no es igual a CONACES, así como Agencia Nacional de Calidad no es igual a CNA

Luis Fernando Páramo retoma su análisis en torno del concepto de calidad, de la manera como a su juicio ha sido mal interpretado por CONACES y CNA y la relación prudente que debe darse entre estos y las propuestas Superintendencia y Agencia Nacional de la Calidad.

Breve Introducción

De los últimos años, la restructuración más importante del Ministerio de Educación, no se debe a las últimas Ministras, sino a un ilustre ingeniero que llegó en el momento oportuno, con la capacidad operativa y técnica necesaria para mejorar. Se trata del ingeniero Javier Botero Álvarez. Tan pronto se posesionó se sintieron los vientos de cambio y en muy corto tiempo, el Viceministerio de Educación Superior fue una realidad y él su primer Viceministro. Sin conocerlo visité su oficina, antes de ser viceministro y quedé gratamente impresionado de su talante, señorío y equilibrio para juzgar y analizar problemas.

Nuestras conversaciones siempre giraron alrededor del problema de la Calidad de la Educación Superior y de la arbitrariedad de los sistemas de medición y acreditación de la misma. Desde luego siempre mantuvo una posición favorable a las ejecutorias del Ministerio, pero también reconoció falencias y las grandes dificultades de cambio inmediato, pues el gobierno tiene que cumplir la constitución y las leyes, y todas las propuestas de ese entonces, tenían relación directa con la ley 30 de 1992, que también hizo un cambio importante en su época, pero que con el acelerado avance de la ciencia y la tecnología, y sobre todo con los cambios en las expectativas financieras y de inversión para el desarrollo nacional, se quedó corta.

Recién posesionado como Viceministro de Educación Superior, la Sociedad Colombiana de Ingenieros, le brindó un homenaje sobrio y de carácter académico, en el que tuve la oportunidad de participar e intervenir, con un ejercicio simple que causó mucho impacto pues se demostraba que las razones para conceder acreditación a programas de Ingeniería en Colombia, eran realmente torpes e inadecuadas.

Esta breve introducción, a mi opinión, tiene como fin orientar al lector y a los estudiosos de la problemática.

Apreciaciones iniciales sobre calidad de la educación superior

CONACES creada por Javier Botero Álvarez, está constituido por un equipo de académicos que obran como Comisionados o como Pares Académicos, designados por el Ministerio de Educación Nacional para apoyar las funciones de la Dirección de Calidad del Viceministerio de Educación Superior o las de la Subdirección de Inspección y Vigilancia.

Esto significa que el trabajo de Aseguramiento de la Calidad y el de Inspección y Vigilancia realmente se delega en académicos que presentan informes al Ministerio para la toma de decisiones.

El aspecto conceptual más importante de CONACES fue el de abrir distintas salas especializadas por ramas del saber, sin embargo, el generar un decreto de Registro Calificado con condiciones mínimas de calidad, general para todos los programas, sí fue realmente una equivocación mayúscula. De otro lado no distinguir condiciones de calidad académica, con vigilancia al cumplimiento de la legislación vigente hizo que expertos académicos se convirtieran en pésimos abogados y permitió que en los procesos del Ministerio, la Calidad pasara a un segundo plano y la Inspección y Vigilancia tomara el primero. Esto tiene origen en otro mal entendido, de la autonomía universitaria (creer que solo los académicos de la educación superior son los únicos que deben orientarla y que cualquier otro profesional experto en sistemas de calidad, en finanzas corporativas o en legislación de la educación superior son solo agentes del intervencionismo estatal), pues no todos los académicos son expertos en Calidad, ni todos los académicos son expertos en inspección y vigilancia, ni en gestión propia de las instituciones de educación superior.

Como será de evidente esta situación que para ser tenido en cuenta, un par académico debe ser capacitado por el Ministerio, sobre la normatividad y sobre la casuística, que alguien en el Ministerio, de la noche a la mañana se inventó, sin mayor rigor metodológico; quienes asistimos a dichos eventos de capacitación hicimos muchas observaciones, que nadie se atrevió a rebatir, pero tampoco fueron tenidas en cuenta.

El Registro Calificado resultó efectivo para mirar los aspectos financieros, de infraestructura, de recursos educativos, pero para predecir calidad terminó siendo pobre y poco significativo, pues no se lograron establecer estándares particularizados y daba lo mismo que se analizara un programa académico de Culinaria o un programa académico de Física Nuclear. ¿Que sabe un buen músico de finanzas? ¿Que sabe un científico de la física Nuclear de medición de la Calidad académica?

La Superintendencia de la Educación Superior se propuso para corregir los defectos de CONACES y para introducir en el control, la efectividad de técnicos y profesionales experimentados en los temas que le competen. No más Supra-Rectores de Universidades o Instituciones de Educación Superior que sean capaces de comprar subalternos, de desviar recursos para su provecho personal o familiar, en vez de velar por el desarrollo continuo y sostenible de las universidades o instituciones de educación superior. Muchos de los desastres que hoy se quieren corregir se hubieran evitado si el control administrativo y el control de la calidad se hubieran separado.

Por otro lado, el CNA creado por la Ley 30, es un organismo compuesto por personajes y académicos, que obran como Consejeros o como Pares, para efectos de acreditación de la alta calidad de programas o instituciones.

En la práctica, ha resultado que el trabajo del CNA, ha sido orientado por personajes de la vida universitaria, designados como Consejeros, curiosamente ninguno de ellos, experto o titulado en aspectos de Calidad, con excepción del Ingeniero Industrial Darío Abad q.e.p.d. Esto significa que el trabajo de certificación y acreditación de la calidad ha estado y está en manos de personajes pero no de expertos.

Los pares académicos son seleccionados mediante convocatorias abiertas y permanentes, sin embargo la trasparencia de las elecciones para mí deja mucho que desear, he sido víctima de la más absurda discriminación, pues todos saben que desde la creación del CNA, no estuve de acuerdo con los postulados que se hicieron públicos en las presentaciones ante la comunidad universitaria.

Aquí también hay otro mal entendido de la autonomía universitaria (creer que solo los académicos o los personajes, son capaces de generar un sistema para definir la calidad de la educación y su forma de medición, y que todo profesional experto en sistemas matemáticos de medición de la calidad, solo son agentes de intervencionismo del estado que quieren equiparar a las empresas comerciales con instituciones de educación superior, para regular el mercado) que riñe con la necesidad que tiene el mundo moderno del trabajo basado en la interdisciplinariedad.

Hay quienes defienden la actuación del CNA y quienes no, me encuentro entre los últimos. Son varias las oportunidades que he tenido de preguntar a diferentes Consejeros el origen del diseño de los factores de calidad y ninguno me ha dado una respuesta satisfactoria, a excepción de Darío Abad, que dijo que a su llegada ya estaban diseñados y que no sabía ni de su origen, ni de la metodología empleada para determinarlos. Me han dicho que consideran visionarios a los primeros consejeros, pero lo curioso es que, también hablé con los algunos de los primeros y tampoco sabían ni el origen ni la metodología utilizada para determinarlos. Entonces porqué los siguieron y los siguen tan vehementemente?

La diferencia entre factores y estándares es muy grande en materia de calidad. Los factores determinantes son producto de mediciones estadísticas relacionadas con el comportamiento de variables y su coeficiente de correlación, en cambio los estándares, son definiciones sobre escalas construidas para la medición de los comportamientos de los factores, es decir es el paso siguiente a la definición de factores determinantes de la calidad, pero con opiniones no se llega a ninguna parte.

La Agencia Nacional de Calidad no debe ser lo mismo que el CNA, y se propuso para que expertos en calidad y en calidad de la educación superior acaben con los errores del CNA. Ya la Ministra logró que le aprobaran la Superintendencia pero de la Agencia Nacional de Calidad ANC ni pío. Sigue insistiendo que con la Superintendencia y las reformas parciales a la ley 30 se mejorará la calidad de la educación superior, pero yo no lo creo, lástima que se niegue reiterativamente a hablar conmigo que fui el creador intelectual de la ANC.

Las dos propuestas más importantes del Acuerdo 2034 son la Superintendencia de la Educación Superior (no simplemente de la educación) y la Agencia Nacional de Calidad de la educación superior ANC.

El Ministerio de Educación Nacional y especialmente el Viceministerio de Educación Superior, le saca el cuerpo a solucionar el problema de la calidad, pero le interesa regular la inspección y vigilancia, en el entendido que mata dos pájaros de un solo tiro, pero yo soy contrario a esa idea.

Cuando tantas instituciones educativas han burlado la ley, cuando tantas veces el Estado no ha incumplido su función regulador de un servicio público tan esencial, hay que frenar semejante inaudito.

La reforma a la ley 30 (que no tiene la culpa de todas las dificultades que se le atribuyen) ha tenido muy malos momentos, sin embargo poco a poco se irá reformando como se puede apreciar. Yo creo que reformas a la manera de colcha de retazos, no son las más convenientes pero si así quiere obrar el gobierno, yo no puedo hacer otra cosa que confiar en quienes deposité mis votos. Estoy convencido de las bondades de la Superintendencia y de la Agencia nacional de Calidad.

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