Entre 1976 y 1983, la U. Nacional perdió el 50% de los semestres. Los rectores duraron 12 meses en promedio. Los opositores del Nuevo Estatuto Estudiantil culpan al rector de 2003, Marco Palacios, quien intentó proyectar la flexibilidad.
Algunas de las principales ideas presentadas por el Rector de la Universidad Nacional de Colombia, en 2003, Marco Palacios, en el documento “Hacia la innovación institucional en la Universidad Nacional”:
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Cuando hablamos de Universidad Nacional, debemos pensar en cómo la ciencia, la tecnología, las artes y las humanidades, que son universales, producto y pertinencia del género humano, pueden contribuir a solucionar necesidades de la sociedad colombiana.
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Hace medio siglo, cerca de la mitad de los estudiantes universitarios del país estaban matriculados en la Universidad Nacional. Hoy (2003) no alcanza al 4%
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En 1968 Colombia y Chile tenían el porcentaje más alto de profesores universitarios de tiempo completo en América Latina: 36.7% y 37.5% respectivamente.
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El complejo residencias – cafeterías reforzó las ideas de extraterritorialidad de los campos universitarios. La muralla mental, y a veces física, levantada entra la universidad y las calles y zonas adyacentes, magnificó ideológicamente la dinámica anti-estatal, verbigracia propaganda armada de la guerrilla. De allí los ambientes conspiradores, de rumor, sospecha, recelo, aptos para el funcionamiento de las redes informales de poder (profesoral, sindical, estudiantil) y el descrédito en que entraron las jerarquías formales.
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En 1967 el Estado enfrentó los movimientos estudiantiles universitarios con medidas que estimularon la confrontación en lugar de asegurar mecanismos de concertación y solución de conflictos. La supresión por decreto presidencial de todos los mecanismos de representación estudiantil fue muy impopular entre el estudiantado, enardeció a los militantes universitarios, radicalizó sus posiciones y cristalizó en un modelo de pugnacidad abierta, del que todos los actores saldrían perdiendo: el Estado, el movimiento estudiantil organizado y la institucionalidad de la universidad pública.
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La agitación estudiantil rutinaria, sumada al arcaísmo académico-administrativo, contribuyó en las universidades oficiales a deteriorar su imagen pública, particularmente entre las clases medias populares que empezaban a demandar educación superior y que, por tanto, no las conocían, ni apreciaban. Estado y universidad pública aparecieron como dos bandos en una guerra de desgaste.
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De 1976 a 1983 se perdieron en la UN 8 de 16 semestres académicos, y el promedio de duración de los rectores fue de unos 12 meses.
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Desde la reapertura de la UN en abril de 1985 a la fecha, (segundo semestre de 2003) en la Sede de Bogotá se han cursado todos los semestres programados.
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El conocimiento se diversifica aceleradamente. Surgen nuevas especializaciones y sub especialidades. El conocimiento es más interdisciplinario y una buena parte de él se genera en la práctica de las empresas. Permítanme ofrecer dos ejemplos. En un estudio bibliométrico de hace unos cinco años (1998) se identificaron 37.000 áreas especializadas de actividad científica, de las cuales América Latina en su conjunto solamente estaba representada en un 17%. Lo cual no es raro si se piensa que América Latina tiene el 1% de los científicos del mundo. En mi campo de historiador profesional, la producción historiográfica publicada en 20 años, de 1960 a 1980, fue igual a toda la producción anterior publicada desde el siglo IV a.c. a 1960.
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Si consideramos que salen del bachillerato trescientos mil estudiantes y que unos cuatrocientos mil presentan los exámenes del ICFES, debido a las repitencias, la cifra es impresionante: entre un tercio y un cuarto, según como se mire, de los aspirantes a ingresar a la educación superior quieren estudiar en la UN.
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Pese a esa demanda, la Universidad recibe un 10%, o sea unos diez mil estudiantes. Al cabo de los años, gradúa alrededor de un 38% de éstos, de acuerdo con estimativos de la Oficina de Planeación. Esto quiere decir que de cien mil jóvenes colombianos que aspiran a ingresar a la Universidad, solamente 3.800 reciben el título que estaban buscando. Por otra parte, alrededor del 80% de los estudiantes de la Universidad termina a destiempo. El promedio para toda la universidad es del 50% del tiempo adicional. O sea, que para carreras de cuatro años está en seis, para carreras de cinco años en siete y medio.
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¿Por qué la alta mortalidad académica en la Universidad? Por alta repetición originada en la rigidez de los planes de estudio, el número excesivo de asignaturas, requisitos injustificados en términos de qué asignatura se puede tomar y lo que podemos llamar los cuellos de botella en la realización de los trabajos de grado.
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La Universidad. Acaso estemos en mora de reajustar algunas estructuras en función del nuevo estudiante de tiempo parcial y de las demandas crecientes de educación continuada.
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La cobertura real se mide en últimas por el número de estudiantes graduados y por el tiempo que empleen en graduarse. La cobertura real es lo que legitimaría poderosamente el papel de la UN ante la sociedad colombiana.
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La propuesta más controvertida, aparentemente la más difícil de establecer y la que ofrecerá, sin duda alguna, mayores resistencias es la propuesta de reducir el tiempo que actualmente emplean los estudiantes para obtener su primer título universitario. Y aquí debemos ser claros: estamos rezagados, porque el debate ya se dio en la mayoría de países y universidades del mundo.
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El planteamiento parte de la premisa del conocimiento continuo a lo largo de la vida que implica una revaloración del significado social y peso cognitivo del primer grado universitario. Hoy no se puede ofrecer el ingeniero definitivo, el médico definitivo, o el abogado definitivo, como se pretendía hace medio siglo. Todo grado universitario se otorga reconociendo implícitamente un matiz importante de insuficiencia. Todo conocimiento es insuficiente.
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Se puede lograr el mismo objetivo mediante el uso más eficiente del tiempo ampliando el número de horas laborables de 7 AM a 10 PM y en Medellín desde las 6 AM y pasando de un régimen semestral a uno trimestral. Así, en el actual régimen se hacen 2 semestres de 16 semanas lectivas cada uno, para un total de 32 semanas. De las restantes 20 semanas, unas 7 corresponden a las vacaciones de Semana Santa, mitad y fin de año. Las otras 13 no tienen un trabajo académico definido y sus resultados son difíciles de valorar. En el sistema trimestral, se programarían 3 períodos de 14 semanas para un total de 42 semanas al año. De las 10 restantes, se tomarían 7 para vacaciones y exámenes de admisión. Las otras 3 separarían los períodos académicos.
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La edad promedio de los profesores de nuevo ingreso es de 40 años, demasiado alto para una institución que se proyecte seriamente hacia el 2030.
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El representante legal debería ser una figura diferente del Rector. En la Universidad Nacional Autónoma de México existe y se llama el Abogado General. Debería haber, un gerente o un director financiero y administrativo de la Universidad distinto del Rector. En la ley de las universidades españolas (2002) se llama así, el gerente. Las universidades deben tener un gerente, un representante legal y un rector. El Rector podría de esa manera dedicarse de lleno al desarrollo académico y a mantener las relaciones con el entorno nacional, local o internacional.
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Las administraciones universitarias deben orientarse gerencialmente, con criterios empresariales de asignación interna de recursos y conciencia de costos. Para ello deben crear sistemas administrativos empresariales y guiarse por índices de desempeño.
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El problema para una rectoría que pretenda realizar un cambio a fondo, puede parecer entonces como “faena de titanes”. Debe prepararse para ingresar, sin tiquete de regreso, a un enmarañada cadena de transacciones, controles, señales simbólicas y rituales. La táctica más frecuente, y no por ello la más eficaz, consiste en crear mil y un “comités ad hoc para el estudio de”. Esta es una forma de control que permite minimizar la naturaleza del cambio que se pretende y presentarlo fragmentado a cada uno de los grupos interesados. Simultáneamente, y esto es crucial, el discurso queda circunscrito y puede adornarse con toda clase de datos y tecnicismos. En este tipo de cultura, con frecuencia sucede que la visibilidad que dan tales comités, baste para descargar la ansiedad y animadversión de un grupo o del líder de un grupo.
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