
Julio 13/18 Hay consenso en el sector sobre la necesidad de tener un sólido y estructurado sistema de aseguramiento de la calidad, que solucione la actual desarticulación, y ese es el propósito bienintencionado del Mineducación con su propuesta de decreto de reforma al SAC, pero su obsesión de dejarlo firmado antes de terminar este gobierno, sin que la comunidad académica lo conozca es un exabrupto que contraría el espíritu de la academia y traerá muchos dolores de cabeza.
En el Viceministerio de Educación Superior desean, sí o sí, que el decreto se firme y están haciendo todo lo posible para ello. Consideran que el apoyo de los rectores de algunas pocas universidades privadas acreditadas institucionalmente y del grupo de asesores académicos que tienen (la mayoría de ellos cercanos a esas mismas IES) es suficiente para aprobar el decreto, y han considerado que su principal obstáculo ha sido el de tratar de convencer a todo el CNA, que está dividido al respecto. Incluso algunos de los consejeros que le dicen sí a la ministra y a la viceministra, a sus espaldas critican el propio decreto.
Pero el problema va más allá de la negociación con el CNA y va por el temor al incumplimiento de la ministra de su promesa pública, de abril pasado, de que sólo habría norma si ésta era producto del consenso del sector (así lo dijo en las instalaciones de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en donde se presentó el texto de referentes de calidad, que inspira la norma).
Ese mismo día, el Viceministerio se comprometió a responder una a una las inquietudes que llegaran al respecto para consolidar una propuesta que tratar de consolidar los mejores aportes. Pues llegaron más de 700 comentarios y a la fecha, el sector desconoce la nueva propuesta de decreto que, según fuentes de El Observatorio, estaría cursando últimos trámites para firma en Presidencia de la República.
Es decir, el presidente Santos, orientado por su Ministerio de Educación, firmaría una decreto inconsulto en el sector, con un articulado totalmente desconocido.
En el supuesto de que el decreto fuera maravilloso (tanto en su espíritu como en sus formas) correría el riesgo de que, por lo arriba enunciado, pudiera ser demandado. De por sí, con la primera versión, ya varios están prestos a conocer el nuevo decreto para preparar demandas por considerar que los impactos sobre la autonomía, las finanzas, la ley y la estructura del propio Ministerio tendrían delicados impactos. Cabe recordar que los propios funcionarios de la Dirección de Calidad del Ministerio elevaron una carta a la ministra en la que advierten todos los riesgos de expedir la norma como se proyectó.
El actual gobierno tiene el poder de hacerlo, con los respectivos riesgos jurídicos, pero más allá de eso no es prudente proceder a impactar significativamente el sistema de educación, a pocas horas o días de conocer el nombre de quien reemplazará a Yaneth Giha en el Ministerio de Educación, en un gobierno que política e ideológicamente será distinto al de Santos.
El sector de la educación superior reprocharía muy duramente (sin contar los complicados impactos legales que traería aprobar una norma que impactará las finanzas del Ministerio y el sistema de educación superior) al gobierno si firma un decreto sin escuchar el sentido común. Por el contrario, valoraría positivamente la gestión de Yaneth Giha y Natalia Ruiz si invitan a un franco y directo análisis de la propuesta final con todo el sector, sin importar que el decreto se firme antes o después del 7 de agosto.
Debemos evitar repetir la absurda práctica de dejar “herencias” polémicas por parte de los gobiernos salientes, a gobiernos entrantes que, posiblemente, también llegarán “auto-empoderados” como los nuevos paradigmas de la gestión, y querrán echar todo lo anterior por la borda y volver a construir.
La polarización política deberá estar en otros sectores, pero no en el de la educación superior que, por esencia y espíritu universitario, sabe que respetuosamente debe dialogar con las posiciones contrarias para construir en equipo.
El mejor empalme entre los gobiernos Santos y Duque no debe darse tanto en torno de lo hecho, sino de cómo poder continuar los proyectos con buenas iniciativas.
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