Una defensa del proyecto de la U. Pedagógica Nacional: Pedro Alejandro Mojica Romero

Una defensa del proyecto de la U. Pedagógica Nacional: Pedro Alejandro Mojica Romero

Oct/25 Mojica, académico de la Universidad Pedagógica Nacional destaca el esfuerzo de la actual administración de esa IES para construir un proyecto caracterizado, según él, por el diálogo, la dignidad y la comunidad.

CONSTRUCCIÓN DEL PORVENIR DE LA UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL: DIÁLOGO, DIGNIDAD Y COMUNIDAD

La Universidad Pedagógica Nacional (UPN) ha atravesado cambios significativos en los últimos años. Por ejemplo, el tránsito por tres rectorías en menos de cinco años, cada una con visiones distintas, pero con el propósito común de construir universidad.

En el último año y medio se ha avanzado hacia la consolidación de una universidad para todos. Este proceso ha implicado tanto un trabajo interno de fortalecimiento endógeno, así como exógeno con la creación de alianzas estratégicas, orientadas a garantizar un cuidado del porvenir para la comunidad universitaria. No obstante, las condiciones iniciales del actual proyecto rectoral, vigente desde 2024, no estuvieron fáciles: deficiencias graves en infraestructura, así como una comunidad universitaria en proceso de adaptación a la sociedad pospandemia, lo cual transformó las dinámicas de convivencia, las formas de habitar la
universidad y los sentidos de ser estudiante y docente en el siglo XXI.

Por su ambiente e instalaciones, la U. Pedagógica dista de ser una institución educadora de educadores

Una noticia publicada por este medio intentó describir el ambiente universitario y las instalaciones de la UPN, aunque con un enfoque que tendía a descontextualizar la vida universitaria. En ella se mencionaba que profesores de la UPN protestaban por el abandono de la sede principal, a partir de un comunicado de profesores de la Facultad de Educación. Sin embargo, vale precisar dos aspectos: primero, no fueron todos los profesores de la universidad quienes participaron, sino un sector de la mencionada facultad; y segundo, incluso dentro de esta facultad, no todos se sumaron a la protesta que estaba establecida a modo de asamblea permanente. De hecho, posteriormente algunos profesores de la misma facultad aclararon no haber hecho parte de la asamblea mencionada y señalaron momentos de tensión y falta de respeto en dicho espacio.

Hecha esta claridad, es importante centrarse en lo esencial: la construcción activa del futuro de la UPN y de la universidad que desea construir su comunidad. Desde la administración se ha promovido un trabajo conjunto basado en el diálogo y el acuerdo, más que en la imposición, buscando comprender y mejorar las condiciones de habitabilidad y convivencia. Este esfuerzo no se ha limitado a la sede principal de la Calle 72, sino que se ha extendido a las diferentes sedes. Allí se han identificado dinámicas particulares que han dado lugar a jornadas de discusión y propuestas con estudiantes, profesores y trabajadores. Estas jornadas han permitido construir acuerdos sobre el uso de espacios y la reforma del reglamento estudiantil de manera participativa, evitando imponer normas y reconociendo a todos los actores como sujetos activos en la vida universitaria.

La convivencia en la UPN no se reduce al consumo de sustancias o a los conflictos con la fuerza pública —aunque estos temas son relevantes—. Se ha trabajado también en salud mental y educación socioemocional, en la promoción de la no violencia (declarando la universidad como espacio libre de apartheid israelí), en la organización estudiantil y popular para la construcción académica, y en la creación de espacios de paz y derechos humanos. El enfoque es restaurativo, con el fin de recomponer una comunidad fragmentada y evitar dinámicas históricamente fallidas, como la violencia para combatir la violencia o la guerra contra las drogas. Los programas impulsados buscan comprender los problemas, no solo reaccionar ante ellos, y construir soluciones colectivas que involucren activamente a toda la comunidad universitaria.

La proyección de la UPN ha trascendido las fronteras de Bogotá. Como institución de carácter nacional, se ha vinculado a territorios del país mediante dos vías: la profesionalización de quienes han trabajado en procesos comunitarios y populares, y la articulación con gobernaciones y alcaldías para ampliar la oferta académica. Ejemplo de ello son los acuerdos en Cundinamarca y Magdalena. Asimismo, la universidad se ha abierto a las comunidades y a procesos de educación popular, participando en cumbres, asambleas y eventos que fortalecen el vínculo entre academia y realidad social.

La dignificación laboral ha sido otro pilar de trabajo. En 2025, la UPN otorgó vacaciones pagadas a sus funcionarios a mitad de año y recientemente aprobó el reconocimiento y pago de la prima y la bonificación de servicios como factores salariales para docentes ocasionales y catedráticos, medida que comenzará desde el segundo semestre de 2025. Con ello se reconoce su labor, se mejoran sus condiciones de trabajo y se avanza en la superación del déficit histórico en derechos laborales.

La construcción de una comunidad políticamente consciente de su realidad institucional también ha sido prioridad. El diálogo con organizaciones estudiantiles, sindicales y sociales ha permitido un ambiente político más abierto, en el que los debates sobre cultura, sociedad y país se articulan con la vida universitaria. Gracias a las luchas sostenidas de estos sectores, el Consejo Superior Universitario (CSU) aprobó la consulta vinculante para la elección de la rectoría, lo que permitirá a la comunidad elegir directamente a su rector(a) en 2028 mediante voto.

En cuanto a la producción de conocimiento, la UPN se ha comprometido con la memoria y la dignificación del saber con sentido social. Ha fortalecido alianzas con entidades como CLACSO y ha promovido la divulgación del pensamiento latinoamericano. También ha revitalizado la memoria intelectual colombiana con homenajes a figuras como Orlando Fals Borda, y ha estrechado vínculos con el magisterio, como se evidencia en la participación de la organización del III Congreso Pedagógico. A esto se suma la construcción de una política institucional de derechos humanos desde el CEPAZ, la creación de protocolos para garantizar
espacios seguros y la aprobación de la Política Institucional de Género y Cuidado, en reconocimiento al trabajo de profesoras, funcionarias y estudiantes por una universidad no patriarcal, quienes trabajaron arduamente por esta política y por fin hubo una disposición directiva a su aprobación.

Finalmente, la universidad, como territorio en disputa, ha emprendido la adquisición de nuevas sedes y la adecuación de espacios para superar el hacinamiento histórico y garantizar el bienestar de su comunidad. El diálogo sobre el uso de los espacios sin estigmatización ni persecución ha sido fundamental para avanzar hacia un porvenir digno. Así, la UPN se reafirma como un espacio de formación de maestros y maestras comprometidos con la transformación social, política y cultural del país, en un proceso construido desde la unión, el respeto y el trabajo colectivo, pese a las diferencias.

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