Gabriel Yáñez Canal es Profesor de la Escuela de Matemáticas de la Universidad Industrial de Santander, y ha hecho pública una carta en la que, basado en la confianza que tiene con el rector, le reprocha sus actuaciones y considera que su elección fue ilegítima por actuaciones previas de éste y por la forma como actuó el Consejo Superior.
El siguiente es el texto de la carta:
Señor Rector
ALVARO RAMÍREZ GARCÍA
Universidad Industrial de Santander
Apreciado Alvarito:
Discúlpeme que lo siga llamando como siempre lo he hecho pero, la verdad, todavía no digiero del todo su nombramiento como rector de la Universidad. Usted puede seguir llamándome “manito” como siempre, pero creo que por el protocolo de su nuevo oficio es mejor que me llame por mi nombre, Gabriel o, si quiere más protocolo, profesor Yáñez.
Alvarito, de antemano le ofrezco mis disculpas por lo que le voy a decir, pero prefiero ser su crítico y no su adulador, de estos últimos va a tener muchos, en cambio de los primeros muy pocos.
Pues bien, Alvarito, terminó el largo proceso de elección del rector y, en un resultado inesperado, usted terminó siendo el elegido. Por la simpatía que le tengo, forjada en muchos años compartiendo en la Universidad, por su forma sencilla de ser en el trato personal y a pesar de las numerosas contradicciones públicas que hemos tenido, tengo que decirle que me alegro por usted porque sé que esta era su máxima aspiración desde hace más de 20 años cuando cambió una promisoria, y hasta ese momento exitosa carrera académica, por la carrera administrativa. Prueba de este giro en su concepción universitaria son los cargos ocupados y la clasificación que tuvo su hoja de vida por parte del Consejo Académico, donde llamaba la atención los pocos artículos científicos publicados en los últimos 10 años.
Pues bien Alvarito, en contraste con su alegría, yo estoy triste y afanado por la Universidad. No puedo evitar estos sentimientos porque, a pesar de que su elección es legal, al menos hasta hoy, considero que fue ilegítima, indigna, irrespetuosa, antidemocrática, sucia y violatoria de la autonomía universitaria.
Ilegítima por la sencilla razón de que su propuesta rectoral apenas alcanzó el 15% del factor de opinión considerados todos los estamentos universitarios, lo que hace que su elección y, lo que es más importante, su proyecto de gestión, solo cuente con un mínimo de respaldo de la Comunidad Universitaria (CU). Aún más, no solamente se trata de su escasa representatividad sino del sentimiento de duda y de recelo que Usted genera en buen número de personas de la CU que, incluso, sienten miedo de lo que pueda hacer como rector de la Universidad.
¿Por qué este recelo y desconfianza ante su gestión de buena parte de la Comunidad Universitaria?
La respuesta es bíblica: “por sus obras los conoceréis”. Para la muestra algunos botones:
• Usted es el único profesor en la historia de la Universidad que ha sido simultáneamente representante de los profesores y de las directivas universitarias para la misma función: la adaptación del Decreto 1444 a la UIS que, para los que no lo saben, fue anterior al Decreto 1279 y con la misma filosofía de recompensar más el trabajo académico de los profesores y no su antigüedad.
• Usted fue el principal impulsor de la política de suavización académica que tanto daño hizo al nivel académico y a la imagen externa de la UIS, siendo la cancelación de materias el último día de clases la
expresión máxima de esa relajación. ¿Será que ahora como rector va a insistir en esa tan peculiar forma de combatir la repitencia y la deserción? ¿Será que insistirá en introducir la autoevaluación estudiantil con efectos sobre la nota final?
• Su estrategia de jamás hacer oposición al poder universitario hasta el grado de ser su obsecuente seguidor y, en años más recientes, fiel escudero y sofista de cabecera: basta recordar su defensa del ex rector Camacho, llena de argumentos inverosímiles y contradictorios, siempre buscando confundir para poder prevalecer.
• Su perfil bajo y su accionar prudente en toda manifestación profesoral en contra de medidas adoptadas por las directivas universitarias o por el Gobierno Nacional. Un ejemplo de ello fue su comportamiento en el reciente movimiento profesoral en contra de la reforma tributaria: si bien asistió a las asambleas programadas, no hizo uso de la palabra ni para respaldar el cese de actividades ni para oponerse a él, tampoco marchó al lado de los profesores y de los estudiantes.
• Su manejo poco exacto de las cifras y sus interpretaciones acomodaticias de los hechos para respaldar sus argumentaciones. Si bien podría citar muchos ejemplos en este sentido, basta con citar algunos de los apartes de su discurso en el momento de su posesión como rector. Decía usted, palabras más palabras menos, que “el 34% de los profesores de la Universidad tiene título de doctor, siendo la segunda universidad en el país en este nivel después de la Nacional”,… “nuestros estudiantes están en el 5% superior en las pruebas de estado”. Pues resulta que dos de estas afirmaciones no son ciertas: la UIS es apenas la novena universidad en términos relativos respecto al número de doctores de planta (puede consultar el SNIES en la página del MEN) y la cuarta entre las universidades públicas. Respecto a la cifra del 5% superior, es solo una demagogia que no se la cree nadie, podrá ser cierto en algunas carreras pero totalmente falso en muchas otras.
• En el diálogo personal, su manía de darle a entender a su interlocutor que está de acuerdo con ellos aunque no sea cierto. Forma parte ya del anecdotario UIS su respuesta: “sí, manito, usted tiene razón”.
Su elección es antidemocrática e irrespetuosa, por la sencilla razón de que usted no respetó la opinión de la inmensa mayoría de los miembros de la CU. Si bien la consulta no es vinculante en el sentido de que ganar la consulta no es condición suficiente para ser elegido rector (de acuerdo con lo reglamentado por el Consejo Superior), también debe ser claro, para cualquiera que presuma de demócrata que existe una excepción y esta es precisamente cuando el ganador lo es con más de la mitad de los votos depositados. Esta realidad no es igual a la que usted vivió años atrás en su primera aspiración cuando ganó parcialmente la consulta, usted mismo recordó que no había ganado con los profesores (entrevista con Vanguardia Liberal), usted no fue mayoría absoluta como sí fue el caso de la profesora Corredor que, dicho sea de paso, obtuvo 2,96 votos por cada voto suyo entre los estudiantes; 4,26 votos por cada voto suyo entre los profesores de planta; 12,94 votos por cada voto suyo entre los profesores de cátedra y 3,27 votos por cada voto suyo entre el personal administrativo. Alvarito, usted a pesar de semejantes cifras, se consideró en igualdad de condiciones en una interpretación muy ajustada a la norma y muy irrespetuosa con la Comunidad UIS. Se le olvidó que, como decía el abuelo de alguien, la gente sabe leer entre líneas y que si hay algo que permite conocer a las personas es la forma como actúan en situaciones no reglamentadas, en particular, por la forma como actúan en la lucha por el poder. Y en esto, Usted no mostró carácter académico ni mucho menos espíritu democrático.
Si bien su concepto de democracia no coincide con el de Bush, como usted lo dijo en el foro en el auditorio Luis A. Calvo, cuando un estudiante lo recriminó porque lo había oído decir que no creía en la democracia, es claro que tampoco considera para nada la opinión de las mayorías universitarias (a la que acudió muy solícitamente buscando su apoyo) cuando esas mayorías absolutas lo son independiente del punto de vista con el cual se analicen. Su sentido de democracia no responde a las mayorías sino a la opinión de los que se creen que controlan la Universidad a su antojo, acepta más la imposición y las presiones indebidas que el libre debate. De todas maneras Alvarito no olvide que su nombramiento no contó con los avales de los representantes de los profesores, de los estudiantes y de los egresados, que fue elegido por los sectores gubernamentales, por el representante de los gremios, por el representante de los ex rectores más pendiente a las voces externas que a lo que ocurre dentro de la Universidad y, finalmente, con el representante de las directivas académicas, quien falto de criterio personal y de respeto a la palabra empeñada, volvió nuevamente a mostrar su servilismo ante el Gobierno Nacional. Lo siento Alvarito, tenga mucho cuidado con esos personajes, no vaya a salir lastimado, Usted bien sabe que no son confiables y que solo actúan en defensa de sus intereses personales.
Indigna y sucia su elección por la forma como usted se comportó y por la forma como obtuvo sus votos en el Consejo Superior (CS):
• Durante su campaña se presentaron todo tipo de violaciones a los acuerdos aceptados en el Comité de Veeduría, la violación de las fechas acordadas y la distribución de volantes diferentes a los suministrados por la Universidad en las sedes, son un ejemplo de ello. Aún peor, por lo bajo y chocante, fue el recurso de traer chicas con minifalda, al mejor estilo de Cerveza Águila, que hicieron presencia en la Universidad el mismo día de la consulta pidiendo votos a su favor. Esa concepción de mujer-objeto, Alvarito es bueno que la supere, en la Universidad las mujeres tienen conciencia de su dignidad y no les gusta mucho que se les use como objetos de publicidad.
• Porque respondió a una clara politiquería ejercida por ciertos personajes preocupados en defender sus intereses políticos y económicos en lugar de una posición política que sí hubiera tenido en cuenta el sentir de la CU, la situación actual de la Universidad y su futuro cercano, que entendiera la necesidad de nombrar un rector legítimo que pudiera apaciguar los ánimos y convocar a su alrededor la mayoría de las voluntades de la CU. Mi afirmación sobre la presencia de la politiquería en su elección es de carácter estrictamente lógico, porque ¿cómo se explica de otra forma que la mayoría gobiernista del CS hiciera caso omiso de una candidata que arrasó en la consulta de opinión?
Por todas estas cosas, no puedo Alvarito sino rechazar su nombramiento como rector de la Universidad y grabar en mi memoria el 15 de febrero como el momento en que la confianza de la CU de la UIS en el CS murió, como el momento en que la más baja politiquería se apoderó de la UIS, como el día en que el Gobierno Nacional violentó la autonomía universitaria, como el momento en que la mayoría aplastante del CS mostró que la tiene sin cuidado la opinión de la CU ya que es más importante y rentable responder a los intereses de ciertos grupos de poder que podrían jugar un papel importante en los planes futuros del Gobierno Nacional.
Con mi espíritu universitario quebrantado y con profunda tristeza, no puedo invocar el milagro de que usted traicione sus compromisos gracias a los cuales fue elegido en contra del interés mayoritario de la CU de la UIS, solo espero que estos no sean muchos y que no causen mayor daño a la Institución, y que usted actúe en pro del engrandecimiento de ella, al menos en los aspectos no comprometidos. Espero, también, que su propuesta de construir la Universidad a través de la discusión argumentada y respetuosa sea una realidad y no una forma de imponer su voluntad “democráticamente”. A propósito, Alvarito, ¿renovará el contrato con T.I.P.?
Alvarito, le prometo que en la próxima carta lo llamaré rector.
Cordialmente,
Gabriel Yáñez Canal
Profesor Escuela de Matemáticas
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