Opinión de Otto Gerardo Salazar Pérez en El Tiempo Llano sobre la evolución de la Universidad de Los Llanos.
En las instalaciones del Colegio Inem Luis López de Mesa, un puñado de directivos, docentes, estudiantes y administrativos, un poco tímidos y más llenos de incertidumbres que de certezas, se lanzaron a una de las empresas más ambiciosas para la región: crear la primera Universidad para satisfacer una demanda y un clamor de los habitantes que no hallaban la opción de formación superior en el Meta y los departamentos circunvecinos.
Como las oportunidades las pintan calvas, la presencia en el gabinete del ministro de Educación, Hernando Durán Dussán, político afecto a la región en la administración de López Michelsen, abrió las puertas para que ese viejo anhelo se volviera realidad. Actuó de soslayo un sentido de culpa del Gobierno nacional ante la tragedia reciente de Quebrada Blanca, donde 400 paisanos murieron sepultados, esperando en uno y otro sentido de la vía, un pasó que lo que les arrojó fue ingentes toneladas de tierra que ni dieron oportunidad de rescatar sus cuerpos en la mayoría de los casos.
Con programas básicos y estrechamente relacionados con el contexto, la Universidad inició labores con cinco programas: Ingeniería Agropecuaria, Medicina Veterinaria y Zootecnia, Enfermería y las Licenciaturas en Producción Agropecuaria y Matemáticas y Física.
De allá acá, pese a los pocos años en términos institucionales que tiene la Universidad, es mucha el agua que ha corrido. Han sido ingentes los esfuerzos, los ajustes y la lucha por conquistar y madurar procesos académicos e investigativos. Cada quien en su oportunidad ha contribuido a un crecimiento sostenido y al reconocimiento del Ministerio de Educación de al menos tres programas en Alta Acreditación, la mayor distinción que hace el Gobierno a programas de calidad en todo el país.
Hoy en día la Universidad de los Llanos ofrece 15 programa profesionales 13 especializaciones y 4 maestrías y ha irrigado en la región más de 6.500 egresados de los diversos programas. En su seno estudian los estudiantes de los estratos sociales más bajos. Es difícil estar en cualquier parte de la Orinoquia colombiana: en Yopal, en Orocué, en Puerto Gaitán, donde uno no encuentre que los agrónomos, veterinarios, los docentes y las enfermeras jefes no sean de Unillanos. En ese sentido, la Universidad ha cumplido el objeto para el que fue creada.
Sigue persistiendo el que los políticos le quieran seguir metiendo mano, sin comprender que la relación con ella no puede ser igual al tipo de relaciones que de corriente adquieren los políticos con sus clientelas, de muto beneficio. Ellos estarán obligados a darle sin poder pedirle nada a cambio, a no ser la rentabilidad social de encausar, y en corto plazo, perfilar el futuro de la región para jalonar los principales proyectos de desarrollo regional. Tiene el sentido el que su eslogan rece y se autodeclare como “el proyecto estratégico más importante de la Orinoquia”.
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