Unillanos en peligro

Germán Vargas Morales, en El Tiempo, analiza la contradicción entre los anuncios del Estado y la realidad de la inversión del mismo en Ciencia, Tecnología y Educación, y analiza cómo esta situación impacta la realidad financiera de la Universidad de Los Llanos.

Estos días se ha escuchado hablar con frecuencia sobre educación, ciencia y tecnología. Lo ha hecho el Presidente Santos al tratar el tema de la calidad en la educación. Se debatió en foros y seminarios al estudiar el proyecto de regalías, que contempla un porcentaje para ciencia y tecnología. Y también lo puso sobre el tapete de la actualidad el ganador del Pulitzer, Andrés Oppenheimer, en su libro ‘Basta de Historias’. En él sostiene que sólo con la educación, la ciencia y la tecnología América Latina podrá salir de su mediocridad. Adoba su tesis con la mención que debe causar vergüenza a cualquier colombiano, de que en el 2009 Corea del Sur, país al cual Colombia hace 40 años ayudó en la lucha armada para despegar en forma definitiva de la pobreza hacia el desarrollo, presentó ante E.U., 8.800 patentes, mientras Colombia registraba 7.

Es la radiografía de la triste y precaria inversión dedicada por la nación como porcentaje del PIB a la investigación. Por esas razones y con dicha política el país continuará rezagado, esperando siempre por años la llegada de los adelantos tecnológicos, es decir, el progreso en la calidad de vida. La falta de inversión adecuada en estos campos es la expresión del atraso, de la mediocridad y de la dependencia, para la actual y las futuras generaciones de colombianos.

El país y en especial sus regiones no han entendido aún la trascendental importancia de la investigación y del conocimiento que llega a través de ella, y como consecuencia ponen en riesgo adoptando políticas miserabilistas a quien debe generar una y otra, es decir la universidad.

En el plano regional, la universidad pública tampoco recibe el presupuesto adecuado para cumplir con excelencia su delicada misión. Tan solo hace unos pocos años, tanto el departamento como el municipio entregaban a Unillanos el cinco por ciento de lo que recibían por regalías. Hoy sería un gran argumento para defenderlas. Sin embargo, los mismos que se las quitaron a Unillanos son algunos de quienes se desgarran las vestiduras reclamándoselas al Gobierno, que según el proyecto, dedicará 10% para ciencia y tecnología.

El rector Óscar Domínguez, reclama y enciende la alarma sobre el déficit de 5.970 millones de pesos que se proyecta en la entidad para el 2011. Justas son sus peticiones cuando se trata de atender a cerca de seis mil estudiantes, distribuidos en 15 programas, en los que solo han alcanzado registro de calidad cuatro.

Esta falencia en la que tienen responsabilidad de una u otra manera todos los estamentos universitarios, debe también ser analizada, así como otras denunciadas. Por ejemplo la falta de profesores de tiempo completo, tan solo 80 frente a 143 ocasionales, materia prima de la politiquería, y 341 de cátedra; la posible nómina paralela, presionada desde el Consejo Superior por Alejito y don Cristóbal, etc. Es imperativo primero que todos contribuyan a arreglar la casa.

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