Dic 5/25 La denuncia fue hecha por el diario El Colombiano, que no reveló el nombre de la que identificó como “universidad pública en el norte de Bogotá”. El estudiante escribió su tesis doctoral con un chatbot y el profesor se negó a poner la máxima nota por ello.
La siguiente es la información presentada por El Colombiano:
El caso ocurrió en una universidad pública en el norte de Bogotá. El docente rechazó calificar con nota perfecta (5.0) un trabajo con indicios de haber sido escrito por un chatbot, lo que reactivó la discusión sobre la falta de criterios y controles frente al uso de esa tecnología en las aulas.
En nuestro país es un privilegio estadístico alcanzar el nivel doctoral. En el último año, solo 1.349 personas obtuvieron ese título académico, lo que equivale a 25,6 graduados por millón de habitantes.
Esa desproporción ayuda a dimensionar la gravedad de lo ocurrido en una universidad pública del norte de Bogotá, donde un trabajo para optar a ese grado terminó en un conflicto institucional por el uso indebido de inteligencia artificial, abriendo un debate urgente sobre el lugar que esa tecnología ocupa en la educación superior colombiana.
Se trata del docente Carlos Díaz, maestro y doctor en Historia por El Colegio de México, quien decidió hacer pública la situación en una columna que se volvió viral esta semana.
Hasta hace pocos días, era profesor ocasional en una institución que pidió a El Colombiano mantener en secreto para evitar problemas legales. Allí integraba el cuerpo de profesores de un programa doctoral.
Su desvinculación, según contó en entrevista con este medio, se produjo después de negarse a poner la nota máxima a un proyecto que presentaba indicios claros de haber sido elaborado íntegramente con ayuda de un chatbot.
“Mis indicios fueron: escritura correcta pero genérica, bibliografía inexistente y conceptos que el estudiante no domina (…) Lo más vergonzoso es que en su sustentación respondía a mis preguntas luego de consultar ChatGPT, lo alcancé a ver en su computador”, explicó en entrevista.
El episodio comenzó como una sospecha técnica, pero pronto escaló a un conflicto institucional. Cuando Díaz calificó el proyecto con un puntaje inferior al esperado, recibió varias llamadas y mensajes del coordinador académico “sugiriendo” que ajustara la nota, pues el director del estudiante (quien también era jefe del programa de posgrado) ya le había otorgado un 5.0.
La calificación definitiva para esa tesis quedó en 4.5, pero según su testimonio, existía presión para que alcanzara puntaje perfecto.
La situación se enrareció cuando Díaz le manifestó al director del programa los indicios de que el trabajo había sido realizado con IA. La respuesta fue que “no desanimara” al estudiante con mala calificación.
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