Sept 15/26 Históricamente las universidades se han caracterizado por hacer lentamente sus cambios, y lo que pasa con la IA lo confirma. No reaccionar prontamente puede costarles descrédito, retraso y pérdida de estudiantes.
Muchos rectores y consejos superiores y académicos parecen continuar la tradición de “esperar a ver qué pasa” frente a la IA, sin darse cuenta que sus impactos ya, de por sí, son lo suficientemente grandes como para cuestionar su propio modelo educativo y de negocio.
En medio del debate mundial (aún sin respuesta) en torno de hasta dónde llegará la IA y si ésta podrá reemplazar al hombre en su pensamiento y construcción de proyectos propios o si, en el peor escenario, podría causar su destrucción, tal y como lo sugirió hace unos días un ex desarrollador de Anthropic, dos relevantes informes internacionales, con directo impacto en la universidad colombiana, destacan los beneficios de la IA, al tiempo que prenden las alarmas por la lentitud o inacción de la educación superior al respecto.
Estupefacción y miedo al cambio parecen ser las dos palabras que describen el momento actual que viven muchas universidades frente al tema de la IA. Se sorprenden de lo que hace, pero siguen a la espera de ver en qué momento entran en el juego, con el riesgo de quedarse por fuera.
El panorama en América Latina
El Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (UNESCO IESALC), en colaboración con el Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Estudio Avanzado de la Sostenibilidad (UNU-IAS), acaba de publicar el documento «La implementación de la IA en la educación superior en América Latina y el Caribe», como producto del análisis del estado del tema en universidades de 19 países de la región, siendo Colombia (con 40 IES el que más aportó datos al mismo).
El estudio (clic para acceder a él), evalúa el nivel de adopción y desarrollo de programas, capacitaciones y políticas sobre IA en las IES, en los ámbitos enseñanza y aprendizaje, investigación, administración universitaria, servicios de participación comunitaria y preparación institucional y gobernanza.
Si bien las cifras muestran que, por ejemplo, el 87% de las universidades de la región utiliza la IA de alguna forma, sólo el 26% tiene una estrategia formal y un 18% dispone de una unidad para su supervisión
Pero alerta por el hecho de que hay poco seguimiento sobre el uso de la IA, no hay directrices claras y se ha detectado un riesgoso aumento en los casos de plagio académico, entre otros.
Para ello recomienda, entre otros aspectos, que las IES desarrollen estrategias integrales de IA que incorporen la gobernanza desde el inicio, establecer estructuras formales con representación estudiantil, convertir la alfabetización en IA en una competencia transversal para los graduados, y rediseñar las evaluaciones para proteger la integridad académica.
Asimismo, a los responsables de las políticas nacionales, les pide integrar la educación superior en las estrategias nacionales de IA, destinar financiamiento público específico para la gobernanza, incorporar requisitos de alfabetización digital en los marcos de acreditación, e invertir en infraestructura de datos compartidos.
¿Por qué las universidades no avanzan a la velocidad deseada por la propia tecnología, por los jóvenes y el entorno competitivo mundial?. La investigadora y analista sobre el tema, y única colombiana académica mencionada en el informe de UNESCO, Angela Paola López (también Observadora de www.universidad.educo) advirtió que el enfoque mundial de la universidad ha cambiado: “Las universidades aún actúan bajo el paradigma de que su modelo gira en torno al conocimiento, pero la tecnología ha transformado radicalmente el acceso a este. Su verdadero diferencial está en la formación integral del estudiante y su proyecto de vida, una dimensión que la IA puede apoyar, pero no sustituir”.
Avanzar, aún con tropiezos, pero no detenerse
También se ha conocido un detallado informe de un Comité Ad Hoc del MIT sobre el uso de la IA en la enseñanza, el aprendizaje y la formación en investigación (clic para descargar) en el que, desde una mirada muy humana (aprecio y temor frente a la IA), analiza cómo la irrupción de esta tecnología está modificando sustancialmente la vida de esa prestigiosa universidad norteamericana (y de paso cualquier otra), y da pautas de cómo sacar provecho a este momento de la historia de la universidad.
El análisis se orienta a mostrar cómo está impactando la IA el proceso de docente y aprendizaje.
“Los estudiantes están confundidos y preocupados por la falta de claridad, coherencia y justificación sobre el uso de la IA, tanto dentro de una asignatura determinada como en todo el plan de estudios”, advierte, al tiempo que señala que “es hora de reflexionar profunda y exhaustivamente sobre qué enseñamos y cómo lo enseñamos”, porque ya se vivencian preocupantes efectos del uso de la IA entre la población de esta universidad, tales como:
- Aumento del aislamiento.
- Socavamiento el dominio y la confianza de los estudiantes.
- Erosión del “contrato social” entre profesores y alumnos.
- Dificultad de evaluar el progreso de los estudiantes.
- Cuestiona la tradición académica en cuanto al rigor, la fricción creativa necesaria para el aprendizaje, la resolución colaborativa de problemas y la integridad personal.
Otra de las preocupaciones, en toro el mundo es que si bien “obtener la respuesta correcta de un chatbot puede crear la ilusión de aprendizaje, esto también puede desencadenar una «rendición cognitiva», con lo que “un peligro fundamental es que la IA permita a los estudiantes eludir el aprendizaje. Igualmente preocupante es que los estudiantes internalicen un modelo transaccional en el que las tareas son resultados, los profesores son evaluadores, los compañeros son opcionales y el conocimiento (o un título del MIT) es un bien prescindible que debe adquirirse o producirse de la forma más eficiente posible”.
Pero no se trata de evitar o prohibir la IA, y ni siquiera volver a las formas educativas tradicionales por sí mismas. “Se trata de garantizar que el uso de la IA fomente el desarrollo de personas capaces de pensar críticamente, actuar con iniciativa, trabajar productivamente en equipo y comprender las consecuencias de sus decisiones en un mundo compartido con otros nueve mil millones de seres humanos”.
Si bien estos desafíos son apremiantes, señala el MIT, “la IA también ofrece oportunidades fascinantes para el aprendizaje y la creación”.
¿Qué hacer?
El estudio de MIT propone “poner a la humanidad en el centro significa que buscaremos usos de la IA que fortalezcan, en lugar de debilitar, el valor de la educación presencial (en este caso del MIT)”.
Pero, sobre todo, y en esto también coincide el informe de UNESCO, las universidades deben hacer un rediseño estructural de las metodologías de evaluación, para saber realmente qué es lo que aprender los estudiantes, y cómo. Y eso implica, entre otras tareas:
- Reconsiderar los objetivos de aprendizaje de los estudiantes
- Diseñar métodos de evaluación menos vulnerables a la IA y más valiosos para el aprendizaje, como exámenes orales, portafolios semestrales y tareas fuera del aula combinadas con conversaciones en clase.
- Potenciar el aprendizaje experiencial y basado en proyectos
- Reconsiderar las calificaciones y los incentivos
- No moralizar o castigar el uso de la IA. Depender, por ejemplo, de los detectores de IA, conlleva (dice MIT) al “riesgo de una carrera armamentística en la que los estudiantes respondan a la detección automatizada utilizando humanizadores de IA cada vez más potentes para eliminar las señales que los detectores de IA están programados para detectar.
- Y buscar la mayor presencia física de los estudiantes en las aulas.
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