Oct 26/23 Dolly Montoya, rectora de la Universidad Nacional de Colombia, sugiere que las IES no deberían trabajar para los rankings y dice que “si acabamos los rankings promovemos la honestidad en todo el sistema”.
Algunos (rectores) dirán que para la rectora de la universidad pública más importante del país, con más recursos económicos y mayor desarrollo académico, generalmente reconocida como la primera colombiana en los rankings, es muy fácil decir esto, pues no sólo tiene los méritos sino que difícilmente la Universidad se afectaría si cambiara o bajar su lugar en los rankings, pero lo cierto es que Montoya da en un punto clave y sobre el cual el sistema de educación superior y los rectores en su conjunto (ojalá reunidos en Ascun, RedTTU y ACIET, entre otros), deberían pronunciarse.
Porque ya no es un secreto que muchos de los rankings que se publican no sólo son un negocio (cobran a las IES por participar, de diversas maneras y con diversos nombres), sino que utilizan unas metodologías que pretenden uniformar indebidamente el desarrollo de las universidades y siempre terminan beneficiando, por obvias razones, a aquellas que más dinero, lobby y estructura tienen.
Y, lo más inquietante es que cada vez parecen perder más la atención por parte de la opinión pública. Que haya tantos (se calcula en más de cien en el mundo) y con varias versiones al año, en las que casi siempre aparecen los mismos, con mínimos cambios en las posiciones, poco o nada están aportando al rediseño de políticas públicas y de la calidad de las IES.
Sí, algunas han mejorado por su interés de aparecer en los rankings (y para ello pagan consultorías que les orientan cómo hacerse más visibles), pero las primeras (casi) siempre son las mismas, y las últimas también. Su principal novedad en cada versión es que se inventan formas de poder incorporar más IES (algunas de forma inocente “caen” y pagan) para ampliar su difusión.
La propuesta de Dolly Montoya
A la pregunta (realizada por periodistas del diario La República) a Dolly Montoya sobre ¿cómo logran que la Universidad Nacional de Colombia esté en los primeros lugares de rankings?, ésta respondió:
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Sin dedicarse a los rankings, sin dedicar un peso a los rankings, trabajando a conciencia, de manera juiciosa, con calidad, con ética, con transparencia, con legalidad, y diciendo las cosas como son y lo que somos. Y eso es lo que aparece en las redes y día a día recogen. Pero nosotros no tenemos a nadie pensando en los rankings porque, además, hay que acabarlos. |
Yo creo que si acabamos los rankings promovemos la honestidad en todo el sistema. Porque entonces póngase a ver: una universidad pequeña, de provincia, ¿cuándo se va a ver en un ranking comparado con la Nacional, que tiene nueve sedes y que está en todo el país? ¿O las privadas que dividen por el número de profesores y no tienen 100 indicadores más que nosotros tenemos que ejercer?
Lo indicado por Montoya debería servir de chispa para que los rectores se sinceren sobre si pagan o no por los rankings o, incluso, se atrevan a comprometerse públicamente a dejar de alimentar las arcas de estas empresas así como de las agencias de publicidad y de los grandes medios de comunicación, análogos y digitales, con publicidad sobre su lugar en los rankings, que poco o nada les está moviendo su mercado.
En cambio, los mismos rectores, como actores claves del sistema, y en un escenario de concertación con instancias como Ministerio de Educación y entidades de calidad, deberían acordar qué listados, clasificaciones o rankings reconocer globalmente como sistema e, incluso, exigir a los existentes, plena claridad en torno de su metodología y compromisos institucionales o financieros que han adquirido las IES por ellos registradas.
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