Nov 16/18 El país espera que las protestas estudiantiles terminen con un acuerdo entre universitarios y gobierno, pero las partes están muy distanciadas y, de prolongarse, hay hechos que de no revisarse estratégicamente podrían ir en detrimento del movimiento estudiantil.
Este jueves 15 se presentaron, nuevamente, marchas en las principales ciudades del país, que lamentablemente terminaron en enfrentamientos entre grupos estudiantiles y la fuerza policial, con congestión vehicular, algunos detenidos y acusaciones de todo lado.
Este viernes la ministra de Educación, María Victoria Angulo, invitó nuevamente a los líderes estudiantiles a reanudar la mesa de diálogo, suspendida la semana pasada por los propios estudiantes al no recibir aprobación de parte del Gobierno de su solicitud de más de 500 mil millones para finalizar el año.
Entre tanto, la gran mayoría de universidades públicas (se calcula en 26 de las 32) continúa sin clases y de no retornar a las mismas el lunes 19 de noviembre, muy seguramente comenzarán a ser cancelados los semestres académicos, con un mayor perjuicio para todos.
La prolongación del paro, que completa cinco semanas, el desgaste del mismo, la reducción en el número de estudiantes en las calles protestando y la insistencia del Gobierno en que no hay recursos, que es el punto central de discusión, son síntomas que pueden agravar la situación si el propio movimiento estudiantil no replantea algunas estrategias.
La mezcla de algunos de los siguientes 20 hechos puede amenazar (en gran medida, como pasó con la Mesa Ampliada Nacional Estudiantil MANE, en 2013, que terminó extinguiéndose) su consolidación y logro de objetivos:
1) Ambiguedad en el pliego de exigencias. Los distintos movimientos coinciden en las calles y en pedir más recursos, pero ni siquiera se han puesto de acuerdo exactamente en cuánto es el recurso, pues los propios voceros varían las cifras y otros terminan pidiendo gratuidad.
2) Desaprovechamiento de un escenario de reflexión nacional. Los estudiantes se han quedado en el tema recursos y no han sido estratégicos para dar argumentos de fondo sobre la real crisis de la educación superior, que va más allá del tema de financiamiento. Aunque se apoyan de algunos académicos ens us reflexiones, no han sabido poner en la agenda pública aspectos como los problemas en el sistema de aseguramiento de calidad, el proyecto de país desde la educación, la corresponsabilidad social de la educación superior, la relación con el sector productivo…
3) Mezcla de objetivos. Además de que se cae en el error de reducir la crisis de la educación superior pública sólo a recursos, y aunque se han pedido en los distintos pliegos otros aspectos (calidad, autonomía, licenciaturas…) el lenguaje de los estudiantes ha mezclado peticiones de toda índole: EL Icetex, la Ley de Financiamiento, la situación de Fecode y las Centrales Obreras.
4) División interna. ¿Quién lidera realmente el movimiento estudiantil?. La respuesta no es clara, hay tres o cuatro nombres… Jennifer Pedraza, Alejandro Palacio, Alexánder Flórez…. pero en últimas terminan siendo nombres que van y vienen. La naturaleza del movimiento estudiantil siempre es compleja, amorfa y difusa. Cualquier puede hablar como estudiante y no hay reglas y disciplina interna para regularse.
5) El vandalismo. Más allá de las responsabilidades o no de la Fuerza Policial, las marchas se han prestado para que estudiantes o infiltrados (en el debate pico importa si los encapuchados son o no universitarios) cometan actos de vandalismo, ataquen medios de comunicación, bloqueen las vías de transporte público y particular e intimiden a la población civil. Esta situación hace caer en picada el respaldo de la ciudadanía hacia la causa de los estudiantes.
6) Sobre-estimarse. Considerar que son la generación redentora. Que sólo ellos pueden dar respuesta a un problema histórico. Que nadie más puede dar solucionar y, por lo mismo, desestimar a sus rectores, a la ministra de Educación y demandar una interlocución única con el presidente de la República.
7) Desconocer a los rectores. No es fácil comprender cómo los propios rectores (académicos con muchos años en la universidad) aceptaron la negociación con el Gobierno Nacional y la gestión del déficit financiero y los estudiantes, no. Más allá de quién se aprovechó de quién en esta crisis (¿los estudiantes de los rectores o estos de los estudiantes?), quienes finalmente administran los recursos y toman las decisiones estratégicas son los rectores y no el movimiento estudiantil.
8) Agotamiento del tema en la opinión pública. Salvo por los actos de vandalismo y la congestión, las protestas van desapareciendo de los titulares en los medios de comunicación, que a su vez miden el pulso a una ciudadanía que se va molestando con los estudiantes porque las marchas afectan su vida normal; porque en ciudades pequeñas e intermedias pierden protagonismo, pues las familias se preocupan porque sus hijos siguen en las grandes ciudades sin estudiar, y porque en cualquier momento surgen hechos noticiosos que pueden desplazar fácilmente la protesta estudiantil (un grave accidente, un desastre de la naturaleza, una protesta más fuerte en otro sector, un gran éxito deportivo…).
9) La politización del movimiento y la identificación partidista que las principales líderes esttudiantiles con grupos políticos, al estilo Polo Democrático y Progresistas, de Gustavo Petro, incide en que medios de comunicación, políticos de otras vertientes y opinión pública comiencen a guardar distancia del movimiento.
10) La falta de argumentación técnica. Las protestas caen en lugares, frases, slogans y disfraces comunes, que poco aportan novedad al debate. No se escuchan propuestas y respuestas específicas de parte de los estudiantes. ¿Cómo se calcula el déficit del dinero que piden?, ¿por qué protestan los de las públicas grandes y no todas?, ¿a qué se comprometen?, ¿qué pasa con la situación de las otras IES?…
11) La necesidad de terminar el semestre académico. Aumenta, poco a poco, el respaldo (no bullicioso) de quienes quieren termina su semestre académico, los que no quieren aplazar su grado, los estudiantes que necesitan validar sus prácticas, regresar a casa y los profesores de cátedra que llevan cinco semanas sin trabajar, entre otros hechos.
12) El agravamiento del problema. El paro no suspende ni congela el déficit, y por el contrario, lo aumenta. Es decir, luchar por una buena causa está provocando que la crisis aumente. Si se cancela el semestre, ¿qué va a pasar con los bachilleres que están haciendo cola para ingresar a primer semestre, en 2019, a la unievrsidad pública?
13) La peligrosa conjugación del verbo “exigir”. ¿Quién puede exigir y por qué? es una pregunta que comienza a rondar en la opinión pública, que es la que termina viendo que -vía impuestos- es que terminan pagando las “exigencias” de los estudiantes. ¿Por qué exigen los de las unievrsidades, que son lo que más dinero reciben, y poco “exigen” los de IES pequeñas oficiales, que reciben menos dinero y pagan más? La exigencia se debe corresponder con unas responsabilidades, que no están del todo claras.
14) Gobierno es Gobierno, y como tal tiene la influencia para desacticar el paro. La maquinaria del Estado, el control de la autoridad, la fuerza pública, la incidencia sobre los medios de comunicación y la habilidad para distraer y desanimar a la opinión pública con respecto a las protestas.
15) El cambio en la estrategia presidencial. Aunado a lo anterior, el Gobierno ha fallado en su comunicación al país sobre el real problema de la educación superior. Si el gobierno cambia de modelo de comunicación podrá demostrar que es el principal interesado en solucionar el tema, quitándole el protagonismo a los estudiantes.
16) La no rendición de cuentas de la universidad pública, que no puede actuar como la niña bonita, a la que todos miran y quieren, pero que crece, adquiere mayoría de edad, y no rinde cuentas, no entrega contraprestación a lo recibido, sólo exige y amenaza todo el tiempo. Los colombianos no tienen forma de responder -lamentablemente- para qué sirve su unievrsidad pública, por qué unos pagan mmás que otros, por qué unas reciben más dinero que otras, por qué si las matrículas son muy bajas (con respecto a la universidad privada) sus egresados poco o nada retibuyen al Estado el esfuerzo económico que se da para su formación….
17) La polarización del país, fuera de que no permite avanzar, lleva necesariamente a que en algún momento quienes critican al movimiento estudiantil y su causa, terminen adquiriendo protagonismo y desvirtuando la misma. Aunque el presidente Duque se ha visto fuertemente golpeado en su popularidad, es el presidente y tiene la forma de voltear la opinión pública, y si siguen mostrando al presidente como el culpable de la situación, los defensores del presidente terminarán hallando el escenario para “voltear la torta” y culpabilizar de la misma a los estudiantes.
18) ¿…Y los profesores?. Otra masa ambigua y confusa, que parece aprovecharse para mimetizarse en las marchas, sin un discurso claro, distante de la argumentación profesional que se espera de ellos, y más cno un carácter sindical, cada vez más minoritario, y con más intereses económicos -salariales. que de proyecto de país desde la universidad.
19) El costo institucional de la gratuidad. El país no dimensiona qué significa la educación superior como un derecho, y así lo entendiera, tampoco podría comprender cómo el pleno subsidio o gratuidad de la misma, podría darse sin afectar los beneficios, subsidios y programas de los otros sectores sociales (salud, seguridad, infarestructura, pensiones…). Si bien el tema es importantísimo, no parece ser la agenda esencial de los universitarios. De cerca de 500 mil universitarios que están en paro, de un universo de casi 4 millones de estudiantes (incluidos los de la formación para el trabajo), muestran que el movimiento no es tan nacional como se creyera, aunque sí mediático.
20) La llegada de nuevos posibles actores protagonistas. Un CESU revitralizado (difícil pensarlo, pero posible), un cambio en la estrategia del Ministerio, la consecución de uno o dos grandes altos comisionados para el diálogo, una jugada magistral del SUE, un actor no esperado que aparezca en escena, entre otros factores, pueden distraer la opinión y lograr que la atención pública cambie de foco y los estudiantes se vayan desvaneciendo.
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