Disponer de información acerca de los egresados de los programas académicos de las universidades se ha constituido en una actividad cada vez más incorporada al quehacer de las instituciones de educación superior. Poco a poco se deja atrás el olvido al que han sido enviados los que por varios años fueron sus estudiantes y que ocuparon la preocupación de docentes y administrativos. Quienes llegaron para formarse como profesionales en las aulas y para aprender un rol que marcaría su destino personal ya no contaban entre las prioridades de los planes institucionales. Han sido, durante muchos años, los olvidados por su carácter de egresados.
¿Por qué las instituciones de educación superior han incorporado la atención de los egresados como una de sus preocupaciones? Algunas razones son las responsables de este cambio de perspectiva:
- Una de ellas es el giro perceptual de la oferta a la demanda. Los mercados del sector económico han cambiado el punto de equilibrio de la relación oferta/demanda. Si antes los oferentes eran los protagonistas y los consumidores debían plegarse a las posibilidades puestas a su disposición, en la actualidad los clientes condicionan la producción con las expectativas que tienen de adquirir o no los productos. Este cambio ha sido llevado a la funcionalidad de organizaciones, de servicios y de medios de subsistencia. En el campo educativo ha ocurrido fenómeno similar.
- Otra razón de este cambio es el vuelco que está tomando la visión de las instituciones hacia el contexto. Tradicionalmente, las instituciones daban prelación a sus principios y formas de acción para cumplir con sus objetivos; en la actualidad, una mirada al contexto se hace necesaria para el desarrollo de sus operaciones.
- Una razón adicional es el ritmo de obsolescencia de los conocimientos y, desde luego, la urgencia de su renovación; es allí donde los egresados se constituyen en una fuente necesaria de información pero también de motivación y de referencia. En décadas pasadas los cambios eran prácticamente imperceptibles en sociedades tranquilas y en aguas mansas; en la actualidad, al contrario, los ritmos, las velocidades y los cambios de perspectiva están a la orden del día. El cambio se convirtió en la constante.
- Otra razón es la dinámica de las necesidades en relación con la capacidad institucional de responder a ellas. Cada vez surgen nuevas necesidades que, una vez satisfechas, dejan el espacio libre para que entren nuevas a sustituirlas en una cadena sinfín.
En este contexto de cambios acelerados e irreversibles, algunas instituciones han incorporado la función de desarrollar tareas de seguimiento de los egresados mediante la dedicación de uno u otro funcionario a establecer contacto con ellos para recabar información sobre sus actividades posteriores a la vida universitaria. Otras instituciones han ido más lejos en tanto han creado unidades administrativas, con recursos y con personal suficiente, no sólo para actualizar sus bases de datos sino para invitar a sus egresados a actividades propias de la vida académica universitaria. Otras instituciones han abierto espacios para los egresados dentro de sus estructuras administrativas y los han incorporado a sus actividades y, desde allí, ellos contribuyen a fijar un faro de referencia para los proyectos institucionales. Ellos son, entonces, los calibradores del sentido y de la orientación de sus ofertas y, sobre todo, de qué tan bien desarrollan las instituciones su misión y cómo se dirigen a su visión.
De dónde proviene ese cambio de giro? Dos fuentes han precipitado esta preocupación nueva para las instituciones de educación superior. Una de ellas es la normatividad interna y los lineamientos orientadores de parte del Estado. Las normas de la Ley 30 de 1992 y de la Ley 115 de 1994, con sus desarrollos posteriores, se han convertido en obligatorias para todas las organizaciones de educación superior. Los lineamientos provienen del Consejo Nacional de Acreditación, las cuales tienen un carácter voluntario para aquellas instituciones de educación superior que han decidido someterse a una evaluación de pares externos y obtener el reconocimiento del Estado como programas e instituciones de calidad.
La otra fuente ha sido una tendencia internacional que proviene de países del primer mundo que han desarrollado procesos y que han indicado caminos para la educación superior en un mundo cada vez más globalizado. La Unesco, Cresalc, la Comunidad Europea, el proyecto Tunning europeo, y la versión para América Latina, son sólo ejemplos de organismos o proyectos que actúan en la misma dirección ya sea como acuerdos multilaterales o como expansión de iniciativas de un contexto que se irradian a otros mediante procesos de difusión.
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