Aún no es el tiempo de la educación

El analista Héctor Riveros, en La Silla Vacía, analiza cómo los mismos problemas de la educación de hace 20 años parecen repetirse hoy, y da cifras preocupantes sobre el sistema.

Un grupo de expertos se dedicaron durante varios meses a discutir sobre la situación de la educación con el fin de formular recomendaciones al Presidente sobre cómo mejorar la calidad de la educación. El grupo entregó al Presidente de la República el informe de su trabajo que, entre otras cosas, recomienda ofrecer la carrera de Pedagogía en programas profesionales de cinco años, con elevados requisitos de ingreso, y becas a los mejores estudiantes de cada departamento que quieran dedicarse a esta profesión; renovar la formación continuada de los docentes y su perfeccionamiento en la pedagogía o en la disciplina central, en cursos prolongados, al menos de 120 horas. Además, privilegiar el fomento de la actitud investigativa y estudiar la viabilidad de una serie de incrementos salariales significativos para los docentes, como se hizo para otras ramas del servicio público.

El Presidente, en los últimos días de su gobierno, recibió complacido el informe y señaló que debería ser la hoja de ruta para quienes ocuparan la presidencia en adelante.

El hecho ocurrió en julio de 1994, la misión de expertos recibió el nombre de Misión de Sabios y estaba encabezada por nadie menos que Gabriel García Márquez. El texto de Gabo para introducir el trabajo es una de sus más bellas páginas.

En febrero de 2014, 20 años después, el Presidente de la República recibió el informe preparado por académicos convocados por la Fundación Compartir en el que se formulan recomendaciones para mejorar la calidad de la educación. Esta se concentra en una propuesta dirigida al  mejoramiento de la calidad docente, “sin desconocer la incidencia que tienen en la calidad de la educación factores como las características socioeconómicas de los estudiantes, la dotación escolar, los currículos, los materiales de aprendizaje, la organización escolar y el liderazgo de los rectores”.

El estudio recomienda –entre otras- generar incentivos para que los mejores estudiantes quieran ser docentes, promover la evaluación y la investigación para el mejoramiento continuo y mejorar la remuneración y reconocimiento de los docentes.

El Presidente, en los últimos días de su gobierno, recibió complacido el informe y señaló que debería ser la hoja de ruta para quienes ocuparan la Presidencia en adelante.

Que la misma escena se repita 20 años después en forma casi idéntica y dramáticamente casi con los mismos resultados es absolutamente desalentador.

No se puede decir que en este lapso no se haya hecho nada o que no se ha hecho lo correcto como para que tanto esfuerzo de instituciones públicas y privadas no haya producido ningún avance significativo en materia de calidad de la educación. Lo que ocurre es que han sido esfuerzos aislados, sin relevancia política y sin réditos electorale.  Es decir, sin incentivo para que los políticos se interesen genuinamente en el tema.

No le ha llegado el momento a la educación, como llegó en otros países. En Chile –por ejemplo- para mencionar el último y más a la mano, en donde el tema principal de las elecciones presidenciales que ocurrieron recién –como dirían los chilenos- fue la educación en general y en particular la educación superior.

En Colombia no es un tema relevante electoralmente: los medios no le dedican mucho espacio, los electores son indiferentes a las propuestas que haya en ese sentido y la mayoría de los políticos lo mencionan solo por cumplir.

A mi juicio, el mayor problema de la educación en Colombia no es su mala calidad, que por supuesto es un problema grave, sino que es el mayor factor de desigualdad de nuestra sociedad.

La calidad en promedio es muy mala. Pero vista en detalle, un pequeño porcentaje de la sociedad concentrado en cuatro o cinco ciudades que acude a colegios privados de alto costo recibe una educación infinitamente superior a la que reciben la mayoría de los niños y niñas de nuestro país.

Ese, que es un enorme problema en la educación básica y media, se repite y diría que se multiplica en la educación superior. Al respecto se publicó hace pocas semanas un estudio realizado por investigadores del Banco de la República que tiene unas cifras de ponerse a llorar:

La cobertura llegó al 42 por ciento, con un crecimiento importante en los últimos años, crecimiento que se explica por el aumento considerable de los cupos en el SENA en el anterior y el actual gobierno.

Es decir, que el gran logro en materia de cobertura de educación superior son los cursos que le ofrecen a los jóvenes de estratos socio-económicos más bajos la posibilidad de ganarse un salario mínimo. Mientras tanto, los que recibieron la educación de calidad en la educación básica y media dominan otra lengua, se especializan en el exterior y tienen la expectativa de ganar al menos seis salarios mínimos en su primer empleo.

En el medio hay millones de jóvenes que logran estudiar en alguna universidad privada de discutible calidad para terminar en el mercado laboral ocupando lugares que no corresponden a su formación.

Unos daticos del estudio del Banco de la República para provocar la depresión o la acción dependiendo de la actitud que usted tenga ante la vida:

La Universidad Abierta y a Distancia es la universidad con más estudiantes, un poco más de 52.000. La Nacional llega a 42.000.

La inversión estatal en educación superior en 2001 era de 1.04% de PIB, en 2012 fue de 0.96.

En el Cauca y el Chocó, la cobertura en educación superior disminuyó en los últimos diez años y el número de estudiantes en la Universidad del Valle es menor hoy que en el 2010.

La tasa de deserción al llegar al décimo semestre es de 47 por ciento.

Solo el 5 por ciento de los docentes tiene nivel de doctorado y están concentrados en no más de 10 universidades.

¿Sigo?

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