Agosto 27/20 Es la Univ. pública que menos dinero recibe por estudiante. Apoyos del MEN sólo alcanzaron para dar 16% de descuento a estrato 1, pero rompe récord de matrícula.
Es difícil explicar el fenómeno de la UNAD para aumentar su demanda por encima del promedio de todas las IES, y consolidarse como la más grande del país, entre públicas y privadas. En 2015 su matrícula rodeaba los 50 mil estudiantes, y podría cerrar 2.020 con tres veces más.
Mucho se ha hablado del miedo del sector a una alta deserción en este segundo semestre de 2020 por culpa de la pandemia. Si bien no se conocen los resultados de las IES privadas, al parecer la situación de las públicas es positiva. IES como Univalle, ITM, Tolima y Pascual Bravo, entre otras, han reportado una matrícula más alta para el nuevo periodo.
Si el promedio de la matrícula en las IES privadas baja, es posible que muchos de esos desertores estén migrando a las públicas. Los apoyos de sus gobiernos locales han sido determinantes para ofrecer matrícula cero a parte o todos sus estudiantes.
El caso de la UNAD es diferente. Como es una IES nacional depende de los aportes del Gobierno central, pero estos sólo financian el 15.9 % de su funcionamiento, y el 84.1% restante debe ser cubierto, en gran medida con valores de matrícula.
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| Esto explica que, siendo una IES pública, su matrícula promedio esté alrededor de los 1.5 millones de pesos, superando el promedio del sector. A pesar de haber sido la universidad pública con menos descuentos de matrícula, 2019 lo cerró con 135 mil estudiantes y, según las proyecciones, 2020 podrá hacerlo con cerca o más de 150 mil, en todos sus sistemas (desde educación superior, hasta formación continuada, permanente, educación para el trabajo, e idiomas). |
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¿Qué incide en este resultado?
No es fácil decirlo. Ser una de las pioneras en formación virtual en el país, tener seis periodos de matrícula al año (en 2020 aún le quedan dos fechas de matrícula), tener presencia en la mayoría del territorio nacional con 65 sedes físicas, llegar a gran parte de la población más necesitada de educación, su estructura administrativa y dirección de 15 años de parte de su rector, y la cercanía de la acreditación institucional, pueden ser algunos de los factores.
Lo cierto es que el caso UNAD invita a revisar:
1) La magnitud, coherencia y pertinencia de los aportes del gobierno nacional a la educación superior pública, y el modelo de asignación de recursos de la Ley 30 de 1992.
2) El concepto de gratuidad como supuesta condición de base para mejorar cobertura.
3) La pre-disposición del sistema de educación superior hacia la educación virtual.
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Recursos para y desde la UNAD
La UNAD también es la universidad pública que cuenta con más beneficiarios de Generación E que, voluntariamente, escogieron esa universidad, para estudiar con apoyos del gobierno nacional. Son cerca de 10 mil los matriculados con esta opción.
Fuera de ellos, de los 97.500 millones de pesos que el Ministerio de Educación entregó a las IES públicas, que ayudaron a muchas de éstas a dar gratuidad, a las UNAD le entregaron 5.117 millones que, por el gran volumen de estudiantes, solo alcanzaron para dar un 16 % de descuento a los de estrato 1.
El resto no contó con descuentos formales, salvo los que podrían conseguir con los muchos convenios que tiene la Universidad con empresas, asociaciones y entidades territoriales, en desarrollo de un “Plan de Solidaridad Extendida”, aunque esto no cubre plenamente a todos.
Según el rector Leal, “si el Gobierno Nacional fijara su voluntad en afianzar la modalidad virtual, se estaría sembrando esperanza y viabilidad en el proyecto de vida de cada ciudadano, no importando su edad, su condición económica ni su ubicación geográfica. Los aumentos en matrícula, retención y permanencia estudiantil confirmarían que estamos en el camino apropiado para la transformación educativa del país”.
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