De los retos de la formación del negociador internacional: William Moreno – marzo/22

De los retos de la formación del negociador internacional: William Moreno – marzo/22

William Moreno López (*), docente universitario reflexiona los referentes, contextos y retos de la formación de los negociadores internacionales, a propósito de la reciente celebración de su día.

El 18 de marzo ha sido institucionalizado en Colombia el Día del Negociador Internacional, y en virtud de ello vale la pena resaltar la importancia que, en la formación del profesional en negocios internacionales, debe tener el estudio y comprensión de la dinámica actual de la economía, como sea que contexto general en el que transcurre esta actividad profesional.

El programa de Negocios Internacionales integra las tendencias actuales de la globalización en las empresas y, por supuesto, la inversión, el comercio, la competitividad internacional. Desde este planteamiento, se visualiza la globalización como un elemento muy importante, primero porque es esta tendencia la que inspira la creación e impulso de los Programas de Negocios Internacionales y segundo, porque los egresados como negociadores internacionales, habrán de desempeñarse en un mundo competitivo y globalizado. La globalización constituye, entonces, el elemento común de contexto en el que transcurre, tanto la formación como el posterior desarrollo laboral del profesional de los negocios internacionales. 

En efecto, en el ámbito académico es recurrente señalar a la globalización como marco general dentro del cual trascienden los más diversos hechos, que surten múltiples análisis que, como punto de partida se abordan -de manera tácita o explícita- desde la premisa según la cual, ésta constituye el proceso en el que se enmarca la actual tendencia de profundización de las relaciones económicas internacionales; no obstante, menos fácil que su pronunciación resulta la comprensión de sus complejidades, el dimensionamiento de sus alcances y la ponderación de sus implicaciones.

En su sentido más amplio, la globalización, como proceso expansivo de los mercados, encuentra la explicación de su proceso en el origen mismo del capitalismo, incluso desde su etapa mercantil, la ampliación continua de los mercados es una condición para la reproducción del sistema capitalista; así lo revela su teórico más clásico Adam Smith quien ya, desde 1776, comprendía la importancia de este hecho tal como lo plantea en el capítulo III del libro I de su “Riqueza de las Naciones” en que da cuenta sobre la importancia que para el sistema capitalista tiene la extensión o tamaño del mercado. Smith, quien es además testigo de excepción de la Revolución Industrial, no se equivoca, la expansión que se da a partir de entonces y durante todo el siglo XIX, motivada desde una visión del mundo entero como un mercado por conquistar, nutre las pugnas entre los países que se han industrializado y desembocan en la I Guerra Mundial.

Pero si la ambición es infinita, las pretensiones expansivas resultan tan limitadas como el tamaño del mundo, la saturación de mercaderías en 1929 genera la primera Gran Crisis del capitalismo y, con ello, el replanteamiento del modelo de acumulación. Aparece entonces el Estado como el gran redentor del sistema y asume un papel interventor a fin de garantizar su sostenibilidad, para ello,  establece alianza con empresarios y trabajadores en un Pacto social que sellaría el Estado de Bienestar y que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, perduraría durante 30 años de gloriosa expansión capitalista.

Los años 70 del siglo XX marcan dramáticos cambios: los avances científicos y tecnológicos que generan la informática, la telemática, la cibernética, la robótica, la biotecnología, etc., inducen un crecimiento sin precedentes en la productividad; los países del sudeste asiático, en cabeza de China, arriban al mercado capitalista; la cartelización de los países productores de petróleo y el control de esa oferta presionan el alza de precios en un 500%, los elevados precios del combustible aunados a la financiación de la Guerra Fría que originó la Segunda Posguerra, provocan el rompimiento del régimen de tasas de cambio fijas.

El crecimiento de la productividad, que se logra en virtud de la aplicación de los avances científicos y tecnológicos, generaría una creciente oferta de productos que se verá incrementada por la llegada de mercadería procedentes de China; la sobreoferta induce una baja en los precios que se traduce en reducción de la tasa de ganancia del productor, esta situación se hace extensiva para todo el sistema capitalista lo que provoca una nueva crisis general del capitalismo, cuya gravedad demanda la reconfiguración del modelo de acumulación.

Motivado por la restitución de la tasa de ganancia, el nuevo modelo de acumulación apunta hacia la reducción de los costos por empleo de los factores (fuerza de trabajo y materias primas) y reclama mayor movilidad para el capital, de manera que pueda ubicar sus inversiones cerca a la fuente de materias primas y en donde la mano de obra sea menos costosa; en esa misma perspectiva exige el desmantelamiento del Estado y su retiro de aquellas funciones sociales que no son propias del mercado tales como la educación y la salud, la suspensión de los subsidios y el retiro de aquellas empresas públicas a las que administra o de la que es propietario. Así, los procesos de reducción de costos laborales, la flexibilización laboral, la apertura económica y comercial a disposición del capital, las privatizaciones y la reducción del gasto público, quedan a la orden del día y serán los elementos de ajuste económico que configuran el denominado modelo neoliberal de la economía; un modelo en que el retorno al sistema de libre juego de las fuerzas del mercado, robustece el gran capital, en tanto, subordina al Estado.

La nueva situación de dominio del capital, en el afán por recuperar su tasa de ganancia, se ve fortalecida en el panorama mundial por la caída en 1989 del socialismo real, acontecimiento que pone fin a la Guerra Fría y deja al capitalismo como sistema hegemónico en el mundo, luego de 72 años de bipolaridad. Este escenario evoca la visión del mundo como un gran mercado por conquistar y da lugar a la globalización, en una nueva acepción, matizada por el uso de las ya referidas nuevas tecnologías en las que se avanza desde los 70.

En su dinámica actual, la globalización ha generado un veloz proceso de integración e interdependencia económica entre los países de todo el mundo, en una dinámica que estimula la articulación de las economías locales y regionales con la economía mundial de mercado, interconecta sociedades y, como uno de sus rasgos más marcados y de mayor incidencia: favorece la libre circulación de capitales los que hoy pueden, literalmente, viajar a la velocidad de la luz en virtud del uso de las tecnologías de comunicación digital.

En efecto, la libre circulación de capitales aunada a la oferta de los más diversos productos financieros que, conocidos como derivados, proliferan en los mercados de capitales tras la caída de las paridades fijas en 1971, traza la ruta por la que se encamina la economía de manera cada vez más decidida hacia la financiarización, esto es, a un escenario en el que se privilegian las inversiones en el flujo nominal de la economía en desmedro del sector real. La libre circulación de capitales contrasta con la movilidad de bienes la cual, continúa haciéndose por la vía de los transportes marítimos, o aéreo, en el mejor de los casos; es en este desfase entre flujo financiero y flujo real, en el que habrá de encontrarse el origen y naturaleza de las actuales y, cada vez más frecuentes, crisis capitalistas, es aquí donde cabe el cuestionamiento, al que no debe permanecer ajeno el negociador internacional: ¿en donde se generan los recursos que remuneran los rendimientos de las inversiones financieras? ¿los papeles y títulos, generan por si mismos dinero incrementado?  ¿No es acaso la producción la única fuente de riqueza?

Una economía financiarizada, demanda de negociadores internacionales con amplios y claros conocimientos en el mercado de capitales, manejo de los indicadores financieros que, como la tasa de interés y la tasa de inflación en cada país, se tornan en determinantes en las inversiones; así mismo, de las tendencias que muestran las tasas de cambio, a efectos de proyectar riesgos y expectativas en los negocios. El negociador internacional debe tener claro el proceso que generan los cambios y movimientos del sector nominal y su incidencia sobre la economía real: las inversiones, la producción, el empleo, la acumulación.

En un mundo en el que la internacionalización económica trasciende hacia los más diversos aspectos, el negociador internacional exitoso deberá entender que su quehacer va más allá de una simple compra y venta de bienes y/o servicios en el mercado internacional, es mucho más que tramitar exportaciones e importaciones.

Así, por ejemplo, en el proceso de integración económica que caracteriza la globalización, Colombia suscribió un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos cuya implementación empezó el 15 de mayo de 2012 y del cual, actualmente, resiente profundas consecuencias sociales, es tarea para estos profesionales proponer alternativas orientadas a subsanar las falencias de aquella negociación; la producción amigable con el medio ambiente, que reclama la expansión global de la economía, demanda también del concurso de negociadores que estén prestos a garantizar que las inversiones extranjeras procedan consecuentemente; las diferencias limítrofes entre Nicaragua y Colombia, traspasan el oficio meramente diplomático y requieren el acompañamiento de negociadores internacionales integralmente formados.

Esto es solo por citar algunos casos de plena vigencia, los que si bien, muestran la gran variedad de escenarios para la actividad de los negociadores internacionales, también señalan el enorme compromiso que, con el campo del saber, deberán adquirir estos profesionales. No se puede concebir el desempeño exitoso para un negociador internacional que desconozca el funcionamiento del sistema de las Naciones Unidas y de los organismos multilaterales; Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio, Banco Interamericano de Desarrollo, cruciales para el proceso de internacionalización de la economía, así como también el papel de las alianzas que configuran los bloques económicos regionales como la Unión Europea, los países asiáticos y, a nivel regional en el hemisferio americano, la CAN, Mercosur o Caricom.

Finalmente, la diversidad de posibilidades que brinda la globalización en el desempeño del profesional de los negocios internacionales, puede ser aprovechada ampliamente en la medida en que se apropie la mayor comprensión de ese proceso.

Estas palabras, menos que abrumar, pretenden motivar el optimismo entusiasta y sirven la ocasión para el compromiso hacia el desempeño laboral exitoso, algo que inexorable llegará a través del fortalecimiento del saber que procura la exigencia académica; sean estas, motivo para brindar por una feliz y promisoria celebración del Día del Negociador Internacional, así como para la reflexión en los próximos días.     

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William Moreno López: Economista, Magíster en análisis de problemas políticos y económicos internacionales, Candidato a Dr. en conocimiento y cultura en América Latina. Docente – investigador Corporación Universitaria de Asturias y Catedrático Pontificia Universidad Javeriana. William.Moreno@asturias.edu.co

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