Sobre la participación de los jóvenes y la política en la universidad: Francisco Cajiao

Sobre la participación de los jóvenes y la política en la universidad: Francisco Cajiao

Agosto/24 Sobre los escenarios de participación política de los jóvenes, Cajiao señala, en El Tiempo, que es necesario preservar la universidad como escenario del debate político e ideológico, además de promover su desarrollo en los exigentes campos del conocimiento científico.

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Se está hablando del interés del presidente por capturar las universidades públicas a través de sus delegados a los consejos superiores y del propio ministro de educación. Pero me temo que eso no muestra una justa valoración de la participación política de los jóvenes, pues antes que ciudadanos interesados en la búsqueda de mejores horizontes para el país y para el mundo, los muestra como dóciles instrumentos de un gobierno, obedientes a un rol de agitadores sin capacidad de pensamiento propio. 

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La universidad ha sido escenario central del debate político en momentos críticos de las sociedades contemporáneas. Las transformaciones culturales que se fraguaron en mayo de 1968 tuvieron como protagonistas a los universitarios franceses, lo mismo que ocurrió con la resistencia a la guerra de Vietnam en las universidades de California y otras ciudades de Estados Unidos. Otro tanto podría decirse de las movilizaciones estudiantiles contra las dictaduras en Argentina, Chile y Colombia, para mencionar apenas unos ejemplos.

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Lo que parece mostrar la historia es que el valor de la actividad política universitaria y su proyección en el tiempo suele tener mayor importancia en los aspectos formativos que en los destinos institucionales. Es evidente que de los movimientos estudiantiles han surgido importantes líderes cuyo papel en diferentes escenarios de la vida del país ha sido destacado, uniendo su experiencia de militancia juvenil con su posterior madurez académica y profesional. Por eso es necesario preservar la universidad como escenario del debate político e ideológico, además de promover su desarrollo en los exigentes campos del conocimiento científico. Eso solo es posible si se crean las condiciones de un ambiente universitario que garantice y estimule la pluralidad, pues en la medida en que la discusión tome el rumbo del unanimismo y el adoctrinamiento, las mayorías se irán marginando de su participación activa como por desgracia ha venido ocurriendo.
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Hace unos años fui invitado a dar una conferencia en una importante universidad pública. En el auditorio había cerca de ochenta personas, lo que tenía muy contentos a mis anfitriones, que me decían que ya era difícil juntar más de treinta estudiantes para cualquier actividad como esta, a pesar de que la universidad se esforzaba en invitar gente muy interesante. Y es precisamente en esos escenarios donde se abren los debates políticos importantes, antes que en las asambleas o en los tumultos bulliciosos con encapuchados, consignas y pancartas.
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Desde luego es necesaria la participación estudiantil en el gobierno de las universidades, pero me atrevo a pensar que es aún más importante su opinión sobre asuntos que les atañen directamente como la reforma pensional, o que tienen enorme relevancia como los temas ambientales, la reforma agraria, los desafíos energéticos o los problemas de corrupción. Estos son debates imprescindibles en los espacios académicos donde no solamente se forman los profesionales sino los ciudadanos que tendrán que liderar estos temas en un plazo mucho menor del que imaginamos. Las universidades regionales deben formar a sus dirigentes y de la experiencia de participación que puedan estimular surgirán las posibilidades de desarrollo que requieren.
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En la etapa universitaria se cultivan valores e ideales o se entierran definitivamente. Decía Piaget en alguno de sus estudios, que en este período se cocinaban los grandes sueños y que si eso no ocurría difícilmente sucedería después. Ojalá la mayoría de los estudiantes participaran en movimientos culturales, deportivos, comunitarios o políticos, entendiendo que ellos hacen parte de la construcción de esa compleja red de interacciones y diversidades que constituyen el proceso formativo de la educación superior. Lo grave e indeseable es que grupos minoritarios hagan creer, a base de intimidación y violencia, que ellos representan legítimamente a los miles de jóvenes que en esas condiciones prefieren refugiarse en el silencio y la apatía. 

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