Oct/24 Behrentz, rector de la Institución Universitaria UniGermana, y presidente de INCAP, dice -en Portafolio- que “no vamos a igualar a Petro con Hitler, pero sí debemos darnos cuenta de que la universidad privada vive un momento de significancia histórica”.
Tal como lo he mencionado la universidad privada en Colombia ha sido pilar fundamental del progreso social y económico del país.
Más aún, varias de las más significativas entidades de educación superior de carácter no oficial se han convertido en baluartes del libre pensamiento y la independencia intelectual.
Esto último toma relevancia en la coyuntura política colombiana, en la que el Gobierno Nacional implementa una agresiva y nada vergonzante estrategia para tomarse la universidad pública y convertirla en su aliada de propaganda política y en motor de difusión de sus ideologías, quizá contrarias al Estado de derecho y las libertades democráticas.
El bochornoso espectáculo del nombramiento del rector de la Universidad Nacional es buen testimonio de la agenda del Gobierno en su toma de la educación oficial, y una muestra inequívoca de la forma en que el aparato estatal en Colombia puede cometer toda suerte de abusos, que dejan de ser noticia unas pocas semanas después.
Yo espero que muchos otros logren asimilar el efecto descorazonador asociado con que el movimiento progresista y de promoción de cambio social que llevó al actual presidente al poder, sea hoy el responsable de que la universidad pública no se entienda como herramienta de innovación y movilidad social para nuestros jóvenes, sino como instrumento electorero de un proyecto político que no traerá bienestar a los colombianos.
En este punto vale la pena la referencia histórica a los tristes momentos del auge del nazismo en la Alemania de los años 30 y 40 del siglo pasado. En tales tiempos, numerosas universidades de ese país fueron cooptadas y alineadas con el régimen, eliminando las disidencias intelectuales mientras se promovían ideologías destructivas.
Como lo han señalado historiadores de la época del talante de Ernst Nolte, la “falta de resistencia” de las instituciones académicas fue instrumental para que Hitler consolidara su poder y su capacidad de difusión de la propaganda nazi. Por su parte, en tiempos de la Guerra Fría, universidades públicas y privadas europeas y de América del Norte sirvieron de refugio para intelectuales y activistas que se oponían a los regímenes autoritarios del momento.
Estas instituciones no solo conservaron la libertad de pensamiento, sino que, en muchos casos, fomentaron movimientos de resistencia que terminaron siendo protagonistas en diversos procesos de transformación democrática. Por supuesto que no vamos a igualar a Petro con Hitler, pero sí debemos darnos cuenta de que la universidad privada colombiana vive un momento de significancia histórica.
¿Qué haremos quienes somos parte de sus directivas y consejos? ¿Agachamos la cabeza esperando que el cocodrilo muerda primero a los vecinos? ¿O levantamos la voz legítima y urgente que nos corresponde y cuyo coraje será juzgado por futuras generaciones?
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