La responsabilidad docente ante la polarización contemporánea: Jahir Lombana

La responsabilidad docente ante la polarización contemporánea: Jahir Lombana

Enero/26 En esta ocasión, Lombana indica cómo en tiempos de polarización, enseñar no es tomar partido, sino formar ciudadanos capaces de comprender, argumentar y convivir con la diferencia. 

En otros tiempos se decía que las personas en reuniones no deberían de hablar ni de religión, ni de política, ni de sexo, para evitar peleas entre familiares, amigos y mucho menos desconocidos. Evidentemente los tiempos han cambiado y producto de omitir esa sugerencia de antaño, las discusiones en esos temas han dejado familias rotas o amigos que ya no se hablan. Personalmente, no estoy de acuerdo en la prohibición tradicional de hablar sobre temas que polarizan. De hecho, si se hubiese hablado de forma adecuada de muchos de aquellos que causan discrepancias, posiblemente no tendríamos los problemas de hoy, nunca lo sabremos. La discusión debería más bien centrarse en cuál es esa forma adecuada de abordar las diferencias. Entendiendo que pertenezco a ese gremio y tengo ya un sesgo, sugeriría que la llamada a responder este tipo de cuestiones debería ser la academia. En contextos de creciente polarización social y política, la responsabilidad del docente no es evitar el conflicto, sino formar capacidades críticas que permitan tramitarlo desde la razón y no desde la pasión.

En el plano disciplinar, los que estamos en las ciencias sociales y humanidades tenemos que basarnos en los datos varias veces provenientes de las ciencias exactas, pero muchas más veces de las percepciones cualitativas propias de nuestras disciplinas. Esto supone un problema epistemológico por la validez de los modelos y los límites inherentes de las disciplinas sociales y humanas. En este espacio disciplinar, de los datos surgen argumentaciones para tratar de interpretar realidades que nunca pasarán exactamente, lo que en últimas llamamos modelos. Lo que nos complica aún más nuestra labor pues nunca podremos decir: “a ciencia cierta” o “esto va a ser así” y a la larga no nos creen y empiezan a aducir “es que ustedes los de la academia no han estado en el mundo real”, como si pensar no fuera de lo más real. Sin embargo, con estoicismo continuamos con nuestra labor de enseñar aduciendo que somos por definición inexactos e imperfectos como la naturaleza humana.

Ad portas de comenzar un nuevo ciclo educativo la responsabilidad de los que enseñamos se vuelve mayúscula. Los docentes no estamos para convencer a nadie de tomar una posición o darle una única verdad o para imponer maneras de pensar (adoctrinar). Aunque querámoslo o no, tenemos gran parte de culpa en eso y si se es inconsciente de ello, considero que hay un grave error en la práctica pedagógica. El docente en cambio, debería estar totalmente consciente de darle las bases conceptuales, las herramientas y sugerir fuentes confiables de información y datos (formar criterio) que le permitan al interlocutor, que en las aulas es el estudiante, hacer un análisis crítico y analítico para que tome posición para que el estudiante desarrolle con un carácter crítico y analítico una opinión sustentada y basada en datos que pueda ahora sí con la razón y no con la pasión, suscitar, empezar y sostener discusiones sin que el resultado sean rupturas o peleas con las contrapartes.

Este año empezó con muchas situaciones polarizadoras. En Colombia el alza del salario mínimo, las decisiones para las múltiples elecciones, la coyuntura del vecino país entre muchos otros que no dan titulares. Al mismo tiempo en el mundo, la “Trumpización” de la geopolítica y todo lo que gira a su alrededor, más los acontecimientos que se recogen de años previos, pero que ahora parecen más intensos, quizás por la magnificación en redes o el acceso en primera plana vía teléfono celular de todas las noticias. Para Colombia la polarización no es una novedad: Centralistas vs. Federalistas, Liberales vs. Conservadores y de manera más reciente puede ponerle el nombre de su preferencia y agregarle el sufijo “istas”. Es entonces probable que le podamos decir que la polarización es de nuestra naturaleza y por tanto nuestra responsabilidad docente es mayor para evitar o al menos atenuar el conflicto. 

De todas estas situaciones se crean bandos que con justificaciones de valor (pasión) apoyan sus posiciones o intereses, dejando las justificaciones de valoración (razón) muy de lado. La consecuencia de lo pasional en las discusiones son las opiniones viscerales, descalificadoras y alejadas de contextos que causan desaciertos, tonos incómodos y finalmente rupturas que en un futuro van a ser muy difíciles de volver a unir.

Es difícil controlarse uno mismo cuando en las redes sociales, muchas veces con la complicidad del anonimato, la pasión aflora y sin ningún sustento empírico los denominados influenciadores emiten opiniones que se repiten sin ningún tipo de revisión. Eso sin contar los bots automatizados con sesgos predeterminados por actores con interés específico de polarizar para su beneficio particular. Por otro lado, a los que sí muestran la cara y dejan su huella en la red percibiendo un interés por la razón, con esos sí se podría conversar. Por lo anterior para sugerir como práctica a lo que se viene, con aquellos que dejan su nombre y apellido y su huella digital en la red con un interés meramente pedagógico se podría optar por guiar y sugerir con datos usando la paciencia y evitando cualquier tono de superioridad de la que a veces sufrimos los que nos dicen profesores como para preparar el terreno para lo que se viene en el aula. En tiempos de polarización, enseñar no es tomar partido, sino formar ciudadanos capaces de comprender, argumentar y convivir con la diferencia.

(*) Jahir Lombana lombanaj@uninorte.edu.co es doctor en Economía de la Universidad de Goettingen (Alemania), Magíster en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Especialista en Relaciones Internacionales de la Universidad de Chile con pregrado en Economía de la Universidad del Rosario en Bogotá (Colombia).  Ha sido Director Académico, Director de Investigaciones y coordinador del programa de doctorado en la Universidad del Norte donde actualmente está vinculado como investigador senior y profesor asociado de entorno de los negocios y competitividad en pregrado y posgrado.

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