Fortalecimiento de la democracia desde la universidad: Carlos Hernando Forero Robayo

Fortalecimiento de la democracia desde la universidad: Carlos Hernando Forero Robayo

Mayo/26 Para Forero Robayo, observador de este portal, las universidades deben defender la democracia fortaleciendo pensamiento crítico y los capitales intangibles mediante alianzas, inteligencia colectiva y proyectos interinstitucionales como “Cuidando la democracia”.

Mauricio Vargas titula su escrito ¿Por qué la democracia enfrenta, a nivel mundial su mayor crisis en 80 años?, indicando que en el 2024 hubo un récord de elecciones en el planeta, pero eso no trajo más democracia. Según centros de análisis, especialmente de Francia y Alemania, unos 5.500 millones de personas en todo el mundo viven hoy bajo regímenes autoritarios, en los cuales los derechos ciudadanos están amenazados o, simple y llanamente han desaparecido.

La desinformación y la manipulación de la opinión pública amenazan la estabilidad de las democracias. Frente a ello, la educación superior debe fortalecer la alfabetización mediática, el pensamiento crítico y el análisis de información basada en evidencia. Asimismo, los medios de comunicación y las plataformas digitales deben asumir su responsabilidad en la lucha contra las noticias falsas y la polarización social.

Las universidades del mundo se han ocupado del papel de la educación superior en la consolidación de los sistemas democráticos. En un contexto marcado por la posverdad, los fanatismos ideológicos y las falsas noticias, estas instituciones tienen un importante campo de acción para contribuir para contribuir a la búsqueda de una verdad objetiva que favorezca el bien común.

En sus proyectos educativos, las universidades suelen promover valores democráticos como la pluralidad y la solidaridad, además de fomentar un actuar ético y la formación en competencias ciudadanas dentro del respeto por el medio ambiente. También respaldan, desde la investigación, reflexiones sobre las profundas desigualdades sociales y las alternativas de crecimiento económico. Desde la extensión universitaria acompañan a comunidades vulnerables mediante un diálogo de saberes que fortalece sus capacidades para el desarrollo. Sin embargo, aunque estas acciones reflejan buena voluntad, resultan todavía insuficientes frente a la magnitud de los desafíos actuales.

La profundización de los problemas estructurales exige respuestas colectivas. Pretender resolverlos únicamente desde la individualidad nos mantendrá en las mismas dinámicas sociales. Si se busca modificar realmente dichas estructuras, es necesario construir caminos compartidos que, mediante inteligencia colectiva, articulen esfuerzos de múltiples actores en torno a un propósito común de desarrollo económico, social y ambiental. En este contexto, las capacidades asociativas creadas por las instituciones de educación superior (IES) deben ponerse a prueba y ejercer un liderazgo audaz que permita generar soluciones efectivas y fortalecer su credibilidad ante la sociedad.

En esta dirección, un importante grupo de universidades colombianas acordó trabajar conjuntamente en un programa interinstitucional denominado “Cuidando la democracia”. De esta iniciativa se esperan beneficios significativos para la sociedad colombiana, más allá de la promoción de valores al interior de las comunidades universitarias. Aunque no se conocen públicamente todos los detalles del proyecto, es razonable suponer que cuenta con metas ambiciosas y una formulación rigurosa.

Por ello, de manera constructiva, conviene señalar algunos aspectos que aún no reciben suficiente atención, particularmente los relacionados con los capitales intangibles, los cuales podrían fortalecer este esfuerzo interinstitucional. Existen diversos capitales intangibles que cuentan con metodologías de medición en ámbitos nacionales e internacionales y que guardan estrecha relación con la democracia. Entre ellos se encuentran los capitales ético, social, ciudadano, solidario, cívico, intelectual y simbólico, entre otros, todos orientados al fortalecimiento moral y a la participación ciudadana en el ejercicio democrático, como fundamento de mayores niveles de desarrollo y mejores condiciones de vida para los colombianos.

A propósito de los Intangibles

Expertos como Javier Martínez, quien ha trabajado el tema de la gestión del conocimiento, señalan que las organizaciones están transitando de la administración de activos físicos hacia la gestión de activos intangibles, en el marco de una economía basada cada vez más en el conocimiento. Según este autor, el modelo mental necesario para gestionar intangibles es distinto del utilizado para administrar activos físicos, y ese cambio cultural constituye probablemente uno de los mayores desafíos. Basta observar empresas como Google, cuya valoración en bolsa no corresponde al valor material de sus edificios. En la misma línea, Salvador Alva, exrector del Tecnológico de Monterrey, sostiene que el verdadero valor de una empresa admirada reside en sus intangibles.

En las universidades, la presencia de activos intangibles es aún más evidente. Estos se manifiestan en patentes, know how, productos derivados de la propiedad intelectual, software y aplicaciones tecnológicas, empresas spin-off y startups, permisos de uso, certificaciones de laboratorios y procesos, acreditaciones laborales con reconocimiento nacional e internacional, marcas, así como recursos culturales y medioambientales.

Las capacidades institucionales, especialmente en las universidades, se fortalecen progresivamente mediante la construcción de capitales esenciales para el cumplimiento de su misión. Así ocurre con el capital relacional, valorado en sistemas de aseguramiento de la calidad como el de Italia, donde se reconoce la capacidad de construir alianzas y redes. También sucede con el capital intelectual y el papel que desempeña el estatuto docente en su fortalecimiento; con el capital reputacional, asociado a prácticas de buen gobierno, transparencia y rendición de cuentas; y con los capitales simbólicos que favorecen una gestión más efectiva en determinados contextos. Basta mencionar, por ejemplo, el capital construido a través del deporte y las artes, que permite visibilizar talentos y orientarlos hacia prácticas de responsabilidad social.

Ojalá que los resultados del proyecto asociativo “Cuidando la democracia” contribuyan a la construcción de un nuevo plan nacional de desarrollo que incorpore metas y estrategias orientadas al fortalecimiento de estos capitales intangibles. Autores como Adela Cortina y John Sudarsky ya han desarrollado importantes trabajos sobre capital ético y capital social, los cuales pueden servir de referencia para avanzar en esta dirección.

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