Mayo 2007 / Carlos Mario Lopera P.
La realización, este mes de mayo de 2007, en Manizales, del mal llamado “Pleno Nacional” de Bienestar Universitario, nos motiva a buscar verdaderas soluciones y no paños de agua tibia sobre la manera como la mayoría de IES asumen el tema.
Mal llamado porque, pese al esfuerzo de Ascun, este evento sólo reúne universidades, y deja por fuera al resto de IES.
Además, porque el Pleno consolida las relaciones públicas de los promotores de grupos deportivos y culturales, que porcentualmente reúnen pocas personas de cada IES, pero que son las mismas que se llevan la gran parte del presupuesto. Uniformes, viáticos, desplazamientos y entrenadores de tunas, coros, atletas y equipos de fútbol, entre otros, se adueñan de una significativa porción del 2% que, por Ley, debe destinarse a Bienestar.
Es en el presupuesto donde se “lee” la manera como cada institución hace bienestar. Y la experiencia demuestra que:
- a) El bienestar está, erróneamente, enfocado sólo a lo estudiantil, dejando por fuera docentes y administrativos;
- b) el criterio “político” incide. Semanas culturales, olimpiadas, festivales y grupos como los mencionados, demuestran activismo e impacto, pero no un plan consolidado de formación institucional;
- c) El 2% de Ley 30, muchas veces ajustado con cifras de cócteles y almuerzos de directivos, reflejan pobreza espiritual de algunas IES, para las que bienestar es un “gasto” para la inspección y vigilancia, pero no una “inversión” derivada del deber ser misional.
Y todo esto se da en un ambiente de apariencia. Aparentamos que cumplimos el 2%, y para ello disfrazamos el parqueadero como cancha múltiple; aparentamos llegar a todos, e inventamos un concurso público; aparentamos un ambiente de bien-estar y vamos al pleno nacional a mostrar este “éxito” y aparentamos una excelente infraestructura (a punta de convenios, papeles y proyectos)… mientras se obtiene el registro calificado.
Ahí no termina todo. La más crítica nace en la incoherencia. Todas las IES, sin excepción, coinciden en sus PEIs en formación integral y en ambientes placenteros para la academia, y esto sólo es posible en un verdadero ambiente de bienestar:
Con directores realmente identificados con la filosofía institucional y la gestión universitaria, y no entrenadores, artistas o psicólogos que, por amistad con los estudiantes o algún rector, lleguen allí. Ahí se entiende la poca duración, promedio, en el cargo, de los directores.
Con departamentos de Bienestar que tengan participación en las instancias de decisión académica, como el Consejo Académico.
Con programas relacionadas con el currículo, para que impacten a todos, hasta egresados y padres de familia.
Y con departamentos de Bienestar que, con carácter y autoridad, intervengan sobre la problemática que aqueja nuestra juventud: Alcoholismo, drogadicción, soledad, juego, sexualidad desaforada y vacío existencial.
¿Será mucho pedir?
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