Marzo 2008
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En Colombia sobran dueños y protagonistas de la educación superior, pero no hay dolientes. Son muchos los que viven de la educación y se lucran de ella, pero no hay líderes que muestren su interés por una real causa de universidad que dé la cara al país, por un proyecto académico que, por encima de irrisorias discusiones sobre autonomía, obligue el pensamiento colectivo, al compromiso solidario y a la vivencia en paz en las aulas y enfrente la diferencia. |
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Carlos Lopera Director |
Me refiero a los dueños de las IES privadas. El viceministro Burgos, en entrevista a este Observatorio, ratificó lo que es una verdad por todos ya conocida: que la educación es un negocio muy lucrativo. |
Por ello no sorprende identificar en los cuerpos directivos de un buen número de IES privadas la repetición del apellido del gran fundador. Si estos directivos saben o no, no importa, son los hijos, hermanos, sobrinos y esposa del “dueño”, y todos felices, pues cómodamente viven con los ingresos de la institución.
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Hago referencia al conjunto de instituciones privadas, de prestigio, que consideran que son las únicas dignas de representar a la Universidad en Colombia son ellas, por lo que no pueden “rebajarse” a interactuar con instituciones de menor reconocimiento. Con Rectores que se creen de mejor familia porque ofrecen programas profesionales y no técnicos ni tecnológicos.
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Pero también los dueños de IES pequeñas, caracterizados por un bajo perfil. Lo suyo no es la pertinencia, la flexibilidad, la cobertura educativa y, mucho menos, la calidad. Para ellas, esto no les afecta, pues ese es un “problema” del Estado. Su único afán es lograr el reconocimiento como instituciones universitarias para poder incrementar el valor de la matrícula y seguirse lucrando, mientras que el Estado se queda sólo en su esfuerzo por incentivar la formación técnica y tecnológica.
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Esto en el sector privado. En el público vale abonar el esfuerzo, con o sin buena voluntad, de las universidades oficiales, que se han incomodado para permitir una mayor matrícula, pese a sus expectativas de más transferencias y a los conflictos internos con los otros “dueños” del sistema, los académicos que encuentran en las reivindicaciones sindicales su “aporte” a la construcción de una universidad nacional.
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Entre tanto, el Estado intenta mostrar gestión, con problemas de infraestructura, burocracia, lentitud en los procedimientos y bajo perfil en muchos de los profesionales responsables del fomento, inspección y vigilancia en el MEN. Estas restricciones son las que los rectores nunca alertan, porque les conviene; es decir, en el statu quo, todos felices.
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