Por Jorge Yarce. Presidente ILL
Piensan de otro modo, hablan otro lenguaje (jerga), tienen otro estilo de vida, no se toman las cosas en serio, al menos aparentemente; están inmersos en un ambiente light; nada de formalismos, nada de filosofías ni mucho menos de teologías. La moda es importantísima, los gustos bien refinados, la autoridad discutible; no confían demasiado en los mayores, y todo es opinable, hasta la misma verdad. Sus ídolos no son sus padres, sino los cantantes o deportistas famosos; no tienen contexto histórico: del 2000 para atrás no conocen a casi nadie. Lleras Restrepo pudo ser un baterista famoso, un líder de los desplazados, un fiscal general, de pronto el fundador del Gimnasio Moderno o un alcalde de Bogotá. Gustavo Rojas Pinilla les suena como a boxeador de peso mediado del siglo XX.
Son nuestros hijos, sus amigos o novias o novios, nuestros alumnos, nuestros colegas, nuestros empleados, incluso nuestros jefes. Obviamente su mundo es hasta donde los lleva Internet: Wikipedia sustituye a la Espasa, a la Biblia y al Quijote y a casi todo lo demás. Messenger es el nuevo areópago donde se habla de los divino y lo humano; Facebook es el gran teatro del mundo y Youtube es la pantalla omnipresente donde se exalta lo trivial y se ridiculiza lo trascendente; Los podcaster y los canales de video personales irrumpen con fuerza; Messenger es la herramienta de la relación anónimo-interpersonal y el nuevo foro de las amistades, del encuentro violento o del acoso sexual a grandes y chicos. La vida sexual tiene servida en bandeja la más variada oferta de pornografía, delitos sexuales, desvergüenza, descaro, aberración, mal gusto, ridiculez y desvergüenza. De esa fuente beben niños y adolescentes, si no desde su casa o desde su colegio, desde un café internet o desde la casa de un compañero liberado por sus padres para el uso de internet, o que logra “crackear” todo los filtros que sus inocentes padres le han puesto. Google es el directorio universal y el más gigantesco prontuario de seres humanos: ahí aparecen nuestros datos personales completos, nuestras lecturas, nuestros gustos nuestras fotos, y hasta cosas desconocidas de nosotros mismos: nuestros amigos o enemigos gratuitos. Amazon es el supermercado universal. El Ipod es el primer invento de la humanidad; ahí está todo: video, música, el GPS, la tarjeta de crédito, el teléfono, fotografía, chateo. Todo en uno las 24 horas del día. Se habla ya del Periódico Integral personalizado, con todos los fierros que va a hacer retroceder la prensa tradicional. Se usa para grabar y fotografiar a quien quiere y a quien no quiere ni sabe que lo están enfocando. Ya no ha privacidad porque lo filman a uno en la calle por seguridad y los filman los alumnos con sus celulares, y los amigos por divertirse. Y luego es posible que por gastarnos una broma aparezcamos en Youtube, hasta en paños menores, si nos descuidamos un poco.
Y la Universidad ¿en qué anda? En casi nada. Los profesores, como don Estupendo, repiten por la mañana lo que por la noche estuvieron leyendo en Internet. Criterio, discernimiento, investigación, pensar de verdad, nada eso: seleccionar materiales impactantes, inundar de Power Point las aulas, la historia en fotos y en películas, la religión en comics, la sociología en películas de tesis, y las metodologías del aula tradicional hechas pedazos.
Basta mirar la reciente investigación de la Fundación Telefónica de España sobre las audiencias latinoamericanas de televisión, internet, celulares, videojuegos y demás, para entender que la generación @ es la generación interactiv@ que se apoderó de la cultura y de la educación y que no todo en ella es canto de sirena sino fuente de enormes preocupaciones a nivel de los países. La lectura hecha trizas, la dictadura de la cultura mediática cada vez más creciente; la identidad cultural y las raíces comunes de lengua y tradiciones reducida a jergas ininteligibles o a folclorismos desuetos. Pero eso sí, los Emo kids, los nuevos hippies del año 2009, en pleno furor de ambigüedad, vació y horror ante la vida.
La generación @ no es una moda pasajera. Va para largo, tiene planes para quedarse y afincarse cada vez más. En la U, por supuesto, hacen y deshacen: las tareas no se hacen, simplemente se bajan; las fotos e ilustraciones se copian; aunque la pobreza de la enseñanza virtual es muy grande, afuera se anuncia la Universidad del Pueblo para que se gradué todo el mundo al mínimo precio posible, accediendo a los conocimientos y profesores más importantes del mundo.
Y aquí seguimos tocando el violón de los campos físicos, de las aulas rectangulares donde los alumnos se dan las espaldas, dictando y copiando, entreteniendo a la gente, preparándoles para que el día de mañana les digan “doctores”, que no saben hablar, ni escribir una carta, de ordenar sus pensamientos, no ejercer con altura una profesión. Analfabetas graduados por fábricas de títulos, donde el ánimo de lucro puede más que el construir saber. Dentro de unos años, las universidades de hoy se parecerán mucho a los cementerios.

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co
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