Por Jorge Yarce. Presidente ILL
La Conversión de Colciencias en un Departamento Administrativo dependiente de la presidencia de la república es una buena noticia siempre que eso represente, a la hora de la verdad, un impulso real a la investigación en Colombia. Si la cosa es para seguir con el mismo caminado de siempre, de nada valdrán los cambios jurídicos y nominales.
Todos sabemos de los escasos presupuestos que ha manejado Colciencias en los últimos años, incluso con recortes en los presupuestos del Estado. Pasados 40 años de su creación, y salvados unos cuantos logros, el balance no es para andar con triunfalismos. El atraso científico del país en el contexto del mundo y de Latinoamérica (Brasil, México, Argentina, Chile…) es bastante notable. Eso son los parámetros que hay que contemplar cuando de investigación se trata.
Si queremos una educación de avanzada y una mayor competitividad y productividad en el país, eso tiene que ver mucho con la inversión en investigación. No es para vanagloriarse de los grupos de investigación o revistas clasificadas que aparecen en las estadísticas oficiales, sino para pensar en el número de patentes de invenciones que se registran en Colombia cada año.
En el campo de las universidades, el panorama es preocupante. Colciencias ha contribuido al desarrollo de la investigación en algunas de ellas, es cierto. Sobre todo de las que pertenecen al club de las grandes, a las que en los últimos decenios han mordido una tajada grande del presupuesto del ahora departamento administrativo (Nacional, Andes, Javeriana, Valle, Antioquia, Norte…). En parte porque su nivel las ha hecho meritorias de esas tajadas. En parte porque se ha concentrado demasiado en unas pocas el escaso dinero para la investigación. La descentralización de ese presupuesto también necesita un impulso fuerte para que las regiones y universidades poco favorecidas hasta ahora, den pasos por ese camino.
En Colciencias como en otros entes estatales hay camarillas de funcionarios que llevan años discurriendo en torno a los mismos discursos sobre la investigación, con poca renovación de los esquemas de trabajo. El director de Colciencias, con excepciones, suele ser un burócrata escogido por el gobierno de turno, quien a veces no tiene nada que ver con el mundo que maneja. Los cambios políticos en la dirección hacen que lo permanente sean los funcionarios del discurso desgastado y rutinario que van haciendo nido en las organizaciones, a quienes les encanta practicar la logomaquia, el arte de hablar y de prometer, tan propio de la índole del colombiano.

Jorge Yarce – universidad@universidad.edu.co
Noticia relacionada: Finalmente, Congreso de la República aprobó convertir a Colciencias en Departamento Administrativo
![]()
