¿Abrir 100 sedes de 20 universidades públicas y privadas en Colombia?: Ignacio Mantilla – Nov/18

En educación sólo se perdió el primer parcial. Aún se puede pasar la materia, dice Ignacio Mantilla en su columna en El Espectador. Nov / 18

He oído afirmar en múltiples escenarios que, contrario a lo que se cree, las universidades son las instituciones más conservadoras del mundo en sus estructuras académicas y administrativas. Lo anterior es real, aunque pueda parecer entonces contradictorio que desde los centros más conservadores se promueva la innovación y se desarrolle la investigación científica para transformar el mundo. Pero conservar una forma tradicional de organización, respetando unas jerarquías académicas, permite también evitar errores, es por eso que puede afirmarse que las universidades se equivocan menos que los gobiernos y los universitarios mucho menos que los políticos.

Sin embargo, en los últimos tiempos hemos visto que las cosas cambian tan rápidamente, que de la presión debida a estos continuos cambios no escapan ya ni las universidades. Ellas son arrastradas y obligadas a hacer unas transformaciones rápidas, máxime cuando los nuevos programas de gobierno las incluyen como motores para los cambios. Por lo tanto las universidades se apresuran a ofrecer alternativas, manteniendo su responsabilidad para evitar al máximo las equivocaciones. 

En México, por ejemplo, la propuesta de campaña del presidente electo Andrés Manuel López Obrador de eliminar los exámenes de admisión que las instituciones de educación superior utilizan para el ingreso a los programas académicos que ofrecen busca cumplir con su compromiso de superar la meta, incumplida por el actual gobierno de Enrique Peña Nieto, del 40% de cobertura en el nivel superior. Su propuesta busca también atender el problema del acceso ampliando la oferta a través de la creación de 100 nuevas universidades durante el próximo sexenio. Aun cuando hay escepticismo, si aceptamos que esta propuesta puede ser viable, se incrementaría considerablemente el acceso al nivel superior y por supuesto los mecanismos de selección podrán y deberán ser revaluados. La creación de las nuevas universidades abre el debate sobre estos temas tan complejos y se empiezan a estudiar propuestas con estrategias que pretenden una mayor equidad en el acceso como son las relacionadas con cuotas por estratos socioeconómicos o étnicos. Una alternativa que bien valdría la pena evaluar también en Colombia. 

Si algo se puede destacar de estas propuestas de López Obrador para la educación superior, es que se haya puesto el tema en primera línea para un debate público, cosa que en Colombia no ha obedecido a iniciativa alguna del gobierno, sino más bien como reacción a su falta de iniciativa. Sin embargo hoy, gracias a múltiples actores, se ha logrado también poner la educación superior en un primer orden de la agenda colombiana, aunque aún no alcanza a superar el capítulo de la financiación. Pero aprovechando el despertar de esa sensibilidad por la educación superior, quiero traer un importante punto para la reflexión y el debate, como es el tema de la educación superior en las regiones y por supuesto, como en México, la equidad en el acceso. 

En Colombia hay que comenzar por superar unas viejas y arraigadas posiciones que no nos dejan avanzar. No deberíamos seguir desgastándonos en la eterna discusión entre la educación pública y la privada, entre la financiación a la demanda o el fortalecimiento de la oferta. Aceptemos que necesitamos de ambas y que tanto universidades públicas como universidades privadas pueden comprometerse para llevar a feliz término la formulación y aprobación de una política pública que se nutra de unas y otras, corrigiendo los posibles vicios introducidos al tratar de combinar un modelo norteamericano y uno europeo que ha logrado una desafortunada intersección que contiene principalmente los males de ambos.

Atender la necesidad de educación profesional en las regiones implica poder ofrecer, además del acceso, la misma calidad que han alcanzado las mejores universidades públicas y privadas en las principales ciudades capitales. Para lograrlo, tal vez nadie tiene la solución y probablemente ésta no es única, pero sí en cambio tenemos experiencias exitosas que bien vale la pena imitar. En ese sentido, y reconociendo que los altos costos de una buena educación superior impiden crear nuevas universidades en cualquier municipio de más de 50.000 habitantes, estoy convencido de que en Colombia logramos mucho más fortaleciendo las universidades de calidad y apoyando sedes propias de las mismas en nuevos municipios, que creando nuevas universidades.

¿Por qué no, como lo quiere intentar México, abrimos en 100 municipios colombianos sedes de 20 universidades públicas y privadas para que cooperen y no para que compitan entre ellas? Una red de las mejores universidades en la que los estudiantes reciban los primeros cursos en su lugar de residencia con los mejores profesores de nuestras universidades y luego se trasladen a terminar sus carreras a estas reconocidas universidades actuales.  

Tener 100 nuevas sedes para atender grupos de jóvenes que en su mayoría no son los “pilos”, sino los “nadie”. Esos que no han tenido oportunidad de sobresalir porque desde la cuna han vivido en condiciones marginales adversas y han contado con una pésima educación y que por lo tanto no lograrán ser admitidos a una universidad, a menos que diseñemos programas de admisión especial que brinden equidad para su acceso.

El presidente Duque, que presentó el primer parcial del curso al cumplirse los 100 días de su gobierno, puede aún recuperarse de esta baja calificación y aprobar la materia. Faltan muchos exámenes, pero las calificaciones se promedian al final y si no hay también altas notas, no habrá nada qué hacer. Enfocarse en la educación como meta es una gran oportunidad para que al final de su mandato haya un verdadero legado para las próximas generaciones. Porque como están hoy las cosas, el reconocimiento que la historia dé a su gobierno será directamente proporcional a sus logros en educación. Pero hay que pensar en grande, con nuevos y audaces proyectos y no seguir haciendo remiendos a cuestionados programas que no tendrán más que un mero impacto publicitario.

Los profesores tenemos un especial reconocimiento y aprecio por los malos estudiantes que se esfuerzan y en el examen final logran una buena calificación, destacándose entre los mejores del curso. Así que ánimo presidente, aún quedan muchos parciales, pero el examen final será sobre la educación