Acceso a salud y educación, las peores desigualdades en Latinoamérica

Oct 13/21 Así lo indica encuesta de Latinobarómetro 2020, realizada en 17 países, que muestra cómo estos temas también son aquellos que motivan más a protestar a la ciudadanía.

Ante la pregunta “en su opinión ¿cuáles son las peores expresiones de la desigualdad en su país?”, estos son los resultados de la región, comparados con Colombia:

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Desigualdad América Latina Colombia
En el acceso a servicios de salud 47 % 65 %
Acceso a la educación 43 % 56 %
Oportunidades de trabajo 42 % 54 %
Desigualdad ante la justicia 40 % 44 %
Entre ricos y pobres 35 % 44 %
En el acceso a los servicios públicos 29 % 35 %
En la desigualdad ante la ley 28 % 37 %
En el trato entre clases sociales 27 % 37 %
Entre hombres y mujeres 24 % 29 %
Entre razas y etnias 22 % 29 %
En el tiempo de transporte al trabajo 20 % 22 %
En el ingreso 20 % 28 %
En el acceso al poder 17 % 25 %
En las zonas urbanas y rurales 16% 22 %
En el ejercicio de la ciudadanía 9 % 11 %

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El estudio se aplicó entre el 26 de octubre de 2020 y el 15 de diciembre. En plena pandemia y, en el caso de Colombia, antes del paro nacional de 2021.  Desde entonces, señala el estudio, Colombia ya mostraba ser uno de los países con mayor disposición a la protesta.

No obstante estos resultados de esta firma regional de encuestas, con sede en Chile, la educación ocupa el último lugar entre las mayores preocupaciones de la mayoría de los latinoamericanos, muy por debajo de la economía, la política y la corrupción.

Difícil de comprender, mas solo el 4 por ciento de los latinoamericanos cita la educación entre los mayores problemas de su país, según la encuesta de casi 20.000 personas. 

Para aportar una mirada a estos resultados, a continuación se reproduce el análisis del periodista argentino, Andrés Oppenheimer, en El nuevo Herald, titulado “Cómo superar la catástrofe educativa de América Latina”:

Cuando la gente habla de los mayores problemas de América Latina, por lo general comienza citando la corrupción gubernamental, el crimen y el desempleo. Si me preguntan a mí, uno de los mayores problemas de la región, en comparación con lo que he visto en Asia y otras partes del mundo en desarrollo, es la falta de una cultura familiar de obsesión con la educación. Sí, leyeron bien, no estoy hablando del fracaso de los gobiernos en mejorar los estándares educativos, sino de la falta de una conciencia de la ciudadanía sobre la importancia de tener buenos sistemas educativos. Una nueva encuesta lo deja muy claro.

La nueva encuesta de Latinobarómetro, una firma regional de encuestas con sede en Chile, muestra que la educación ocupa el último lugar entre las mayores preocupaciones de la mayoría de los latinoamericanos, muy por debajo de la economía, la política y la corrupción. Solo el 4 por ciento de los latinoamericanos cita la educación entre los mayores problemas de su país, según la encuesta de casi 20.000 personas en 18 países latinoamericanos. En algunos países, los datos son aún más alarmantes: en México, Colombia, Ecuador y Venezuela, solo el 2 por ciento de la gente citó la educación Cómo un problema nacional importante. En Argentina, Guatemala y Honduras, la cifra fue de solo el 3 por ciento.

La ausencia de una cultura de obsesión familiar por la educación es una de las principales razones por las que América Latina ha perdido tanto terreno frente a los países asiáticos en las últimas décadas. Mientras que las familias asiáticas invierten gran parte de su tiempo y dinero en la educación de sus hijos, eso ocurre mucho menos en América Latina. A modo de ejemplo, hay 758.000 estudiantes extranjeros de países asiáticos en las universidades estadounidenses, en comparación con solo 80.200 de América Latina, según el informe “Open Doors” del Departamento de Estado. Por supuesto, la población de Asia es mucho mayor. Pero eso no explica por que los países asiáticos envían a tantos más estudiantes a las mejores universidades del mundo que países latinoamericanos con poblaciones similares. Hay casi 24,000 estudiantes extranjeros de Vietnam en las universidades estadounidenses, en comparación con 14,300 de México que tiene una población más grande y está mucho más cerca de Estados Unidos. Y hay más estudiantes de Bangladesh en Estados Unidos que de Colombia, a pesar de que Bangladesh es un país mucho más pobre. Al contrario de lo que muchos creen, la mayoría de los estudiantes asiáticos no son becados por sus gobiernos. La mayoría de ellos estudian en el extranjero con los ahorros de sus familias.

Asimismo, la falta de una cultura de pasión por la educación en América Latina se hace evidente en los resultados de las pruebas internacionales PISA, de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias. Los estudiantes de China, Singapur y Macao sacan las mejores calificaciones, mientras que los jóvenes latinoamericanos se ubicaron en la mitad inferior de la lista. Lo que es peor, algunos países latinoamericanos, cómo México, han abandonado recientemente la prueba PISA. En lugar de intentar medirse con el resto del mundo y tratar de corregir sus problemas educativos, el gobierno mexicano ha optado por la negación total de la crisis educativa. Esa es una receta para perpetuar la pobreza, porque vivimos en un mundo en el que el trabajo mental se cotiza cada vez mas, y las materias primas cómo el petroleo, o el trabajo manufacturero, cada vez menos. ¿Qué habría que hacer? La solución no va a venir de los gobiernos. Invertir en la educación de calidad significa gastar más en la formación de los profesores, y eso rinde sus frutos en mucho tiempo, mientras que los gobiernos solo quieren invertir en aquellas cosas que les ayuden a ganar las próximas elecciones. La solución es crear una cultura familiar de obsesión por la educación. Los empresarios, los medios de comunicación y los grupos cívicos deberían invertir mucho más en campañas de concientización pública sobre la importancia de la educación, para presionar a sus gobiernos para que mejoren los estándares educativos.

Mientras solo el 4 por ciento de los latinoamericanos cite la educación cómo una de sus principales prioridades, los gobiernos seguirán sin hacer nada, y la región seguirá perdiendo terreno en la economía mundial.

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