Acerca de las críticas a la ministra de CTI: Jorge Mahecha G. – Ene/20

Análisis de Jorge Mahecha G., profesor del Instituto de Física, Universidad de Antioquia.

La conformación de la nómina de administradores del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación produjo gran interés en la llamada comunidad científica. En Colombia ese interés es diferente al que se produce respecto a otros ministerios, porque en CTI no se manejan enormes presupuestos como los de, por ejemplo, infraestructura. No es “guerra de intereses económicos” lo que se mueve allí, sino “Guerra de Egos”. Eso se evidencia claramente en las reacciones que produjo el nombramiento de Mabel Torres como ministra de CTI. Entre algunos “científicos” se tuvieron apuestas sobre posibles nombres, donde las más opcionadas eran personas cercanas al partido de gobierno. Por esto resultó sorpresivo el nombramiento que se anunció recientemente. Si hubiera recaído en una persona de las élites no habría originado mayores reacciones en dicha comunidad, porque “se sabe” que los altos cargos están reservados a gentes aristocráticas. Esos altos cargos son para personas provenientes de prestigiosas universidades privadas, mientras que Mabel Torres es egresada de universidades públicas (Universidad del Valle y Universidad de Guadalajara). Hay otros elementos que pueden interpretarse como gestos del gobierno a favor de políticas “incluyentes”, posiblemente orientados a mostrarse tolerante respecto a algunas de las razones del Paro Nacional (con los cuales ganaría apoyo de algunos sectores, aunque ya produjo rechazo entre los que tienen respeto ciego por los rituales de la llamada comunidad científica). Pero no es a esos intríngulis que me voy a referir (ni a los cálculos y acuerdos políticos que debieron soportar la decisión), sino a la reacción que el nombramiento produjo, especialmente entre personas que se consideran a sí mismas como poseedoras de mejores méritos para el cargo y en otras personas que sintieron que no merecían tener como jefe a una persona de su mismo nivel o inferior. Voy a discutir algunos de los cuestionamientos “éticos” y “científicos” proferidos “ad hominem” en contra de Mabel Torres.

Algunos profesores aprovecharon la ocasión para sentar cátedra sobre lo que se espera de “un científico de verdad”. Pero no cayeron en cuenta de que se trata de un cargo administrativo, ni que en los nombramientos de ministros (incluyendo educación) es la primera vez que se presentan las exigencias académicas que le hacen a Mabel Torres. Mucho menos notaron que no solo los jefes, decanos, vicerrectores y rectores de universidades, sino los vice-ministros y ministros pueden ser reemplazados por empleados de 3 millones (que para lo que realmente hacen bastaría que tuvieran tecnologías en contaduría o administración de unidades residenciales). Además, la constitución vigente postula: “Artículo 207. Para ser ministro o director de departamento administrativo se requieren las mismas calidades que para ser representante a la Cámara.” “Artículo 177. Para ser elegido representante se requiere ser ciudadano en ejercicio y tener más de veinticinco años de edad en la fecha de la elección.” Gústenos o no, esa es la maldición de la administración en Colombia: todos sobre-calificados para el cargo y sobre-remunerados para lo que hacen. Algo común entre las universidades públicas y privadas, flamantes profesores encargados de labores de jefes, decanos, vice rectores, … para hacer trabajos que harían mejor personas que sí saben el oficio, trabajan 40 horas y solo cobran 3 millones. No es de extrañarse que algunos profesores hayan soñado con ver a alguno de los suyos en dicho ministerio.

El principal cuestionamiento “científico” se refiere a la defensa que Mabel Torres hace de los saberes ancestrales. Ciertas personas de la “comunidad científica” consideran dichos saberes pseudo-ciencia, los equiparan a las actividades esotéricas y consideran charlatanes a quienes los defienden o los aplican. Postulan que dichos saberes están soportados en la fe y que en la ciencia la fe no tiene cabida.

Uno de los principales voceros del rechazo a los saberes ancestrales es un “periodista científico” de El Espectador que le hizo una entrevista muy grosera a la ministra. Antes le había hecho una entrevista a otro miembro de la “misión de sabios” mejor agenciado que la ministra. Le preguntó que cómo iban sus investigaciones acerca de la cura del Alzheimer por medio de nanobubujas, dice que el sabio le respondió “La investigación sobre las nanoburbujas ya se hizo, entendí cómo funciona y ya estoy haciendo otras cosas. Hay una compañía que hace nanoburbujas y las vende…”. Olímpicamente se lavó las manos. No le pidió que le mostrara avales de los “comités de ética” ni certificados similares. Pero a Mabel Torres no solo le preguntó por sus investigaciones acerca de tratamiento de cánceres usando ciertos extractos vegetales sino que cuestionó globalmente su investigación. Y le armó un tremendo bullying que fue muy bien recibido por algunas personas de la “comunidad científica” y algunos comentaristas de prensa (la acusó de anti-ética y anti-científica). Alguien comentó que a la ministra le “faltó cancha”, lo cual es cierto porque si hubiera dado la misma respuesta que dio el que cura el Alzheimer con noanoburbujas hubiera quedado como una reina.

No es muy “científico” que digamos el rechazo a los saberes ancestrales y la fe, sabiendo que la ciencia solo ofrece probabilidades. Si las “verdades” de la relatividad y la física cuántica, que están soportadas en datos de alta precisión, en algunos casos de seis sigma, merecen un manejo con cautela, no hay razón para no proceder de manera similar con las “verdades” soportadas en datos de menor precisión, condición común a los productos ancestrales y a los que tienen la bendición de la “comunidad científica”. Produciría desconfianza en “la ciencia” una advertencia del estilo de: “La pastilla X les ha atenuado los síntomas al 69% de pacientes con síntomas similares a los suyos, al 21% no los alivió, el 10% tuvo efectos secundarios graves, que a algunos les produjo la muerte, así que si la toma usted es el único responsable de las consecuencias”. Pero sería muy honesto hacerla. Hechos: El 69% de los pacientes se aliviaron, la “verdad” soportada por esos hechos dice que X alivia los síntomas. Hechos alternativos I: El 21% de los pacientes no se aliviaron ni empeoraron, la “posverdad I” soportada por los hechos alternativos I dice que X no sirve para nada. Hechos alternativos II: El 10% de los pacientes se enfermaron más, la “posverdad II” soportada por los hechos alternativos II dice que X mata. Tanto la recomendación del terapeuta como la decisión del paciente están soportadas en la fe.

Además, el “periodista científico” procedió a  discutirle la hoja de vida a Mabel Torres. Se atrevió a mostrar los resultados de una exploración de bases de datos “bibliométricos”, para concluir que tenía un número muy bajo de “likes científicos” en comparación con otros investigadores (mencionó personas con índice h de 30 y 3500 citas). Escribió “El impacto de sus investigaciones, un indicador importante entre los científicos, porque muestra el interés que despierta en su propia comunidad, es bajo.” Este periodista tiene en común con los tierraplanistas y los creyentes en las actividades esotéricas su uso de los consensos como criterio de verdad, y que no reconoce que estos pueden manipularse (precisamente por los medios de propaganda).

Acerca de los “likes”, encontré el episodio Nosedive de la serie Black Mirror, allí se implementa a la perfección el mundo con el que sueña el mencionado periodista. Ese ranking no solo es irrespetuoso con Mabel Torres sino con las personas con las cuales la quiso comparar. Primero, porque reduce la importancia del aporte de las investigaciones a unos simples “indicadores”. Segundo, porque implícitamente está acusando a esas personas de tener también un nivel científico muy bajo. En efecto, hay en Colombia investigadores con índice h 160 y 150 mil citas, h 155 y 130 mil citas, entre otros. Queriendo mostrar el “bajo nivel científico” de Mabel Torres, puso como ejemplo una persona que es entre 6 y 40 veces más mala que otros investigadores de Colombia (según los criterios de dicho periodista y de personas creyentes en la “cienciometría”).

A Albert Einstein posiblemente no le hubiera gustado que dijeran que tiene 120 mil citas y un índice h de 115. En primer lugar, porque se dice que Einstein fue el primero en formular que la velocidad de la luz es la máxima velocidad de las interacciones, el principio de relatividad, la unificación entre espacio y tiempo, la equivalencia entre masa y energía, incluso el haber deducido las ecuaciones que predicen las ondas gravitacionales. Segundo, por mostrar que Einstein es más malo que varios científicos de Colombia.

Ciertamente algunos miembros de la “comunidad científica” aplauden al mencionado periodista. Un columnista habló de destituir a la ministra, la Liga Contra el Cáncer está furiosa. Cuando un colega me contó del nombramiento yo pensé que la habían puesto de “fusible” dada la enorme corriente de egos que el nombramiento generaría. De producirse la destitución (lo cual me parecería una pésima señal), sería evidente que el cargo se lo darían a una persona perteneciente a las élites. Esa persona diría con orgullo: “Me nombraron porque saben quien soy yo, a mi no me “incluyeron”.”

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