Agonía de la educación clásica en los contextos universitarios: Felipe Cárdenas-Támara

Feb / 24 El análisis que en este mes trae Cárdenas-Támara, director Observatorio de sociopolítica, cultura y ambiente, de la U. de La Sabana,parte de una reflexión sobre la relaidad diaria de los universitarios y las políticas públicas, para cuestionar el qué se está haciendo y con qué enfoque.

<<MENÓN: ¿Puedes decirme, Sócrates, si la virtud (ἀρετή/aretê) puede ser enseñada(διδακτόν/didakton)? ¿O no puede ser enseñada, sino adquirida por ejercicio (ἀσκητόν/askêton)? ¿O ni puede adquirirse por ejercicio, ni aprenderse (μαθητόν/mathêton), sino que por naturaleza (φύσει/phusei), o de algún otro modo, sobreviene (παραγίγνεται/paragignetai) a los hombres? >>Menón, Platón

Cuando todo deviene en competencias, como modelo pedagógico, lo que tenemos es la erosión de la educación clásica en sus referencias al diálogo socrático. Murió el rigor de los seminarios alemanes, murió la búsqueda de la verdad como criterio universitario, murió la educación centrada en el despliegue de virtudes, murió la educación sapiencial y murió la relación entre un maestro un aprendiz.                                                                          

Todo en el mundo universitario hoy tiene que ser certificable desde un modelo educativo, cuyo trasfondo es la ingeniería social al servicio del capitalismo de Estado, ya sea de izquierda o de derecha. Se constata como el discurso es relativamente el mismo en los ministros y sus asesores del gabinete de Petro o de Duque, Santos y Uribe; se constata un Estatismo devorador de las identidades universitarias. Al estudiante hoy, se le brinda un entrenamiento y adoctrinamiento para que pueda ser gerente y devengue un buen salario, ojalá en una multinacional. Paradójicamente, si uno les pregunta a los estudiantes: ¿con quién quiere trabajar, una multinacional o con el Estado? La respuesta no varía, todos, con pocas excepciones, aspiran a trabajar con compañías multinacionales. Esa condición no es mala por sí misma, todos tenemos derecho a tener dinero, un trabajo digno y bien remunerado. Un atributo de los sistemas sociales, recordando a N. Luhmann, cuando afirmaba que uno de los rasgos distintivos del subsistema económico en las sociedades contemporáneas era precisamente tener o no tener dinero. Entonces el realismo sociológico no puede ser eludido. Ahora, un clásico del pensamiento occidental, un tal llamado Jesús respondería:  “Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”» (San Mateo, 4, 3-4). Un tanto misterioso, antiguo y ambiguo ese pensamiento para los tiempos de la relevancia práctica y de los resultados de aprendizaje medibles y certificables. ¿Pero qué importan estas alusiones ¡metafóricas y alegóricas!, cuándo la élite mundial que controla la educación le niega a los pueblos sus tradiciones y sus identidades culturales; y las universidades, con contadas excepciones, le hacen el juego al elitismo educativo mundial cuyas agendas en los más secreto de sus códigos, en el fondo va y está destruyendo el ideario universitario en aquellas matrices a-temporales de los sentidos más profundos de las estructuras institucionales universitarias.

Nosotros como burócratas nos pensamos muy creativos, cuando en el fondo, incluso aunque pensemos que no es así, el dictado lo fijan otros actores y otras agendas (Hay que leer a un clásico, E. Durkheim para entender lo que se afirma en referencia a los hechos sociales que no con leídos por la inmensa mayoría de los ciudadanos, incluidos los profesores universitarios, que finalmente hoy son unos empleados más en el eslabón de la industria académica mundial), cuyos intereses pueden ser diametralmente opuestos a las ideas fundacionales que dieron nacimiento a la universidad.

La cita de Platón, cuyo personaje es Sócrates, nos recuerda la cuestión fundamental sobre si la virtud, palabra erosionada en el lenguaje de la élite educativa mundial: La virtud, tan necesaria en estos tiempos demenciales que vivimos, puede ser enseñada, adquirida por ejercicio, o el planteamiento platónico-socrático- se adentra en la naturaleza humana, planteando si la virtud surge naturalmente en los seres humanos.  Una pregunta compleja, cuya respuesta hoy se asume fundamentalmente desde el modelo conductista de las competencias, recordando como este modelo acentúa fundamentalmente lo instruccional y el entrenamiento, y olvidando que la educación, desde luego que, considerando esos componentes, pero recordando que en un sentido más amplio es mucho más que una relación de enseñanza-aprendizaje. Esta pregunta es esencial en el contexto de la desaparición de la educación clásica, ya que nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza de la educación y cómo se puede transmitir el conocimiento y la virtud en un mundo que está experimentando cambios significativos en su enfoque educativo que pensamos que es inocuo y muy bien fundamentado, sin embargo, si lo contrastamos con las percepciones y concepciones de la educación de los maestros de Colombia, y con seguridad de muchos países del mundo nos encontramos con grandes sorpresas “empíricas”:

Maestra wayúu: <<Acá en la Guajira, nosotros los maestros hablamos de competencias, pero en el fondo mis paisanos no saben, y tampoco entendemos que es eso>>.

Maestra afrocolombiana en el Choco: <<Nos llegan unas directrices y cartillas desde el Ministerio, la Gobernación y las secretarias sobre competencias. Eso de las competencias, no lee nuestra cultura, tratamos de seguir las ideas, somo empleados del Estado, pero las competencias, no tienen nada que ver con nuestras culturas y saberes. Acá nos movemos al ritmo de los alabados. (Risas)>>

Maestra mestiza, urbana, clase media ubicada en Funza, Cundinamarca: <<Con el discurso de las competencias, los rectores nos pasan la tarea de las transformaciones institucionales a los maestros. No hay ninguna transformación en las estructuras organizativas y administrativas de los colegios. En el fondo el paradigma jerárquico se sigue imponiendo.>>

Desde una perspectiva filosófica refinada, podemos analizar esta cuestión de la siguiente manera:

¿Por qué la educación clásica sigue siendo importante y  son seguridad tiene más contacto con la tradición de nuestros pueblos que los modelos educativos impuestos por las élites mundiales?

Platón sugiere a través de sus diálogos que la virtud no puede ser simplemente transmitida como un conjunto de reglas o información. La educación tradicional que solía centrarse en la transmisión directa de conocimientos podría haber encontrado limitaciones en la enseñanza de la virtud. Por lo tanto, se hace fundamental distinguir entre educación clásica y tradicionalista. No son lo mismo. La virtud implica una comprensión profunda y una aplicación consciente en situaciones específicas, situaciones de vida, que el educador prevé: la anticipación y el manejo de la contingencia, como la conciencia que estamos viviendo una tragedia (el realismo de Esquilo, Sófocles, Eurípides en su fundamentación educativa del ciudadano griego). Por lo tanto, los clásicos, en una trayectoria de pensamiento que abarca casi tres o cuatro milenios, ya abordaron muchos de los temas, para los cuáles nos pensamos muy innovadores.

Ahora, la educación por competencias, arropada o mimetizada de modelos experienciales, piensa que los clásicos no abordaron el problema de la adquisición de la virtud mediante el ejercicio y la práctica, cuyo trasfondo era también en el fondo experiencial. Así, que Dewey, ese gran maestro del siglo XX, no fue el fundador de la educación experiencial, hay que ir más atrás: la patrística cristiana y sus modelos ascéticos, místicos y no dualistas (Pseudo- Dionisio Areopagita) es la maestra de los modelos experienciales transformativos. Entonces se sugiere que la aplicación activa de principios éticos y morales en situaciones reales es fundamental para el desarrollo de la virtud, la educación y el conocimiento. En este contexto, la educación clásica, en la vasta constelación de civilizaciones y culturas que la configuran, podría pensarse que subestimó la importancia de la experiencia práctica. Creo que es una falacia producto de nuestra ignorancia histórica y de la tara moderna de pensar que la última moda tiene la palabra final en la educación.

En la cita señalada, la idea y posibilidad de que la virtud surja por naturaleza o de alguna otra manera plantea preguntas sobre la predisposición innata de las personas hacia la virtud. El hombre está inserto en estructuras del mal, pero también se reconoce que la virtud es algo intrínseco a la naturaleza humana: nunca perdemos la esperanza, incluso viviendo en la ergástula más oscura (Victor Frankl, Fyodor Dostoevsky, Aleksandr Solzhenitsyn). Por lo tanto, la educación apoyada por las llamadas estructuras de acogida (familia, sociedad, religión, espiritualidad, comunidad) debería centrarse en descubrir y cultivar esas inclinaciones naturales que sin duda son virtuosas. Cuando hablamos de estructuras de acogida desde luego que se tienen que reconocer dimensiones e influencias ambientales y culturales en la formación de la virtud.

En el contexto actual de cambios en la educación, podríamos reflexionar sobre la necesidad de integrar prácticas pedagógicas que fomenten tanto la comprensión teórica como la aplicación práctica de los valores éticos, noéticos, y transdisciplinares (despliegue de conciencia y espiritualidad sana). Además, considerar las influencias ambientales y culturales en la formación moral es esencial para abordar los desafíos contemporáneos en la educación. Lo ambiental es una dimensión no simplemente una variable, como tampoco un medio ambiente: lo ambiental es un todo.

La desaparición de la educación clásica también es una tragedia para las ciencias sociales y naturales que no tienen, dado el marco positivista putativo del cual somos hijos y herederos, de los potenciales para articular prácticas sociales discursivas con anclajes metafóricos y metonímicos transformativos, que como lo señala la teoría educativa de punta, son fundamentales para ampliar la experiencia humana en sus relaciones con la vida y con la generación de nuevas formas de vida.

El Estado, como configurador del orden social, como todo educador, tiene y tenemos la oportunidad de repensar y reformar los métodos educativos, incorporando elementos que reconozcan la complejidad de la virtud y su adquisición en dialogo, estudio e investigación con aquellas verdades cosmológicas, antropológicas y soteriológicas que no pueden experimentarse por la inteligencia artificial en sus procesos de proyección emergente de saberes algorítmicos. La combinación de la teoría, la práctica y la comprensión de la naturaleza humana podría ser crucial en la formación de individuos éticos y virtuosos en la sociedad moderna.

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