Al rescate de la UPC y de la Academia

Análisis de Imelda Daza Cortés, en el Diario El Pilón, en donde cuestiona la manera como la Universidad Popular del César cayó en manos de intereses oscuros y nada académicos.

La ciencia y el saber son el camino indiscutible hacia el bienestar social, entendido este como el buen vivir -en paz y armonía- de todos los ciudadanos. Para apropiarse del conocimiento y para aprovecharlo en beneficio común existe la ACADEMIA, como un espacio en el cual se cultiva el pensamiento, se adquiere saber y se busca la verdad a la luz de la ciencia.

La Academia es un taller en el cual los intelectuales, los académicos además de investigar, hacen docencia y por eso, comparten saberes, despiertan inquietudes y sobre todo, cuestionan el entorno, sus problemas, sus debilidades, sus carencias. El hacer docencia no puede reducirse a la simple labor de transmitir saberes ajenos, consignados en libros y manuales, no es una labor mecánica, es una tarea educativa, formadora de conciencias. Se trata de “labrar” el nuevo hombre y la nueva mujer que han de desempeñarse en la nueva sociedad

La Academia es normalmente la máxima instancia crítica de una sociedad, ella recoge las preocupaciones e identifica los problemas que aquejan a la comunidad. Es su función debatir, buscar soluciones, proponer. Para eso la Academia requiere y exige libertad plena y puesto que en ella confluyen visiones y concepciones diferentes, el debate es cotidiano, hace parte de la búsqueda de la verdad, de la identificación de las certezas

El espacio ideal para hacer academia es la Universidad, por eso su función social es de enorme trascendencia. Con rigor científico los académicos buscan la verdad oculta y dispuestos a servirle a la comunidad promueven valores como la libertad y la solidaridad.

Con base en estos principios, con estos criterios y con estos mismos propósitos fue impulsada y creada la Universidad Popular del Cesar (UPC), como una institución que, comprometida con la formación de profesionales dignos y probos, se convertiría en motor del desarrollo regional y nacional.

Pero todo eso ha sido macabra y perversamente desvirtuado, todo ha sido tergiversado. La barbarie, la maldad, la criminalidad y la corrupción se anidaron allí donde debían reinar la razón, la decencia y la sensatez. Da grima, se siente un profundo y lacerante dolor de patria después de leer las declaraciones que las hienas, ahora llamadas desmovilizados, han hecho ante la fiscalía.

Con detalle han explicado cómo operaron para apoderarse de las instituciones estatales, de la UPC, del DAS, de la fuerza pública es decir, del Ejército y de la Policía que están obligados a proteger a los ciudadanos. Cómo entender semejante caos

Ahora se sabe por boca de sus propios protagonistas que lo que circulaba como rumores eran certezas: En la UPC los paramilitares han elegido rectores, han cogobernado, han manejado su presupuesto y se han apropiado del parte del mismo.

Los aspirantes a regir la universidad y seguramente muchos de los interesados en hacer docencia o en ocupar cargos administrativos, han tenido que someterse a la fiscalización y aprobación de los mandos de grupos delincuenciales. Esto significa que la academia ha estado bajo el dominio y control de la barbarie y de los criminales que ahora confiesan ser responsables del brutal asesinato de tres estudiantes en 1997 y de dos excelentes profesores en 2001. Cómo calificar tanto horror. Cualquiera queda estupefacto y es casi normal ser presa del pánico paralizante. Pocos se atreven a denunciar. La sensación de impotencia se ha apoderado de quienes quisieran corregir el rumbo.

Es difícil actuar cuando las autoridades legítimas pecan por omisión y son vistas como cómplices. ¿Cómo pedirle al DAS que actúe y a la policía que vigile, si también estas instituciones han sido infiltradas por el paramilitarismo?

Una remota esperanza surge cuando se sabe que la Fiscalía ha empezado a actuar y cuando algunos de los responsables han confesado una parte de los delitos. Sin embargo, cómo creer que esa es toda la verdad cuando los declarantes señalan como máximo culpable a un difunto?. La desconfianza es comprensible y la desesperanza es mucha frente al nuevo gobierno que ha prometido ser continuista es decir, el país tendrá más de lo mismo. Pero, no por eso los estudiantes, los docentes-decentes, los trabajadores de la UPC y la ciudadanía en general deben callar. Hay que rescatar la UPC de las garras de la delincuencia. Hay que recuperar el respeto, la integridad y la dignidad para la Academia del Cesar. Es tarea ardua pero ineludible.

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