¿Desenmallar la U de A?

Opinión de Bernardo Trujillo Calle, en el diario El Mundo, de Medellín, sobre la propuesta del vicerrector de la Universidad de Antioquia, Martiniano Jaimes, de quitar las rejas que separan a la Universidad de la Ciudad.

Esta es una propuesta de las más peregrinas y aventuradas que se han hecho en estos días, respaldada por el señor vicerrector, Martiniano Jaimes Contreras, y quién sabe por cuantos más directivos, profesores y estudiantes. Dudo que haya un alto porcentaje que a estas alturas de la vida del Alma Máter tenga la misma idea de hacer de las 20 hectáreas del “campus” universitario un paseo de olla, un parque de diversión que compita con su vecino el Parque Norte, pensado, desarrollado y terminado con específicos fines de recibir los miles de visitantes que semanalmente concurren a él a pasar un rato de esparcimiento.

Aquí no hay edificios con laboratorios, bibliotecas, museos de arte, piscinas, mobiliario estudiantil y profesoral, teatros, salones con puertas y ventanas, salas de conferencias, etc. En el Parque Norte los campos son abiertos a los niños, ancianos, gente de todas las edades y condiciones, con servicios apropiados para tales menesteres y, naturalmente, en donde el comportamiento de las personas es bien distinto, ¡y qué tal que no lo fuera!

Desenmallar la Universidad de Antioquia es echarla a perder en las actuales condiciones que se vive en la ciudad. Ya no sería, como teme el señor vicerrector, “guarida ni resguardo para las personas que quieran delinquir dentro de la Universidad”, pues eso sería precisamente lo que se lograría de inmediato quitando las únicas defensas visibles y controlables que han hecho posible que no esté ya convertida en un campo de batalla, donde la delincuencia común y la irregular de guerrilla y paramilitar, se den cita para dirimir a bala sus incancelables querellas. Abrir una puerta de 2 ó 3 mil metros al público, cuando con solo dos de 3 metros de amplitud que existen, bien amuralladas y atendidas por porteros y personal capacitado, no se han podido atajar unos pocos ladronzuelos, viciosos, jíbaros y extremistas de izquierda y de derecha que se las ingenian para burlar la vigilancia y cometer distintas fechorías en su interior.

Entendemos la preocupación de las actuales directivas del Alma Máter y también nos preocupa por lo que allí está sucediendo, que es parecido a lo que sucede a menudo en la Universidad Nacional, en la del Valle, en la UIS, por su condición de ser públicas y actuar de manera diferente a como lo hacen las privadas, en las cuales, al primer intento de desorden, hay expulsiones, cancelaciones de matrículas y prohibición de pisar de nuevo las instalaciones del plantel. Lo que no quiere decir, eso no, que por ser pública, deba, como lo propone el señor vicerrector, pensando románticamente, que “quede sin mallas sumergida sin barreras en la realidad social”, como si por estar protegida, no estuviera sumergida en esa realidad, donde siempre lo ha estado, antes de las mallas y ahora.

Pero la sugerencia de desenmallarla tiene un componente más peligroso, que se deja entrever de las propias palabras de su proponente. Lo dice sin reservas. Es para que “las autoridades legalmente constituidas, teniendo en cuenta que este es un espacio de la República donde rigen las leyes y las normas colombianas, puedan penetrar a cualquier sitio”. Aquí saltó la liebre. Tanto rodeo para llegar al punto. Mejor sería que de una vez, sin disimulos, la propuesta la presentara como es, como la piensa: nada de impedir la penetración de la fuerza pública, policías, soldados y DAS. O más directo: que ésta tenga como teatro de operaciones permanentes los predios de la Universidad; que se confundan en los pasillos y salones, en los predios y arboledas los unos y los otros; que al lado de los profesores y matriculados, caminen los hombres armados de fusiles y pistolas, que haya como una especie de batallón interno que vigile, controle, detenga. Todo lo cual está muy de acuerdo con la teoría que se oye de tarde en tarde de que “la Universidad no es santuario vedado a la fuerza pública”. Lo perturbador es que allí llegarían por nubes los combos, las llamadas “bacrim”, desde los cuatro puntos cardinales de la ciudad a fomentar su negocio de tráfico de estupefacientes y armas y a resolver a bala sus propios conflictos internos y los que tienen con la policía.

No andemos, pues, con engaños. Hay quienes no hemos sido y no somos amigos de que cualquier barullo que se arme en la Universidad, haya que apagarlo a bolillo limpio, destrozando muebles y golpeando indiscriminadamente a quien se tenga a la mano. Ya ha sucedido. Y por eso no se nos puede tachar de terroristas o cómplices del terrorismo. Queremos nuestra Alma Máter como el que más la quiera y pensamos que aceptar la idea del vicerrector, es propiciar un permanente y peligrosísimo enfrentamiento entre la fuerza pública y los grupos alzados en armas, que hallarán en esta oportunidad un espacio nuevo para seguirse matando, poniendo de por medio la seguridad de 20.000 estudiantes, profesores y empleados, que conviven pacíficamente allí.

Post scriptum: 1. La primera baja del voltiarepismo fue Germán Olano. La curul que había perdido el Liberalismo, también la perdió el santismo. Congresistas corruptos como éste no duele perderlos. 2. ¿Uribe, alcalde de Bogotá? Sería un gobierno paralelo al de Santos, pero con más poder. Por el momento, a volar señores aspirantes ingenuos David Luna, Uribito, Clara López y todos los demás. Donde está Uribe, nadie más cabe. 3. Ahora el héroe es J. J. Rendón, el mercenario. Cayeron a sus pies rendidos y embrujados los grandes diarios y las cadenas radiales. El bandido de ayer, es el salvador de Colombia. Tiene engatusados a quienes ya están creyendo que en política todo vale. Hasta las malas compañías. 4. El “pardismo” regalado llegó pidiendo limosna a la “U” ¡Qué cinismo! ¡Qué vergüenza!

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