Rodrigo Sandoval comunicador social de la Universidad Javeriana y estudiante de ciencias políticas de la Universidad Nacional, se declara en su blog como no experto en temas de educación superior, aunque realiza unas preguntas de interés para la reforma que se viene analizando.
Primero: ¿Qué modelo queremos seguir? Hay varias opciones, está el estadounidense que fue nuestro modelo en los años 30, está el brasilero que se puso de moda esta década, está el chileno que ha dado buenos resultados en el cortísimo plazo, está el coreano que ha dado resultados en el largo plazo. Queremos el desarrollo ahora o en 40 años, de eso depende qué modelo queramos seguir.
Segundo: La reforma tiene que atacar dos males fundamentales de la educación superior en Colombia: la cobertura y la calidad. No podemos seguir produciendo profesionales mediocres y no podemos seguir produciendo pocos profesionales mediocres.
Tercero: ¿Con o sin ánimo de lucro? Es una pregunta que se puede asumir desde dos perspectivas, la universidad pública debería ser sin ánimo de lucro o con un lucro reinvertido en la misma universidad y las universidad privadas con un lucro definido por sus propios dueños.
Cuarto: Tenemos que revisar la historia para pensar cómo vamos a mejorar la educación superior y desarrollar el país. Colombia vivió dos procesos de expansión de la clase media bastante particulares que coincidieron con el aumento de la matrícula en las universidades públicas. En los años 30 con la llegada de las mujeres y la apertura de nuevos campus universitarios la clase media se ensanchó durante los años 40 y 50 y permitieron que aún en guerra el país no estuviera en bancarrota. Después, hubo un nuevo proceso que empezó en 1958 y terminó diez años después, con el mismo resultado, una nueva clase media que floreció durante los 70 y 80. Nuestro país tiene una clase media de unos 18 millones de personas que gastan como si fueran 40 millones, los primeros interesados en que en Colombia haya más clase media deberían ser los gremios que verían su consumo aumentar de forma exponencial si se amplía la base de la clase media. Al gobierno también le serviría para aumentar impuestos y es posible que se puedan romper así ciclos de violencia y de desequilibrios regionales.
Quinto: ¿Cómo queremos que sea el subsidio del Estado a la educación? Tradicionalmente se ha apostado por un subsidio a la oferta y poco subsidio a la demanda. Deberíamos combinar mejor ambas formas de llegar a la población. Si aumentamos los créditos educativos a nuestros estudiantes de pregrado y posgrado y usamos los excedentes financieros de dichos créditos para mejorar la base económica de nuestras universidades podremos tener un sistema más robusto.
Sexto: ¿Que hacer con la Universidad Nacional? O hacerla Nacional o cambiarle el nombre. Es ridículo que la UN apenas tenga 45.000 estudiantes, debería tener por lo menos 450.000. Es ridículo que la UN apenas tenga 4 sedes con pregrados y otras tres sedes casi de adorno, la UN debería tener al menos una universidad por departamento con carreras destinadas a las poblaciones locales, ingenierías ambientales o agrícolas en la altillanura, ingenierías ambientales, de desarrollo sostenible, antropología en la Amazonía y el Pacífico, estudios del mar en el Caribe, geología y minas en las montañas. Muy poco de eso hay por falta de voluntad política.
Séptimo: ¿Qué hacer con los egresados? De nada nos sirve tener millones de egresados de universidades públicas si no los logramos emplear. El principal papel de los gremios puede ser patrocinar estudiantes que después tengan cupos de trabajo asegurados en sus empresas. Los bancos, por ejemplo, podrían buscar a los mejores estudiantes de economía, financiar sus estudios y después garantizar que los mejores van a trabajar para ellos. Los egresados deberían pagar un impuesto o una contribución especial a las universidades para financiar proyectos de investigación o nuevos estudiantes. Es curioso que los estudiantes de las universidades privadas están dispuestos a donar para sus universidades y a visitar los campus después de graduados y los de las universidades públicas se olvidan de dónde estudiaron.
Octavo: ¿Qué hacer con la investigación? La universidad no puede depender de Colciencias para financiar su investigación. Las universidades deberían aprovechar recursos internacionales de cooperación, los recursos privados para la innovación y la tecnología para producir investigación. No es verdad que eso quite autonomía universitaria, las universidades en todo el mundo usan los recursos privados para investigar miles de asuntos y presentar informes independientes.
Noveno: ¿Qué hacer con las universidades públicas que no son la Nacional? La UPTC, la UPN y la ESAP son propiedad del gobierno nacional y deberían estar por todo el país transmitiendo conocimientos. La UPN produce profesores que vienen de estratos bajos, debemos cambiar las perspectivas laborales para que jóvenes de todos los estratos decidan ser profesores de colegio. La UPTC que llega a casi todo Boyacá debería ser un ejemplo para las universidades departamentales distribuyendo sus carreras, estudiantes y profesores, de acuerdo con las necesidades locales de los municipios más grandes, se podría convertir en una especie de universidad de los antiguos territorios nacionales. Las universidades departamentales deben asumir el reto de salir de las capitales y producir en los municipios.
Décimo:¿Qué hacer con la educación superior técnica? La educación superior técnica y tecnológica no debería ser la salida de escape para aquellos que no lograron entrar a la universidad sino una opción real para aquellos que se quieren dedicar a tareas que no pueden ser asumidas por profesionales. Tampoco debe ser únicamente para estudiantes malos, las carreras técnicas deberían recibir buenos estudiantes y producir buenos trabajadores y debería ser un puente para que las clases más bajas en dos generaciones puedan integrar a las clases medias.
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