Anif se equivoca radicalmente al proponer que el estado no financie doctorados

Diciembre 2007 – Alfonso Monsalve Solórzano

Opinión publicada en El Mundo, de Medellín, sobre el informe de ANIF, que recomienda financiar Maestrías en vez de Doctorados.

Anif se equivoca radicalmente al proponer que el estado no financie doctorados (o a lo sumo los dos primeros años) y que mejor se concentre en las maestrías. La educación de doctores, como lo he repetido en varias ocasiones, tiene el sentido de formar investigadores con el mayor nivel de calificación, condición necesaria para el desarrollo de una economía basada en el conocimiento, como son todas las de los países desarrollados.

La brecha entre estas economías y las que están rezagadas, se crea por la distancia cada vez mayor entre los productos y servicios con alto valor agregado en ciencia y tecnología que las primeras tienen y la dependencia de las segundas frente a dichos productos. Para tener un sistema económico robusto que sustituya parcialmente la transferencia tecnológica que genera sometimiento, hay que investigar tanto en bienes como en servicios.

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Las maestrías son un paso intermedio en la formación investigativa. En la estructura académica del sistema educativo mundial, sólo el entrenamiento a nivel doctoral está diseñado para obtener investigadores entrenados para generar conocimiento original (no se trata de que algunos magíster o profesionales no puedan hacerlo, sino de que el doctorado está específicamente pensado para tal fin, mientras que las maestrías no).

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Con esa premisa, miremos nuestra realidad. Las estadísticas muestran que en 2006 había unos 4.400 doctores y que entre 2002 y 2006 se graduaron más o menos 1.580. En el 2006, obtuvieron su título 311, de los cuales 39 en el país y el resto en el exterior. Colombia tiene 9.3 doctores por cada 100.000 habitantes, mientras que Brasil 19 y Estados Unidos 117. En el supuesto de que debería haber mínimo 25 doctores por cada 100.000 habitantes, nuestro país debería tener 10.500, por lo que el déficit es de 6.100 aproximadamente, teniendo en cuenta, además, que la edad promedio de los actuales supera los 45 años.

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Ahora bien, de lo que se trata es de formular un programa que combine la formación de doctores en las universidades colombianas, de calidad internacional, con la impartida en universidades extranjeras de primer orden, de tal manera que, por ejemplo, de cada 10 estudiantes, 6 estudien en Colombia y 4 en el exterior; y que éstos últimos consideren ventajoso regresar. Esto es así porque si bien hay que fortalecer los doctorados nacionales, es importante mantener un flujo importante de estudiantes afuera para no cerrar el país, mantener los contactos directos con los grandes investigadores y centros de investigación y conocer e incorporar tendencias de investigación que se desarrollan en otras latitudes al conocimiento y a las producciones nacionales.

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Para resolver los problemas que aduce Anif, en lugar de renunciar a la formación doctoral, hay que crear programas para vincular doctores no sólo a las universidades sino, muy especialmente, a las empresas. El gobierno nacional, además, debe hacer atractivos los salarios de los doctores que se vinculen a las universidades.

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No sé de dónde sacó la información Anif. En una reunión sobre doctorados convocada por Colciencias y el Ministerio de Educación, se mostraba que la tasa de retorno era muy alta. Pero una del 71% tampoco está mal. Es un hecho probado que investigadores en otros países son la puerta de entrada a contactos académicos y empresariales de gran importancia. Además, Anif no dice que quien no regresa debe devolver con intereses el dinero recibido del Estado.

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Finalmente, no es correcto comparar, como lo hace Anif, subsidios para vivienda de interés social con la inversión en educación doctoral porque es como cotejar ladrillos con cerebros. El país necesita ladrillos, pero también cerebros. Estos últimos pueden idearse mejores ladrillos o, incluso, materiales mucho más económicos para construir viviendas.