Aportes a la investigación ambiental en el campus universitario desde la complejidad: Felipe Cárdenas – Támara

Aportes a la investigación ambiental en el campus universitario desde la complejidad: Felipe Cárdenas – Támara

Agosto/25 Cárdenas-Támara, columnista de El Observatorio, reflexiona sobre la investigación ambiental en las universidades desde una perspectiva antropológica y de la complejidad, que desafía los enfoques reduccionistas y aboga por una ciencia ambiental más integral, crítica, ética y culturalmente situada. 

Aportes a la investigación ambiental en el campus universitario desde la complejidad

La posteridad podrá saber

que no hemos permitido irresponsablemente

mediante el silencio que las cosas

pasaran como en un sueño.

Richard Hooker

Introducción

Estudiar, investigar, enseñar y hablar sobre la dimensión ambiental no es un tema sencillo, dado el complejo entramado de los desafíos ambientales contemporáneos y las necesidades de reflexiones críticas y constructivas sobre el actual modelo de desarrollo. El entramado ambiental sigue siendo un tema de una relevancia ineludible para las universidades, que desde luego han invertido mucha energía en los últimos 30 años para configurar pregrados, maestrías y doctorados, que vienen generando ricas producciones académicas y científicas sobre Colombia.  En estos días visité la biblioteca del antiguo Colegio Verde, ubicado en el pueblo de Villa de Leiva y que se encuentra bajo la custodia de la ambientalista colombiana Margarita Marino de Botero, coautora colombiana del Informe Brundtland. La visita a esa “pequeña”, gran e impresionante muestra de libros ambientales que se conservan en Villa de Leiva nos permite sentir que el conocimiento ambiental que tiene la humanidad en sus diversos saberes es inconmensurable, y esa es la sensación que siento uno ante la imponente colección de libros y colecciones ambientales que se encuentran en el bello deposito del Centro Verde, que, como espíritu guardián, custodia Margarita Marino de Botero, decana del ambientalismo en Colombia. El mensaje es claro: hemos invertido mucha energía en investigaciones ambientales, y sin duda hemos despertado y despertado corazones, pero la tarea sigue siendo inmensa, ya que comparativamente la causa ambiental se enfrenta a modelos intelectuales e institucionales, como prácticas sociales que sienten que sus racionalidades son más robustas a las que manejan las ciencias ambientales. Y es cierto, la inmensa colección de libros que está ubicada en el antiguo Colegio Verde y que tiene su halo hechizante, como la de un santuario,  no es sino una expresión minúscula y utópica de los saberes “hermosamente caprichosos” y emotivos que expresan los quijotescos ambientalistas colombianos y del mundo. Todavía la creación y la naturaleza gime de dolores de parto, esperando la purificación ambiental del ser humano. Está todo por escribir y hacer, en lo que he denominado las pedagogías del corazón, que tienen que alentarnos a huir de los falsos fetiches del consumo, las mentiras, del poder de la ignorancia o de la pretensión de creer que lo sabemos todo, tan propia del espíritu fáustico del occidente moderno.

Un hito fundamental en la historia ambiental contemporánea fue la publicación del Informe Brundtland, Nuestro Futuro Común, en 1987, que introdujo el concepto de desarrollo sostenible y propuso una visión integradora de la economía, la sociedad y el medio ambiente. Este informe no solo alertó sobre los límites planetarios y la necesidad de satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, sino que también sentó las bases para la cooperación internacional y el diseño de políticas que equilibran el progreso económico con la protección ambiental y la equidad social. A partir de este punto de inflexión, la conciencia global sobre la sostenibilidad está en proceso de consolidación y es un eje central de todo debate sobre desarrollo. La dimensión o el paradigma ambiental, situado desde horizontes inter y transdisciplinarios, tiene la virtud y el reto de impulsar nuevas formas de pensar y actuar frente a las complejidades que enfrenta la humanidad en su relación con el planeta, sus biomas y ecosistemas.

Recientemente, publiqué el libro titulado: Complejidades ambientales: variaciones al estudio de la relación ecosistema-cultura (Cárdenas, 2025; disponible en Amazon). Léase como mi informe personal y final sobre trabajos con el tema ambiental con el que he estado comprometido durante más de 30 años.  Trabajo de investigación que inició desde mi trabajo de tesis en antropología cuando estudié los sistemas adivinatorios de los grupos indígenas serranos en la Sierra Nevada de Santa Marta (Fundación Por Sierra Nevada de Santa Marta, 1989, Cárdenas, 1997, Los kogi pueblo de adivinos https://acortar.link/u1yjoi),  y que posteriormente sentó las bases para el diseño de las estaciones ecológicas del Parque Nacional Natural de la Sierra Nevada de Santa Marta (Inderena, 1990-1991). El trabajo continuó en mis correrías por el río Putumayo de la mano de la Fundación Puerto Rastrojo; empezó a tener un sello más académico cuando fui director de una vieja unidad académica desaparecida en la Universidad Javeriana llamada el Área de Ambiente y cultura en el Instituto de Estudios ambientales (IDEADE) y se concretó dos libros propios y 4 libros colectivos en donde fui el autor principal en referencia al llamado Proyecto Chicamocha, un proyecto de desarrollo ambiental que sentó las bases de mi trabajo de doctorado en antropología realizado con la Bircham International University (promotora del actual libro), y que tuvo varios reconocimientos nacionales e internacionales en premios de ecología y antropología.

Desde ese entonces he intentado, en el marco de diversos devenires universitarios, aportar al entendimiento de esa relación desde lo fáctico, práctico, epistemológico, educativo y científico, proceso que enmarco en la reciente publicación focalizada desde la antropología y los estudios de la complejidad, intentando estudiar, comprender y aplicar el vasto conocimiento de la antropología ambiental en sus enfoques sobre temas ambientales. No ha sido una tarea fácil, pero sin duda ha sido apasionante y gratificante el haber podido contribuir en la construcción de institucionalidad y pensamiento ambiental en un país tan hermoso y problemático como Colombia.

La gran pregunta, con muchas respuestas y aún sin respuesta

La pregunta de investigación que enmarca el espíritu del libro puede plantearse de la siguiente manera:

¿Cómo explican las teorías antropológicas contemporáneas la relación entre la adaptación humana y la complejidad ambiental en diferentes contextos culturales?

De manera implícita y explícita, la pregunta es fundamental para la mitigación de los problemas ambientales generados por el ser humano y sus sistemas culturales, como también para el diseño de escenarios sostenibles a escalas locales, regionales y mundiales. Es decir,  sin un reconocimiento al trabajo de la antropología ambiental, las reflexiones serán siempre muy limitadas, ya sea por la imposición de modelos de investigación exclusivamente biológicos o, por el contrario, por el desarrollo de lecturas sociales inconexas de focos investigativos, y teóricos de orden ambiental que incorporen los racionamientos ecológicos y modelos de adaptación humana al territorio. Advierto que la pregunta sigue abierta y que en el fondo su resolución plantearía todo un programa de investigación para las universidades y para las instituciones vinculadas al estudio de la biodiversidad y del desarrollo sostenible en Colombia, por ejemplo, el Instituto Humboldt. El interrogante es propio de la investigación en antropología ambiental y ecológica, sub disciplina de la antropología que requiere visiones que superen el biologismo dominante en los estudios ambientales del país. Se tiene que reconocer la larga trayectoria, fundamentalmente de la academia estadounidense en los aportes investigativos desarrollados en el mundo universitario de los Estados Unidos, cuyas principales escuelas y exponentes han desarrollado desde hace más de cien años líneas de fascinantes investigaciones orientadas a comprender las relaciones humanas con el ambiente y los ecosistemas.

Las teorías antropológicas contemporáneas, en continuidad con una larga tradición de estudios,  explican la adaptación humana a la complejidad ambiental, vinculando los desafíos ecológicos específicos de cada localidad con respuestas mediadas culturalmente. Esa condición es única en el campo disciplinar de la antropología, y desde luego se ha realizado en diálogo con los aportes de la ecología, biología, economía, psicología y geografía. Varios estudios basados en la antropología ecológica adaptacionista reportan que las estrategias de subsistencia y la organización social se ajustan a la variabilidad de los recursos en entornos tan diversos como desiertos, selvas tropicales, alta montaña, y regiones costeras. La ecología cultural y los enfoques cognitivos describen cómo las percepciones de la naturaleza y las orientaciones epistemológicas moldean las estrategias tanto en sociedades indígenas como en sociedades urbanas a gran escala. Por su parte, las interpretaciones basadas en la resiliencia, los Sistemas Socio ecológicos y los sistemas adaptativos complejos enfatizan procesos multinivel y de alcance sistémico que amortiguan la imprevisibilidad ambiental y sus contingencias. En suma, los estudios muestran que la adaptación humana emerge a través de mecanismos fisiológicos, culturales, cognitivos y organizacionales que reflejan la interacción particular entre la ecología local y el contexto cultural en el despliegue de significados, mitos, símbolos y humanización del ambiente propias de la lógica de los procesos antrópicos. Son expresiones de la complejidad que implican lecturas interrelacionadas que finalmente confluyen en la comprensión de los problemas ambientales en términos de cambio climático, pérdida de biodiversidad, extinción cultural o de paisajes naturales y culturales y también en la urgencia de construir escenarios sostenibles en espacios geográficos y territoriales concretos, ya sea ciudades, espacios verdes barriales, o en biomas regionales.

Postulados académicos de orden ambiental

El libro Complejidades ambientales: variaciones al estudio de la relación ecosistema-cultura desde la antropología, explora los aportes de la antropología al entendimiento de la interacción entre ecosistemas y culturas, abordando la influencia mutua que ejercen uno sobre otro y situando este análisis en el marco de los estudios de la complejidad.  Es un trabajo de síntesis teórica, cuya mirada, definí como la de un antropólogo indígena disidente—, ya que no comparto ni el biologismo propio de ciertas corrientes de las ciencias ambientales, como tampoco un culturalismo que no mira las interacciones del hombre con los procesos ambientales, territoriales o biológicos, propio de los esquemas dominantes de carácter gerencial o administrativo de las grandes corporaciones del mundo que siguen leyendo los procesos económicos desde postulados fordistas o centrados en la noción del despegue automático propias de las etapas del crecimiento económico de Rostow. Adicionalmente, la ironía, en mención, postula que nosotros, en el sur global, a diferencia de lo que piensa la academia norteamericana, también producimos conocimiento ambiental, en este caso situado desde la antropología y, desde luego, desde mi modesto campo perceptivo, la de un antropólogo indígena, que duró años trabajando con comunidades campesinas e indígenas.

Con humildad epistemológica,  reconociendo la necesidad existencial de fusionarnos con la naturaleza y el universo, busco ofrecer ángulos críticos sobre temas ambientales, culturales, sociales y políticos, invitando al lector a reflexionar sobre la emergencia de una nueva ciencia ambiental abierta a perspectivas interculturales y sociopolíticas, y a la lectura de topologías ambientales que no son leídas por ciertas corrientes de pensamiento al interior de las ciencias naturales. Los textos que componen el libro pueden leerse como fragmentos de mi bitácora personal, como muchos en Colombia, la de un sobreviviente a las diversas violencias simbólicas, materiales y epistemológicas que se viven en uno de los países más violentos del mundo, y para las cuales la academia universitaria no es la excepción. En el libro examino las percepciones y estudios sobre la relación ecosistema-cultura, desafiando los enfoques tradicionales y proponiendo una visión más integral y dinámica de los problemas ambientales contemporáneos.

La relación entre Complejidades ambientales: variaciones al estudio de la relación ecosistema-cultura desde la antropología y el informe Nuestro Futuro Común (Informe Brundtland) se fundamenta en la convergencia de ambos textos en torno a la necesidad de comprender y abordar la problemática ambiental desde una perspectiva integral y multidisciplinaria que proyecte una institucionalidad y conocimiento ambiental transversal en las universidades y en la política pública de todos los países del mundo, como también en sus sistemas educativos. El Informe Brundtland marcó un hito al introducir el concepto de desarrollo sostenible, integrando dimensiones económicas, sociales y ambientales, y sugirió que el desarrollo debía satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, reconociendo la complejidad de las interacciones entre sociedad, economía y naturaleza.

El libro Complejidades ambientales amplía y profundiza esta visión al situar la relación ecosistema-cultura en el centro del análisis, desde una perspectiva antropológica que enfatiza la importancia de los factores culturales, epistemológicos, simbólicos, religiosos y sociales en la configuración de los problemas ambientales y en la búsqueda de soluciones. Así, establece un diálogo crítico con el paradigma del desarrollo sostenible, aportando una mirada que reconoce la diversidad de saberes, la pluralidad de contextos y la necesidad de enfoques interculturales para comprender la complejidad ambiental contemporánea. No es suficiente, por importante que sea, una visión clasificatoria y taxonómica sobre la biodiversidad del país. Necesitamos de enfoques científicos integradores, ya ha sido suficiente de los enfoques naturistas, aparentemente “inocuos”  y heroicos, cuya educación nos enseñó a dividir el mundo, sustrato que está en la base y soporte de la expansión y supervivencia de los imperios y sus violencias contra las culturas no-occidentales y contra la naturaleza y sus diversas ontologías. Es urgente la inclusión de programas de antropología ambiental o ecológica en las líneas de investigación universitaria. Una tarea que, a mi modo de ver, está pendiente, tanto en los departamentos de antropología del país, como en los institutos de investigación que hacen parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Ambos textos, aunque desde enfoques y disciplinas distintas, coinciden en la urgencia de superar visiones reduccionistas y en la promoción de una racionalidad ambiental que articule el conocimiento científico, la ética y la justicia social. Coincidimos en la necesidad de abrir el camino hacia una política de la diferencia marcada por un futuro verdaderamente sustentable que tiene el reto de leer lo mejor de las civilizaciones humanas en sus representaciones del lugar que ocupa la vida, el territorio, los llamados conocimientos locales o ancestrales y el ambiente en la configuración de las diversas culturas humanas.

Navegaciones finales sin orillas y mucho silencio

Sin renunciar a la indagación científica, rigurosa y analítica, el encuentro con lo ambiental refiere por excelencia un vínculo con otredades de toda índole: culturales, espirituales e imaginarias. Un país diverso como Colombia, en lo ambiental y cultural nos tiene que despertar el sutil arte de la observación, una observación que se nutre de inmersiones materiales, imaginarias, emocionales, intelectuales y sensitivas, cuyas fuerzas oraculares y amorosas son las claves gramaticales de un porvenir más bello para la civilización humana.

Una cita final del libro en mención:

La inteligencia científica debe de estar en capacidad de impulsar los modos de pensamiento sobre esferas incluso incognoscibles, pero no absolutamente incomunicables, destacando los signos de la experiencia y de la razón (Peirce, 1973). Esta condición de ser vivida puede reconstituir el “cosmos sagrado” frente a los paisajes monoculturales del neoliberalismo multinacional, y de los fanatismos políticos y religiosos de toda índole (incluidos los populismos ecológicos de orden estatistas) que siguen dominando la trama histórica de la humanidad desplegando irracionales mecanismos destructivos.

La antropología tiene que abrir puentes entre las humanidades y las ciencias naturales, tal como lo ha venido realizando. Sus escalas valorativas y enunciados éticos, en un trabajo de arqueología del saber, tienen que reconocer los signos y los grandes argumentos que devienen de las grandes civilizaciones de la Antigüedad (como las experiencias valiosas que grupos y comunidades de la más diversa índole vienen realizando a lo largo y ancho del planeta en la actualidad).  Deben recuperarse elementos para una ecología de lo sagrado, cuya perspectiva tiene que ser más amplia a los clásicos estudios sobre comunidades aisladas,  y cuyo marco analítico está supeditado al sistema de creencias del investigador, generalmente un científico del primer mundo ajeno a los sentidos de la trascendencia existentes entre las culturas que estudia y los grandes relatos de la salvación humana (Cárdenas, 2025, p. 291).

El trabajo ambiental, tal como indicamos en el libro Complejidades ambientales, debe superar los marcos conceptuales que limitan la investigación, dada la hegemonía rígida de límites paradigmáticos, antropocéntricos, tecnocráticos o basados en el positivismo, taras burocráticas y la propia inconciencia del Estado. Las lecturas ambientales deben incorporar perspectivas locales, indígenas, campesinas y cualitativas, en diálogo con los modelos geoinformaticos y los más robustos sistemas de información de las ciencias de la Tierra.

Las violencias institucionales con sus deformaciones epistemológicas siguen limitando el pensamiento integrador y reforzando los nichos disciplinares, enunciado que compartimos diversos autores sobre el tema. Todavía nos queda mucho por explorar en términos de diversas pautas metodológicos (sigue estando vigente el pensamiento de O. Fals Borda y P. Freire),esperando que podamos superar los conservadurismos metodológicos y los límites creativos que se imponen en muchos ámbitos institucionales, que no han comprendido que el paradigma ambiental dialógico, participativo y vitalista,  es el camino que, con humildad, nos permitiría encontrar respuestas holísticas a los complejos desafíos socio ecológicos que enfrenta la humanidad.

Ojalá que pueda contar con lectores críticos y reflexivos que me ayuden a situar mucho mejor el trabajo, proyectando superiores argumentaciones a las realizadas, pero más importante aún, dados los tiempos del canibalismo devorador que se tomará a la universidad por medio de la Inteligencia Artificial, y que será el ambiente perfecto para la mediocridad y la promoción de los más incapaces,  que podamos construir juntos, con las comunidades y grupos humanos, espacios reales de diseño ambiental y experiencial para Colombia y el mundo. La experiencia y la construcción real de un mundo más hermoso, próspero y pacífico, como la preservación de la naturaleza y el mejoramiento de las condiciones de vida de los marginados de la Tierra, nada ni nadie, —y mucho menos la Inteligencia Artificial, que será una herramienta más en el proceso— nos lo podrá arrebatar.

Referencias:

Cárdenas-Támara, F. (2025). Complejidades ambientales: variaciones. Variaciones al estudio de la relación ecosistema-cultura desde la antropología. BIU-Universidad de la Cordillera-Centir.

Informe Brundtland. (1987).  Our common future.

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Felipe Cárdenas-Támara, Director del Observatorio Iberoamericano de Sociopolítica, cultura y ambiente – Universidad de La Sabana

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