El Observatorio de la Universidad Colombiana




Arrogantes críticas de comunidad científica a Minciencias: Jaime E. Díaz – feb/20

Diagnóstico del académico e investigador valluno Jaime Ernesto Díaz Ortiz.

Colombia es un país ingobernable e invivible. Cada uno de los cuarenta y ocho millones de los supuestos habitantes que dice tener la información oficial, piensa y actúa solamente en función propia. No existe un propósito nacional. No hay un objetivo común. Cuando alguna comunidad se reúne, lo hace únicamente con el propósito de defender sus derechos que considera vulnerados. Nadie piensa que en ocasiones sus derechos afectan los derechos de los demás.

Algunos empresarios del transporte se niegan a cumplir con la ley y paralizan una ciudad. Los propietarios de montacargas invocan su derecho al trabajo por encima del sentido común y la conveniencia de la mayoría. En otras ciudades del mundo civilizado los planificadores de movilidad, discuten y aprueban la necesidad de disminuir el tráfico vehicular en grandes sectores de la ciudad, incluido su centro, con el propósito de mejorar la calidad de vida. Por el contrario, la carrera séptima de la capital del país y muchas otras avenidas de otras ciudades, son vandalizadas por antisociales que se escudan en personas amparadas en el derecho a realizar marchas de protesta por esas calles para defender sus derechos. Aquí nadie habla de deberes.

El nuevo mini escándalo nacional proviene de un sector que se siente el más racional de todos. Parece increíble. En otra época de mi vida, de manera quijotesca, alcance a pensar que, si en una década, el país pudiera enviar un millón de jóvenes profesionales a especializarse en el exterior y estos regresaran a ejercer dignamente su profesión, la masa crítica que volvería cambiaria las costumbres del país. Nada más ingenuo.

Hoy veo con sorpresa como una parte de la comunidad científica del país se abalanza pica en ristre contra el nombramiento de la nueva ministra de la Ciencia y la Tecnología. Estoy absolutamente seguro que todos quienes se oponen a la designación de la ministra son personas académicamente muy preparadas, que han vivido en otros países por largo tiempo, que hablan otros idiomas, que han visto otras costumbres y han convivido y armonizado con otros estilos de vida.

Pero lo único que se deja ver en su comportamiento es arrogancia. Amparados en el argumento del método científico y el manejo ético de la ciencia, se sienten superiores a quien ha sido designado para dirigir los destinos de un nuevo ministerio. Me imagino que, con argumentos parecidos, estarían dispuestos a defender que el ministro de guerra sea un general, ojalá activo. O que el ministerio de la Cultura este bajo la dirección de alguno de los numerosos artistas nacionales en los distintos campos.

Estos científicos en vez de estar haciendo cartas y pronunciamientos en contra de decisiones oficiales con las que no están de acuerdo, deberían concentrarse en realizar propuestas para contribuir a la formación de políticas de avance de la ciencia en el país, proyectos que puedan ser presentadas de manera respetuosa ante el ministerio. Pero no, solo reúnen academias y grupos de científicos con el objetivo de modificar la forma, mostrando su desacuerdo por una decisión de gobierno. No es un asunto banal dejar de lado los protocolos del método científico, pero no es la esencia del problema que debe centrarse en el desarrollo de la ciencia en Colombia.

Con tristeza pienso que estos mismos son quienes estarían de acuerdo que ante la posibilidad de la creación de un Ministerio del Deporte, se mostrarían complacidos con que su designación estuviera a cargo con alguien de mucha experiencia en el tema, como algunos de nuestros exitosos deportistas. Sin desconocer sus talentos, pobres deportistas.

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