Buscar nuevas formas de organización universitaria

Opinión del profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Luis Enrique Salcedo Torres, en El Tiempo. Junio 12 de 2008, sobre la manera como los mecanismos de gobierno y gestión de la universidad pública no responden a la génesis de la academia, pues no tienen una directa correspondencia con el sistema administrativo.

En riesgo, la calidad de la educación superior pública

Desde mi experiencia como profesor universitario, me permito compartir con la comunidad académica enparticular y con la sociedad colombiana en general, algunas reflexiones en torno a la situación actual de la universidad pública y las amenazas que se ciernen sobre su calidad.

El Gobierno Nacional, con su política de ampliación de cobertura, ha presionado a las universidades públicas para que aumenten sus cupos y amplíen la oferta de programas de pregrado y postgrado. Consecuentemente, se ha generado un aumento en los costos de funcionamiento y de inversión que no ha sido considerado por el Gobierno Nacional en la mejora presupuestal. Con esta política se ha aumentado la densidad de población estudiantil haciéndose deficitarias las instalaciones físicas, las plantas de personal, los materiales, equipos y reactivos en los laboratorios, la disponibilidad de espacios en las bibliotecas y el acceso a los servicios de salud, entre otros.

Otra situación que se opone al desarrollo de la universidad pública es la gestión administrativa y financiera. La estructura de poder rígida y autoritaria no favorece procesos de construcción colectiva en la toma de decisiones que contribuyan a su fortalecimiento. La constitución de los Consejos Superiores no posibilita la gestación de verdaderas políticas de desarrollo universitario. Sus acciones se limitan a formalismos de tipo normativo que en poco contribuyen al debate fuerte sobre el futuro de la universidad pública. Cabe aquí una pregunta ¿Qué es lo superior de los Consejos Superiores? los Consejos Académicos no representan de una manera estructural el poder de la academia. Igualmente se pregunta: ¿Qué tan académico es el Consejo Académico? Los Consejos de Facultad centran su acción en actividades de tipo formal de corte administrativista. Los Consejos de Departamento o de Programas que constituyen por su composición las células de la academia, difícilmente logran trascender la estructura ya establecida para la toma de decisiones, lo cual impide su participación efectiva.

A pesar de que la designación de rector se realiza con alguna consulta a la comunidad académica, la decisión final queda en manos del Consejo Superior, que, dada su composición, por lo general recurre a criterios de conveniencia gubernamental. No es, pues, extraño encontrar en la gestión de los rectores actitudes clientelistas que promueven el nombramiento de personas comprometidas políticamente con algún sector y que no necesariamente tiene una formación académica fuerte. El apoyo administrativo que los profesores y estudiantes requieren para el ejercicio de sus actividades se disipa en la intrincada maraña burocrática de la máquina de gestión universitaria.

El relevo generacional del profesorado universitario y el cada vez mayor número de profesores catedráticos y ocasionales están influyendo en la calidad de la formación. En los últimos años, una gran parte del profesorado se ha pensionado sin que las universidades estén llevando a cabo planes de sustitución que permitan hacer un puente académico entre los nuevos profesores y quienes abandonan.

Es necesario que la comunidad universitaria y la sociedad en general tomen en sus manos el compromiso de trabajar mancomunadamente por lograr mejores presupuestos y ser veedores del gasto público universitario; buscar nuevas formas de organización universitaria que permitan mayor participación de todos los estamentos en la toma de decisiones. Fortalecer la docencia y la investigación, asegurando condiciones de vida dignas para los diferentes miembros de la comunidad universitaria y una gestión transparente y eficiente de los recursos se convierte en condición sin la cual no es posible el mejoramiento de la calidad del sistema universitario estatal colombiano.

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