No nos engañemos con nuestra “feria” de títulos

Opinión de Ignacio Vélez Escobar, Ex Gobernador de Antioquia, Ex alcalde de Medelín y Exrector de la Universidad de Antioquia, en el periódico El Colombiano, sobre la falta de claridad nacional en torno de las expectativas reales de la formación universitaria.

Creo que es hora de que en Colombia definamos lo que significan los términos universidad y estudios superiores:

En Colombia existen aprobadas un total de 210 universidades; 73 públicas y 137 privadas. En Estados Unidos, las universidades son 242, 162 de ellas públicas y 80 privadas.

¡Quién lo creyera!, en Colombia hay 57 universidades privadas más que en los Estados Unidos. La principal razón es que aquí llamamos universidad a cualquier instituto educativo que siga a la educación secundaria, que aquí llamamos bachillerato. Mientras en Estados Unidos existe un ciclo educativo intermedio de dos a cuatro años, llamados “colleges”, de los cuales existen más de tres mil y son la base de la iniciación de la educación profesional. Este periodo no existe en Colombia y recibimos en supuestas universidades jóvenes con cerebro aún en formación de 17 años, y tres o cuatro años después son “graduados” de doctores.

Recordemos que la Universidad de Jiao Tong de Shangai, desde hace varios años viene clasificando las universidades del mundo; entre otras cosas dice lo siguiente: de las 50 mejores universidades del mundo hay 43 de los Estados Unidos, todas esas dentro de las 500 mejores, y entre éstas no hay una sola de Colombia.

Como resultado de este y otros estudios, hace varios años que la cúpula comunista resolvió enviar cerca de cincuenta mil alumnos cada año a las universidades “imperialistas” del Occidente, y esto ha sido la base de su enorme desarrollo. Chile recientemente resolvió imitar a la China y está iniciando un plan de enviar cerca de seis mil alumnos cada año con el mismo propósito.

Aquí tuvimos una experiencia muy similar. En el período 1950-1970 enviamos a los Estados Unidos cerca de cien jóvenes a hacer estudios avanzados en ciencias básicas y clínicas y logramos incorporar nuestra medicina en el inmenso movimiento científico mundial; ello fue posible gracias a la colaboración generosa y sin compromiso de las diversas fundaciones norteamericanas. Pero siguieron luego “las tres décadas perdidas” de nuestra universidad, gracias al predominio de los “anti-imperialistas” que muestran su poderío con los violentos paros, como los recientes de la Universidad Nacional, ante las tímidas medidas de controlar “los maquetas” o “repetidores crónicos”.

No nos engañemos con nuestra “feria” de títulos. El país requiere de una élite intelectual en todos los campos, y ello sólo es posible con intensos esfuerzos de al menos veinte años, antes de los títulos profesionales, para continuar con los “estudios superiores” de post grado y doctorados.

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