El Observatorio de la Universidad Colombiana




Cartones universitarios que se desvalorizan: Rafael Orduz – Oct/20

Análisis en el diario el Espectador

El mundo de la educación y del trabajo venían cambiando a pasos de gigante antes de la pandemia.  Gracias a ella, las transformaciones de los modelos de negocios empresariales y las formas de aprender serán aún más rápidas e irreversibles.

El mundo en la pospandemia será, pese a la inercia de aferrarse al pasado de parte de muchas compañías e instituciones educativas de todo nivel, completamente diferente.

Es cierto que la globalización, en lo que tiene que ver con el tránsito de personas y de bienes, ha reducido su ritmo. Antes de la pandemia, la línea nacionalista de no pocos líderes y guerras comerciales como la que está en curso entre los Estados Unidos y China venían golpeando los flujos comerciales; el COVID los frenó aún más.

Sin embargo, en el campo de los servicios (por supuesto excluyendo algunos como el turismo), la globalización está acelerando su marcha.

El mundo laboral exhibe, desde hace varios años, formas de enganche que priorizan las destrezas y competencias sobre los cartones que acreditan títulos de instituciones de educación superior. Esa tendencia se está profundizando.

Thomas Friedman, el autor de El mundo es plano y Gracias por llegar tarde, habla de una nueva época que caracteriza como “de los grados a las destrezas” (“Después de la pandemia nos espera una revolución en la educación y el trabajo”, NYT, 20/10/20).

La velocidad del cambio, aumentada con la pandemia, hace que nuestros conocimientos y destrezas se vuelvan obsoletos de manera rápida. La rotación en las ocupaciones es cada vez mayor y, por ende, la necesidad de la actualización permanente, durante toda una vida, es imperativa. No solo se cambia de trabajo sino de profesiones. De ahí que el antiguo concepto de “especialización” también se está volviendo obsoleto. Un especialista en mercadeo con conocimientos de antropología y un médico experto en análisis de datos son ejemplos de hacia dónde vamos.

Es claro que un prerrequisito de tales cambios consiste en el acceso a internet y la disponibilidad de equipos. La palabra mágica: ubicuidad, esto es, conectarse dónde, cuándo y cómo se desee. La pandemia ha hecho más conscientes a muchas empresas de la posibilidad que tienen de deshacerse de onerosos y recurrentes gastos fijos, asociados a sus edificios e infraestructura, enganchando gente por la vía virtual en un espectro amplio de servicios.

Si lo que se aproxima de forma vertiginosa es un mercado laboral, local y global, que demanda destrezas que hay que estar actualizando de manera permanente, pareciera que la forma de razonar de la mayoría de las instituciones educativas colombianas, incluyendo colegios y universidades, no estuvieran aprendiendo la lección. Como dice Friedman, desde el punto de vista del individuo, el mandato será aprender – trabajar – aprender…, y no la obtención títulos que nada garantizan en términos de calidad de empleo.

Creer que la pandemia es un evento que, simplemente, pasará y que lo que viene después será el escenario para regresar al mundo de antes, es un error profundo. Los modelos educativos, en un mundo en que lo aprendido ayer es obsoleto hoy, en el que predomina la cultura de los títulos obtenibles en escenarios presenciales a costos altísimos, estarán pronto por fuera de la realidad.

Clarísimo: si nuestros líderes pensaran en la niñez y la juventud tendrían entre sus prioridades la de garantizarles el acceso a internet y a los dispositivos.

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