Enero/26 En El Tiempo, el exrector de la UNAL critica las decisiones de política pública educativa del gobierno Petro. Dice que es triste que estos gobernantes hayan aprendido a restar y dividir, pero no a sumar y multiplicar.
El Gobierno terminó una colaboración de más de 20 años, extraordinariamente fructífera, con Colfuturo. No se trata de un hecho aislado. Ya se había reducido el presupuesto de Icetex de forma radical, tanto que financiará muy pocos estudiantes más; se terminó la asociación con Fulbright, y el presupuesto de Minciencias se disminuyó a niveles grotescos.
Las explicaciones son variadas, pero hay una que quiero resaltar aquí, y es la tenacidad con la que se nos trata de convencer de que en los últimos doscientos años en Colombia solo han pasado cosas malas. Así pueden decir a cada rato, sin avergonzarse, “…nunca antes en la historia…”. Cuando se quiere convencer de las maravillas del cambio es conveniente esconder logros anteriores.
Para empezar con algunas de las cosas que se han dicho sobre Colfuturo los remito a un análisis publicado el 2021 por economistas profesores de la Universidad de los Andes (que seguramente serán también calificados de enemigos del pueblo).
El libro muestra el impacto positivo del programa de cooperación Gobierno-Colfuturo en la vida de los favorecidos, en el desarrollo del país, en la construcción de múltiples disciplinas de la ciencia y, sí, también en equidad. Muestra que no se trata de una tercerización, pues los recursos del Gobierno fueron la tercera parte de los costos y no se usaron para financiar administración. La cantidad de testimonios que han surgido (por ejemplo, el del excanciller y exembajador en USA de este gobierno) muestran que está lejos de ser un programa elitista.
La campaña para borrar memoria está diciendo también que las convocatorias de Minciencias son novedosas. Si tuvieran interés (que evidentemente no tienen) en aprender de los éxitos y problemas del pasado, les diría que oigan a quienes los vivieron. Hay muchos exdirectores y exdirectoras de Colciencias y también algunos de quienes impulsamos los doctorados nacionales a partir de los 80 que aún estamos vivos. De la página web de Minciencias solo sacarán la impresión de que el mundo comenzó cuando nombraron a esta ministra.
A partir de la conformación del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología en 1990, Colciencias adquirió tres préstamos con el BID y uno con el Banco Mundial. Con estos recursos se abordó integralmente la consolidación de la ciencia. De una quinta a cuarta parte se dedicó a becas competitivas, nacionales e internacionales, y de ellas hay enseñanzas, buenas y malas.
Nos dice la ministra que hay iniciativas que reemplazan lo destruido. Estas se basan en recursos de regalías que son inciertos, sobre todo en un gobierno que quiere acabar con las industrias que las producen. La convocatoria 2023-2024 se pospuso varias veces, y deduzco de la información confusa que no se ejecutó. La convocatoria 2025-2026 está en trámite, a estas alturas; las oportunidades de los jóvenes se van perdiendo, y para siempre.
Esa convocatoria no es para las personas, sino para consorcios de universidades que las adjudicarán a sus propios estudiantes; son escasas y no son abiertas. Está muy bien apoyar los programas nacionales, pero eso no cubre todas las necesidades de jóvenes estudiosos y exitosos, que quieren desarrollarse en los grandes centros de pensamiento.
Para lograr un verdadero éxito en el fomento de doctorados y la construcción de conocimiento, se deben emprender múltiples estrategias: apoyo a las universidades, becas abiertas nacionales e internacionales, préstamos subsidiados, cooperación internacional, búsqueda activa de oportunidades individuales y más. Así se construirá un sólido sistema de ciencia.
Parece que hay muy poco interés en hacerlo. Qué tristeza que estos gobernantes hayan aprendido a restar y dividir, pero no a sumar y multiplicar.
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