Enero/26 Para Posada, consultor en comunicaciones y políticas públicas (*), en El Tiempo el error que ha cometido el presidente Petro, desde su enorme sesgo contra las alianzas entre los sectores público y privado, tendrá un efecto lamentable.
La decisión del gobierno Petro de desfinanciar el programa de Crédito Beca de la Fundación Colfuturo es una pésima noticia para la educación, la investigación y el servicio público en Colombia. El Presidente ha anunciado que el Gobierno gestionará directamente esos recursos, lo que deja enormes preguntas y dudas sobre la hoja de ruta para una política tan importante, sobre la cual hasta ahora no existe claridad alguna. De fondo, toma forma una grave preocupación por los motivos de sesgo ideológico del Gobierno que llevaron al anuncio de una ruptura que afectará los proyectos de vida de miles de estudiantes.
Generaciones enteras de jóvenes colombianos de todos los orígenes han podido estudiar en las mejores universidades del mundo y regresar a poner en práctica lo aprendido, con un sistema que durante décadas ha premiado el talento y fortalecido la capacidad investigativa en el país. Según estadísticas de Colfuturo y el Gobierno, el 53 % de los beneficiarios del programa Crédito Beca pertenecen a estratos 3 y 4, pero el presidente Petro insiste en su narrativa divisiva de que solo se han destinado a “los ricos”. Colfuturo ha ejercido un rol fundamental en la movilidad social, la entrega de oportunidades por cuenta del mérito académico y la formación de servidores públicos. También ha sido esencial en la tarea de posicionar a los investigadores y profesionales colombianos en los espacios académicos más destacados del mundo.
Por cuenta de una arbitraria decisión, el Gobierno que prometía cerrar brechas educativas ha conducido a aumentar la desigualdad educativa: los más ricos podrán seguir pagando sus estudios en el exterior y aumentará la brecha para acceder a la formación de calidad, algo que Colfuturo logró reducir de manera determinante. Mientras tanto, la población que más ha beneficiado este programa, que es la clase media colombiana que se encuentra entre los estratos 3 y 4, enfrentará una enorme barrera a la hora de especializarse en el exterior.
Es imposible no recordar pronunciamientos del Presidente sobre la “clase media arribista” y la teoría que ha expresado de cómo la clase media vuelve a los electores de derecha. El error que ha cometido la administración Petro, desde su enorme sesgo contra las alianzas entre sectores público y privado, tendrá un efecto lamentable que impactará miles de vidas. El Presidente ha anunciado un nuevo programa que, desde el Estado, supuestamente ofrecerá ese mismo servicio, sin la intervención de una fundación sin ánimo de lucro que durante años se especializó en ello, sin que exista lineamiento alguno en los ministerios de educación o de ciencia para esta tarea, más allá de los discursos del Gobierno en las últimas horas.
El grado de improvisación es devastador y hoy cerca de 1.200 profesionales colombianos de todo el territorio nacional, aceptados para especializarse en las mejores universidades del mundo, no tienen ninguna certeza sobre su futuro académico, ni cronogramas ni respuestas por parte del Estado. Sin noción alguna de la urgencia del caso, la administración anuncia planes desde los cálculos alegres, como si olvidara que solamente le quedan seis meses en el poder.
Este caso recuerda algunas otras desacertadas decisiones del Gobierno Nacional que han desmontado lo que funciona y que reescriben un viejo proverbio de la política: ahora se trata de “destruir sobre lo construido”. Con Colfuturo, la con la que Petro justifica su decisión es la misma con la que ha avanzado hacia la demolición del sistema de salud, desde la premisa de la estatización para “quitarle el negocio a los ricos” y devolver la “dignidad” a la ciudadanía. Al final, no ocurre una cosa ni la otra: se desmonta lo que funciona para crear un estado más burocrático, demorado y aparatoso, y al final aumentan las brechas y la ineficiencia. La salud de calidad y los posgrados en el exterior se suman a los privilegios que únicamente los más ricos podrán pagar.
De fondo, el país debe entender que la respuesta estatista está lejos de resolver los problemas que el presidente Petro señala en su discurso. Por cada alianza entre los sectores público y privado que el Gobierno destruye con la promesa de acabar con “negocios” y “privilegios”, surge un nuevo amigo del presidente como burócrata poderoso y con una chequera ilimitada pagada por los contribuyentes. Es de inmensa ingenuidad creer que delegar sin control más poder y presupuesto a la burocracia mejorará y facilitará la vida de millones de personas.
(*) Fernando Posada es y Politólogo y MSc en Política Latinoamericana de University College London.
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