Columnista insiste en corrupción en la U. del Chocó

José E. Mosquera Berrío, continúa denunciando en el Diario El Mundo, de Medellín, la situación caótica de la Universidad del Chocó. Es el segundo escrito sobre el tema. El primero se llamó “Academia y sexo”. Este segundo se llama “La universidad del trueque”.

Dice un adagio que “el papel aguanta de todo” y eso es lo que al parecer está ocurriendo en la administración del rector de la Universidad del Chocó, Eduardo García Vega, un funcionario que fue relegido por cuarta vez, en medio de un torbellino de críticas por la corrupción académica, la falta de acreditación de más de la mitad de los programas académicos y los pésimos resultados que obtuvieron los estudiantes de esta Universidad en las pruebas del saber de la Educación Superior, los cuales la situaron entre las peores instituciones universitarias del país.

Los resultados más bajos en licenciatura de educación fueron los obtenidos por los estudiantes de esta Universidad, una institución que no tiene ni un solo programa académico acreditado en alta calidad y más de 14 carecen de acreditación. Ahora, aparte de la falta de acreditaciones, están los oscuros episodios en la compra de los terrenos del estadio, un escenario que va camino ha convertirse en un elefante blanco con grama sintética en medio de la selva y los perversos contubernios que se dieron en los estudios ambientales de la vía Ánimas-Nuqui.

Otros de los asuntos polémicos de la gestión de García es que si un lector, oyente o televidente desinformado lee, escucha y observa los publirreportajes que se difunden sobre la excelencia académica en dicho claustro universitario, lo más seguro es que se trague el cuento de que es uno de los mejores centros universitarios en investigaciones e innovaciones académicas en Colombia.

La propaganda oficial sobre la excelencia académica en esta universidad se ha estructurado con tanta falacia que sus directivas no se han dado cuenta de la profunda brecha que hay entre las grandilocuentes retóricas de los planes de acreditación, de desarrollo de la docencia, de renovaciones curriculares, de fortalecimientos de los sistemas de investigaciones en ciencia y tecnologías y la realidad.

Una universidad que se ha transformado en un desvaradero de politiqueros, en donde no hay innovación académica, ni producción intelectual de calidad y lo más grave, se han proscritos los debates y las reflexiones sobre la calidad de la educación y el quehacer universitario. Por ende, las deficiencias académicas campean debido a que se carece de un plan académico realista y que conduzca hacia un revolcón en esta materia. Pero lo que sí se ha configurado es una aceitada maquinaria de lisonjeros que divulgan “avances académicos” con una pasmosa ficción que donde hay oscuridad observan claridad.

Hace siete años se hizo una reforma administrativa para adecuar la planta de docentes al crecimiento de la universidad chocoana, en consecuencia se debió realizar un concurso de mérito, el cual ha quedado en veremos y más de la mitad de los docentes son contratados por horas cátedra.

Como no les pagan oportunamente eso ha desencadenado en uno de los peores eslabones de la corruptela académica. Porque gran parte de ellos, asfixiados por la falta de pago, negocian con los estudiantes los pagos de los valores de sus matrículas a cambio de matrículas financiadas a cargo de aquellos docentes. De manera que, estos denigrantes trueques, orquestados desde las mismas directivas universitarias, le han dado patente a los tráficos de notas por dinero, mercados, arriendos y sexo.

Rechazo los temerarios señalamientos de un pasquín donde se insinúa ciertas relaciones de los que criticamos lo que sucede en la Universidad del Chocó con los autores de un supuesto atentado contra el rector García, y por eso solicité a la Fiscalía que investigue los hechos y a los chocoanos que se abra un debate serio sobre lo que está pasado con el Alma Mater departamental.