¿Cómo hacer una tesis sin fracasar en el intento?: Ignacio Mantilla – Marzo/19


Por Ignacio Mantilla Prada, en El Espectador

Cuando se decide adelantar estudios de doctorado, obviamente se tiene la esperanza de concluirlos exitosamente; pero a diferencia de los grados previos que el aspirante pueda haber obtenido, el doctorado conduce al estudiante por una senda desconocida en la que casi siempre la experiencia acumulada es insuficiente. El doctorado está lleno de obstáculos inimaginables que hay que superar, frecuentemente sin ayuda alguna. Su principal barrera es la tesis y ésta hay que realizarla con poca o ninguna ayuda, a veces ni siquiera con el auxilio del director, quien más bien se encarga de elevar su grado de dificultad.

En 1977 el escritor italiano y profesor de la Universidad de Bolonia, Umberto Eco (fallecido hace exactamente tres años), publicó un libro titulado “Come si fa una tesis di laurea le materia umanistische”. Se trata de una obra muy particular traducida a muchos idiomas, entre ellos al español bajo el título de “Cómo se hace una tesis. Técnicas y procedimientos de estudio, investigación y escritura”, que ha agotado ya muchas ediciones. Este libro, aun cuando se escribió en una época anterior a la aparición de la internet, sigue vigente en el fondo de su contenido y puede ser considerado también como una guía práctica para escribir una tesis a prueba de Wikipedia, tal como se presenta en un reciente artículo del diario El País de España, con motivo de la aparición de tantos falsos doctores y tantos plagios de tesis en los últimos tiempos. 

La lectura del libro de Eco no solo es aconsejable o recomendable para estudiantes de doctorado de las áreas de humanidades, es una lectura obligada para todos los estudiantes de todas las áreas, antes de iniciar formalmente sus estudios de doctorado. La obra contiene consejos e indicaciones muy importantes para la localización de los problemas de investigación y la manera de afrontarlos con método y de exponerlos siguiendo ciertas técnicas de comunicación, pero estableciendo los límites necesarios en una tesis. Eco ilustra abundante y brillantemente los principales problemas que afronta la mayoría de los estudiantes de doctorado, causados por una mala elección del tema, por un mal cálculo del tiempo que llevará la tesis (casi siempre subestimado), por la elección de las fuentes, por la forma de citar, por la extensión de lo que se escribe, por no dominar suficientemente una segunda lengua y, algo muy importante, por no soportar al director.

Una pregunta esencial que debe hacerse el estudiante de doctorado, como lo recomienda Eco es: ¿A quién se habla cuando se escribe una tesis? ¿Al director? ¿A todos los estudiantes o estudiosos que luego tendrán ocasión de consultarla? ¿Al vasto público de los no especialistas? ¿Hay que plantearla como un libro que irá a parar a manos de miles de personas o como una comunicación erudita a una academia científica?

Pero hay recomendaciones que no están señaladas allí y que quiero añadir brevemente; me refiero a algunos aspectos no menos importantes cuando se inician los estudios de doctorado como son la edad, la actitud, la financiación o su utilidad. 

No creo que la edad sea un impedimento para concluir con éxito un doctorado, pero sí en cambio la actitud, que puede estar estrechamente relacionada con la edad. Quien empieza su doctorado después de los cuarenta creyendo que aún es el jefe porque desempeñó un cargo por mucho tiempo o que su palabra es la última o que es dueño de la verdad, dada una experiencia considerable, pronto entrará en la depresión que le producirá reconocer que su ego posiblemente estaba alimentado por la ignorancia o el poder que ejercía sobre algunas personas que se encargaban de alimentárselo o que se sentían obligadas a hacerlo. Como estudiante de doctorado en cambio, solo los argumentos ante personas con mayor autoridad y sabiduría pueden usarse como herramientas para convencer. Hay que retomar entonces, ante todo, la actitud de verdadero estudiante, pedir orientación, tener madurez y capacidad para aceptar continuas correcciones y tener muy claro que no se puede hacer una tesis en un mes con vistas a obtener una nota cualquiera para salir de la universidad a exhibir un título.

También está el caso contrario, del doctorando que es todo un genio y que con solo 22 años lo ha comprendido todo; no obstante, como bien lo señala Eco sin ironía, cuando aparece un estudiante así, su director demorará en reconocerlo y la humanidad tardará mucho en aceptarlo y su obra será leída y digerida durante cierto número de años antes de que se pueda captar su grandeza, así que es mejor no hacer alarde de esas grandes dotes con anterioridad al grado.

Más pronto que tarde el estudiante de doctorado será diagnosticado con la neurosis de la tesis; la abandona, la toma, la vuelve a dejar, la retoma, la utiliza como excusa para todas sus frustraciones y posiblemente en una de esas crisis decida abandonarla para siempre y no doctorarse nunca. 

Las presentaciones de los avances, aunque se quieran hacer para el gusto de todo el mundo, deben convencer al director y posteriormente al jurado. Al director y al tribunal no se les puede controvertir como si estuviéramos en Twitter y casi siempre ellos tienen la razón, aunque siempre el estudiante esté convencido de tenerla plenamente. También es común y hasta normal que le hagan trizas sus reportes, exposiciones, informes o avances y que la frustración de sentir que se sabe cada día más, pero que también se entiende cada vez menos, acabe con la ilusión de ser doctor.  

A la tesis hay que dedicarle todo el tiempo, en forma exclusiva, y antes de tener la versión final se habrán escrito muchas otras que ya se creían definitivas y listas y que habían sido guardadas celosamente bajo el nombre de última, final, definitiva, décima quinta, etc. 

El tiempo que se le dedica a la tesis es el más provechoso y al mismo tiempo, a medida que aumenta y no se tienen los resultados esperados, es el que mayor presión puede ejercer sobre el estudiante. Ese tiempo es incalculable, no respeta horario diurno o nocturno y es difícil de estimar o predecir con algún grado de precisión.

Aprovecho para compartir una anécdota: cuando era estudiante de doctorado en la Universidad de Mainz (Alemania), compartíamos en la facultad una oficina con otras y otros doctorandos de distintas áreas de matemáticas. El compañero alemán que usaba el escritorio frente al mío se propuso, desde el inicio, calcular el tiempo que iba a dedicar a la realización de su tesis, así que llevaba un cuaderno a todas partes en el que anotaba con minutos y segundos la hora de inicio y de suspensión de la actividad que realizaba para la tesis, con tal rigurosidad que cuando uno entraba a la oficina y lo saludaba, antes de contestar el saludo, miraba su reloj, anotaba la hora exacta, levantaba la cabeza para saludar y retomaba el trabajo después de mirar y anotar nuevamente la hora. Lo mismo hacía en cada pausa que hacía durante el día. Al final de la tarde totalizaba la dedicación de ese día y se despedía, mientras guardaba su cuaderno en la maleta para seguir su minuciosa contabilidad en casa. Desafortunadamente, como terminé mis estudios antes que él, nunca supe cuál fue el total de horas utilizadas en la realización de su tesis, un dato que siempre he querido conocer.

Por el tiempo que demanda la tesis y la atención que requiere, un estudiante de doctorado debe tener garantizada su plena financiación, aunque este soporte se encarga también de ejercer una horrible presión adicional. Un colega afirmaba: “para hacer un doctorado hay que estar becado, pero para sustentar la tesis hay que estar hambreado”. Esta “máxima” resume muy bien la situación, pues también con el tiempo, después de 4 o 5 años se pierde la vergüenza, y la comodidad de ser estudiante becado se transforma en una posición ideal (¿quién no sueña con ser estudiante de profesión?) y sólo el anuncio del fin de la beca sacude a algunos para poner fin a su tesis. Por supuesto no faltan los directores que buscan una abundante producción conjunta de artículos y retienen al estudiante más tiempo del necesario.

El cierre de la tesis y su sustentación suele ser un período traumático de máximo estrés. La presentación del documento debe ser impecable, las referencias exactas y como lo aconseja Eco, citar como si se estuvieran aportando testigos en un juicio. La preparación de la defensa y el estudio sicológico que el doctorando realiza de todos los miembros del jurado son parte de una tarea indispensable para poder convencerles a todos en una exposición en la que hay que lucirse. Sobre cómo presentar los resultados hay todo tipo de teorías, tantas como formas de criar un hijo, no obstante debe sobresalir la claridad y la sencillez ajustadas al tiempo disponible para exponer, demostrando que se domina el tema. Hay una frase que se dice que es de Einstein y que en una defensa de tesis tiene absoluta validez, por cuanto cualquier tribunal la conoce muy bien: “no entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela”.

Las vacaciones siguientes al fin de la tesis son una enorme recompensa que se va a ver afectada por el estímulo, dedicación y gusto por publicar los resultados que se derivaron de la investigación que condujo a la tesis, lo que se traduce en frenesí por el trabajo en medio de las soñadas vacaciones. Y así se llega al paraíso. 

Por todo lo anterior es aún más reprochable que haya personas que se hagan pasar por doctores sin serlo.