Con profundo pesar académico: Hernando Bernal Alarcón

Con profundo pesar académico: Hernando Bernal Alarcón

Junio/24 Bernal, ex Director del Icfes, ex Asesor de Ascún y ex Rector Universitario, se lamenta de la forma como el gobierno nacional “se tomó” la Universidad Nacional de Colombia.

Cuando tuve conocimiento que el Papa Francisco señaló que nuestra época no se debe nombrar como una situación pasajera de cambio, sino como el cambio profundo de la época que vivimos y de la cual formamos parte, me sentí admirado por la profundidad del pensamiento del Pontífice, pero no conocía entonces lo que iba a significar en realidad, en tiempo presente, para todos los que la estamos padeciendo, ni cómo me iba a afectar a mí personalmente.

Hoy sinceramente lo he sentido en lo más profundo cuando en un asunto relativamente contingente a nivel mundial, pero de enorme significado para el país, me enteré que el Rector Peña legalmente elegido por el Consejo Superior de la Universidad Nacional fue destituido mediante un acto írrito e ilegítimo, para dar paso al nombramiento espurio de Leopoldo Múnera, elegido por el Presidente Petro, mediante triquiñuelas jurídicas, para ejercer dicho cargo académico.

Posiblemente para el público común y corriente esto sea solo una noticia más de las cientos que diariamente ocurren en el país. Pero creo que para los que entendemos lo que la Universidad Nacional significa para el bien del país, este hecho debe entenderse como un cambio radical, profundo, alevoso y totalmente reprobable, cometido a ciencia y conciencia, con ánimo nefasto y destructor, por parte de las autoridades vigentes que rigen actualmente al país y afectan nuestra cotidiana realidad, en su progresivo e irrefrenable proceso para acabar con las instituciones que le han costado más de dos siglos construir a nuestra nación.

Ellos, los que se ufanan de ser seguidores del Mesías de turno, deben estar inmensamente satisfechos. El personaje que fue nombrado además como rector, señala en su euforia de vencedor, que la nueva función de la Universidad Nacional es pavimentar el camino para la constituyente artificial que está diseñando y promoviendo el denominado Presidente para perpetuarse en el  poder y alargarlo hacia el futuro. Y que esta será su tarea fundamental que como pretendido rector y como jurista reconocido se compromete a cumplir.  La Universidad, bajo su mandato, deja por lo tanto de ser Universidad en el sentido profundo y tradicional de su proceder, para convertirse simplemente en un instrumento del poder establecido, y deja de ser la conciencia crítica de la sociedad, que paradójicamente mientras era Universidad, les permitió llegar al poder a los actuales sátrapas que pretenden actuar como dirigentes de una nación que trataba de ser civilizada.

Yo solo me pregunto si hacia el futuro inmediato la Universidad Nacional de Colombia seguirá manteniendo un puesto privilegiado entre los rankings mundiales y si las instituciones serias que existen en el mundo la seguirán considerando como “un par académico”. Me pregunto además cómo va a cumplir el llamado nuevo Rector las funciones múltiples, variadas y muy significativas que tiene en la dirección y asesoramiento de las diferentes instituciones y agencias de las cuales forma parte, tanto a nivel oficial como privado, y a nivel nacional e internacional, cuando dichas instituciones, si obran con seriedad y son conscientes de sus responsabilidades, lo convoquen a participar en sus juntas y grupos directivos.

Me pregunto también si al romperse y fracturarse en su dimensión más estratégica los estatutos profesorales y académicos, se podrá mantener la calidad, la eficiencia y la productividad del Centro Académico de mayor prestigio y reconocimiento en el país. Me duele profundamente pensar en el valor disminuido que para las futuras generaciones de estudiantes van a tener los grados concedidos por dicha Institución, que en el momento actual goza de reconocimiento global. Son solo preguntas y preocupaciones, que posiblemente no se han formulado quienes tomaron irresponsablemente la decisión de fracturar con esguinces jurídicos, la autonomía del Alma Mater del país.

Creo que en este sentimiento, quizás un tanto radical por mi situación etaria, me acompañan muchos colegas, y un gran número de académicos que sí saben lo que significa hacer y construir pensamiento universitario, e implementar las actividades autónomas de formación, capacitación y desarrollo integral que son la esencia del “ethos universitario”.

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