Junio/24 Lopera, director de www.universidad.edu.co, cuestiona la poca eficacia del actual gobierno y de su Ministerio de Educación para atender a las reales expectativas de la educación superior.
En Colombia no tenemos un sistema de educación superior. Hay cientos de actores que solo trabajan para defender sus intereses (comerciales o de protagonismo sectorial). Y precisamente esa falta de articulación vuelve frágiles a los rectores y a la propia comunidad académica, víctimas de gobiernos de turno que terminan haciendo lo que les da la gana con las IES, con las mal llamadas políticas públicas y con los proyectos de ley.
Como no hay un verdadero gremio (ninguna asociación representa a la totalidad de IES y, mucho menos, a todo el sector), los rectores viven muertos de miedo y no se atreven a hablar y a cuestionar polémicas actuaciones como las de este “Gobierno del Cambio”.
Siempre las comunidades académicas (especialmente de profesores y estudiantes) habían cuestionado la intervención (autoritarismo le llamaron) de los ministro(a)s de Educación de turno (hasta 2022, todos de centro derecha o de derecha), pero es, paradójicamente, el primer gobierno de izquierda en el país el que se toma a la brava la principal universidad pública y viola flagrantemente la autonomía universitaria de una forma desvergonzada, abusiva, ilegal y nada académica, aumentando el temor del sector de que se esté cocinando un intento de acallar la universidad y de usarla como medio para los fines políticos del gobierno Petro.
Las cosas por su nombre. 22 meses de gobierno son tiempo más que suficiente para confirmar que pese a los anuncios de nuevas universidades, un posible acuerdo por la educación superior, más recursos para el sector y la ley estatutaria, este Ministerio está perdido en educación superior. Con resultados mínimos, ni el promeserismo, ni la buena intención, ni el llamado a la concertación y ni la imposición construyen, por sí solas, sistema ni consolidan políticas. La sola presentación de un proyecto de ley no es garantía de calidad y efectividad.
Porque las asociaciones (por falta de carácter y de consistencia en su discurso), los rectores (por el miedo y por sus egos), los congresistas (por desconocimiento e intereses) y los medios de comunicación (por falta de contexto) no se atreven a decir:
Que los responsables de las políticas en educación superior, desde el Ministerio de Educación (concretamente la ministra Vergara y el viceministro Alvarez), han demostrado inexperiencia, desconocimiento de la ley, falta de criterio y de señorío y sentido sectorial, así como una obsesión cegadora y un preocupante activismo a favor de una ideología, de un movimiento político y de unas pocas regiones del país.
Que con o sin ley estatutaria de educación, el país no va a avanzar como se promete. El sistema seguirá desarticulado, sin norte y con la eterna pelea por recursos y estudiantes. Casi un año de debates y cero análisis de fondo sobre cómo debe ser el sistema. Si lo que busca el gobierno es masificar universalmente el acceso, esto puede lograrlo, incluso, sin esa ley. Es una cuestión de voluntad, pero es imposible hallar esperanza cuando el sector con más recursos de todo el presupuesto general de la Nación no ha sido capaz de elevar significativamente la cobertura en todo este tiempo.
Que la educación terciaria o posmedia de la que se comenzó a hablar con el proyecto de ley estatutaria no corresponde al producto de un análisis maduro de la evolución del sector, sino al lobby de algunos directivos de instituciones educativa interesados en defender su negocio, como una alternativa por la desaceleración en la matrícula. Si se aprueba la ley estatutaria con o sin educación posmedia y/o superior, los problemas no se van a solucionar.
Que si el Sistema Universitario Estatal SUE pecaba por tener un bajo perfil, ahora se enterró, solito, con su cómplice -casi criminal- silencio frente a lo sucedido en la Universidad Nacional de Colombia con el cambio de rector. Si no abogaron por lo que pasaba con la principal universidad pública (actora clave dentro del SUE) y, sobre todo, por la forma como se violó la autonomía universitaria, nadie va a hablar a favor de lo que pueda pasar el día de mañana, por ejemplo, en universidades como el Atlántico, Córdoba, UPTC, Nariño… cuando el gobierno quiera imponer el rector de su gusto o no esté de acuerdo con sus “autónomas” decisiones.
Que el Consejo Nacional de Educación Superior CESU también confirmó que en nada le sirve a la educación superior; que, salvo lo que hace esporádicamente en temas de acreditación, es un cero a la izquierda para el Ministerio y para un sector que no se siente representado por los consejeros (que escasamente rinden informe a sus representados), más preocupados por poder gestionar sus propias agendas individuales ante la ministra o el viceministro. Si el CESU desapareciera, difícilmente se notaría su ausencia.
Que después de decenas de anuncios de nuevas IES, a la fecha no se ha inaugurado ni una sola; que las universidades públicas siguen sin recibir los prometidos recursos adicionales; que la reforma del artículo 86 y 87 de la Ley 30 de 1992 sigue siendo un sueño; que la reforma del Icetex fue un engaño electoral, al igual que la prometida educación superior pública universal, gratuita y de calidad; que el gobierno expresa un desprecio por lo privado, y que la estructura operativa y funcional del Ministerio sigue siendo arcaica para responder los volúmenes de solicitudes (de registros, acreditaciones y convalidaciones) y que desconoce las nuevas dinámicas de la educación superior en el orden mundial.
Y que mientras que el Ministerio se hunde en una agenda política y no académica ni técnica, la internacionalización, la inteligencia artificial, la virtualidad, la oferta extranjera, la necesaria revisión de los créditos académicos, la revisión de la contratación docente en la universidad pública y el cuestionable decreto 1279, la real articulación de la educación con el sector productivo, la cualificación global de la universidad colombiana y la revisión estructural del sistema y sus actores siguen siendo, entre otros muchos, temas esenciales que no parecen importar.
Y, ¡oh paradoja! es tan preocupante el panorama del actual gobierno, que su ministra de Educación es de las integrantes más destacadas en el gabinete Petro.
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