Contra la ‘tesitis’: Santiago Acevedo Monsalve – enero/22

Monsalve, sociólogo de la Universidad de Antioquia, y analista y columnista en distintos medios, hace una interpretación sobre el alcance e importancia que se le ha dado a la tesis como un “producto” universitario y su relación con la investigación y la vocación académica.

A propósito del caso de Jennifer Arias (presidenta de la Cámara de Representantes) se ha discutido mucho en términos éticos (de máxima relevancia), mientras no lo suficiente en lo referente al tema particular de las tesis. Para empezar, ‘tesis’ es el nombre silvestre de un trabajo presentado como requisito para optar a cualquier grado académico, pero en rigor el término debe reservarse a los estudios doctorales. Diré tesis indistintamente por economía, no porque sufra de la ‘tesitis’ que llama tesis a cualquier trabajo de grado —en España lo tienen resuelto con las denominaciones TFG y TFM—.

El problema parte de nuestra cultura intelectual, nuestra relación con el conocimiento y la del mismo con el poder, como su símbolo. Un país necesita una proporción relativamente pequeña de profesionales formados por la academia en el modelo derivado de las corrientes universitarias clásicas (humboldtiana, napoleónica y anglosajona), que tienen en común un tipo de educación con una función especializada y la formación de un grupo o clase intelectual. Lo inverso con la formación técnica y tecnológica: es lo que debe ser general y sería mucho más útil que el servicio militar para el desarrollo nacional.

Pero, se considera ese tipo de educación práctica como educación para pobres, aunque una institución como el SENA la ofrezca en óptimas condiciones, con excelentes recursos. Hay que ser profesional para ser alguien importante, para ser un ‘doctor’ luego del pregrado, la idea del valor social y el prestigio de una carrera profesional, que está muy bien para quien busca una relación intelectual más profunda con un área del conocimiento. La academia debe ser una pasión o se convierte en un simple trámite con expectativa de ascenso social, aunque sobren los desempleados con titulaciones universitarias.

Si se compara a Colombia con cunas de la filosofía moderna como Francia y Alemania, aquí sobran ‘filósofos’, es decir, población en los grados universitarios de la educación terciaria. Y ya entrados en gastos, los centros universitarios donde se forman ese exceso de profesionales desde unos 10-15 años atrás se obsesionaron por exigencia de las acreditaciones, investigación cómo sea y a toda costa. De ahí que toda carrera deba ser investigativa en su perfil, contenidos y evaluación. Llega la fiebre por las tesis. Antaño no era así, aún quedan maestros investigadores de la vieja escuela que se graduaron sin ese requisito, el oficio investigativo lo encontraron en maestrías y doctorados.

Bueno, desarrollar el oficio de investigar puede ofrecer herramientas intelectuales para el desempeño profesional, pero no son indispensables para la mayoría, menos cuando se busca un nivel de investigador académico precozmente. Como investigar tiene mucho de parecido con el amor, el enamoramiento al elegir un tema y construirlo por un interés propio especial, no se puede forzar. Hay alternativas para probar suficiencia profesional, aparte de la disertación monográfica con más o menos variaciones. Qué tal que el proceso tutorial de la etapa final se parezca más a una mentoría profesional y el producto sea una evaluación de la evolución en el desempeño laboral, o que sea proyectar como sostenible a un negocio en un año.

Estudiar una carrera instrumentalmente y luego asumir sus exigencias como mero requisito es la receta perfecta para el fracaso intelectual y moral, sin compromiso. Hay que, por un lado, dejar de ver los títulos como un fetiche, y, por el otro, flexibilizar los caminos del desarrollo del conocimiento y su relación con el medio social más allá de los repositorios (los nuevos anaqueles), profundizando en las alternativas al ejercicio monográfico como requisito de grado en niveles inferiores al doctorado. También hay que dejar de ver la universidad como ‘cultura’, su único acceso, como si toda la educación básica no fuera la mejor oportunidad de apropiación de valores culturales universales y propios. No más cursar estudios por un diploma y tesis porque toca, sí más pasión y compromiso, para menos fraudes.

santiago.acevedo5@udea.edu.co

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